Lima, 09 de enero de 2009

 
   
 

Palabras del Canciller de la República, Embajador José Antonio García Belaunde en condecoración al Cardenal Juan Luis Cipriani con la Orden “El Sol del Perú”

Palacio Torre Tagle

Excelentísimo Señor Presidente de la República, Don Alan García Pérez.
Señora Pilar Nores.
Eminencia Reverendísima, Cardenal y Primado de la Iglesia Primada.
Excelentísimo Señor Embajador Javier Pérez de Cuellar.
Señores Congresistas.
Señor Viceministro.
Señores Embajadores.

Este es un honor para mí y un privilegio grato el que en mi calidad de Canciller de la Orden y cumpliendo con la decisión del Presidente de la República puedo imponer hoy día la condecoración Orden El Sol del Perú al cardenal Juan Luis Cipriani Thorne.

Y digo que es un privilegio muy grato porque más allá de los inmensos títulos que tiene y merecimientos que tiene para recibir esta distinción, tengo una gratitud especial con Monseñor Cipriani por el generoso y deferente trato que siempre he recibido de él.

Decía yo que tenía una notoria trayectoria pastoral, profesional, que todos le recordamos, además, por su rol de Garante de la Santa Sede en el triste episodio de la toma de la embajada del Japón y la crisis subsiguiente.

El Cardenal Cipriani es una figura singular, y como es su caso, es una figura que su reconocimiento va más allá del espacio de nuestra Patria. Miembro de la Sagradas Congregaciones de Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos; de las Causa de los Santos; de la Pontificia Comisión para América Latina; es Consultor también de la Congregación para el Clero; pero Monseñor Cipriani quien entró –como decían en mi época “al convento” ya de profesional- lo hizo a partir de una profunda vocación del llamado divino como es el caso y ha sido fiel a ese llamado y ha sido un Pastor preocupado permanentemente por que hayan más pastores en esta Iglesia peruana.

Ha sido un Pastor que justamente y en su propósito de engrandecer la Iglesia, señala él mismo como su gran mérito en su paso por Ayacucho, marcado por numerosas obras, pero él señala que lo más importante por su paso por Ayacucho fue reinaugurar el Seminario Mayor de Huamanga después de 38 años de estar clausurado.

El Gobierno del Perú ha querido el día de hoy condecorar al Cardenal Cipriani y no es una fecha arbitraria. El Gobierno del Perú ha decidido que a los diez años de haber sido designado, por el Papa Juan Pablo II, Arzobispo de Lima, el Gobierno entrega esta condecoración que tiene un doble mensaje. En primer lugar, un reconocimiento a esta vasta trayectoria de Pastor, de un hombre dedicado al ejercicio de su vocación y a satisfacer las necesidades de los más débiles.

Pero también, el Gobierno del Perú ha querido destacar el profundo respeto que el Estado peruano mantiene por la Iglesia peruana, a la que considera elemento esencial de la cultura y de la identidad nacional. Hemos querido como Gobierno al distinguir al Cardenal, hacer público nuestro reconocimiento a esta Iglesia peruana y nuestro reconocimiento a la autoridad de Su Santidad.

Hemos querido; pues, hacer profesión de que somos un Estado que respeta a una institución definitiva y concluyente en la construcción de la nacionalidad peruana.

Señor Cardenal, decía al iniciar que me sentía muy complacido de poder imponerle esta condecoración, y quiero reiterar, que, al hacerlo estoy cumpliendo un acto de justicia que es motivo de satisfacción enorme para quien lo hace.

Muchas gracias Señor Cardenal.

   
 

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