Lima, 09 de enero de 2009

 
   
 

Declaraciones del Presidente del Perú, Dr. Alan García Pérez, en ceremonia de Condecoración al Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne

Palacio Torre Tagle

Eminencia, este es un acto de profundo significado y simbolismo, porque estamos poniendo las cosas en su sitio. Porque hay que decir –tan directamente como le gusta a usted hablar– lo que debe ser dicho.

Venimos a celebrar cristianos y católicos y los que no lo sean, su vocación, su larga entrega y compromiso, su disciplina dentro de la Iglesia; y, al mismo tiempo, la valiosa ayuda que ha dado usted a muchísimos peruanos a través de largos años y con su trabajo.

Celebramos a un Pastor hermano que es directo y severo, que comprende el mensaje universal de salvación de Cristo, que es un mensaje para todos sin exclusión.

Directo, porque escoge ese camino sincero de hablar echándose a veces en la espalda, el peso de las divergencias, pero cuando debe hablar, dice las cosas y eso es algo que entendiendo la historia, valoro profundamente.

Severo porque sabe enfrentar circunstancias y sabe decir sus verdades, aunque el viento y la marea se orienten en otras direcciones.

Salvífico, en el sentido universal como es el mensaje de Cristo, porque sabe reconocer en todos -y no solo en algunos- el derecho a la salvación y a la verdad.

Todo esto lo ponemos sintéticamente sobre su pecho con esta condecoración; pero, además, ponemos las cosas en su sitio, porque para nadie en el Perú es un secreto que la dignidad y majestad de un Príncipe de la Iglesia quiso ser mancillada en algún momento.

Ahora, que estamos poniendo en su sitio muchas otras cosas, nosotros tenemos la necesidad de reivindicar, de compensar, -aunque no lo requiera, ni necesite- al Pastor Primado de la Iglesia en el Perú, al cual se quiso enlodar y mancillar en algún momento.

Y esta distinción que hace diez años debió ser impuesta ante usted y a usted; o, que hace ocho años con ocasión de su cardenalato debió ser nuevamente propuesta, recién hoy día podemos cumplirla.

Circunstancias distintas de desorden y confusión lo impidieron, hoy queremos dignificar y reivindicar lo que valoramos en usted; y, al mismo tiempo, mostrar la identidad, respeto, reconocimiento al mensaje de Cristo en el papel de la Iglesia a lo largo de los siglos en la formación del Perú.

Y el reconocimiento que hacemos es que sin cristianismo, no hay democracia auténtica, y sin la palabra de Cristo, no hay trascendencia, todo esto está dicho aquí brevemente y en nombre del Estado peruano podemos decirle Señor Cardenal que estamos satisfechos de poner las cosas nuevamente en su sitio y que confiamos que por muy largos años este Pastor y Príncipe de la Iglesia siga siendo el Primado de nuestra Patria.

   
 

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