Lima, 30 de enero de 2009

 
   
 

Palabras del Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne al recibir la Medalla de Lima

Señor Alcalde de Lima, doctor Luis Castañeda Lossio;
Ilustres Regidores;
Amigos todos:

Recibo esta distinción en nombre de la Iglesia. En esta ocasión, quiero expresar de manera muy breve unas ideas sobre el valor de la dignidad de la persona y de su dimensión solidaria.

Señor Alcalde, usted al frente de la ciudad, tiene que velar por el bien material y espiritual. Entiendo que el alma de la ciudad, el alma de un país lo constituyen el conjunto de valores y virtudes que tienen sus habitantes.

Por ello, la dignidad de una persona está conformada por un conjunto de valores, podemos decir derechos y deberes, que todo ser humano por el simple hecho de serlo, posee. Por ejemplo, el derecho a pensar, el derecho a la libertad, el derecho a la intimidad de la vida familiar, el derecho a desenvolverse en el trabajo, el derecho a la honra; y, al mismo tiempo, también, un derecho a la vivienda, a la educación, a la salud.

Todos estos aspectos no lo da ni el poder político, ni el poder económico, ni el poder mediático. Esta dignidad surge de la propia naturaleza de la persona. En estos tiempos en que el desarrollo material se ha convertido en el punto de referencia único, nos encontramos con que la riqueza mayor de la persona humana, su dignidad, no tiene una expresión ni espacio en ese materialismo.

Si en la sociedad todos valorásemos más esta dignidad humana –lo que tantas veces se puede medir como calidad de vida- mejorarán determinantemente nuestro comportamiento, por pequeña que sea nuestra aportación, por pequeña que sea nuestra presencia, será sumamente importante que la sociedad la respete.

La Iglesia siempre recuerda –más en estos tiempos- la enorme dignidad de un no nacido. La persona no nacida desde su concepción se encuentra hoy amenazada de muerte en nombre del desarrollo material. Es una señal de la profundidad de la enfermedad moral que nos rodea. Al mismo tiempo, una sociedad sana pondrá especial empeño en cuidar a los niños, ancianos, enfermos, la gente más pobre.

Aunque las dificultades económicas son muy grandes, personalmente entiendo que los problemas morales que afronta la humanidad son muchísimo mayores. En esta ocasión me permito recordar el compromiso de la Iglesia en la formación, en la educación de la juventud; llegó el momento para recordar la importancia de una educación cívica, de una educación religiosa, no nos dobleguemos ante la magnitud de la miseria moral o religiosa.

Tenemos loe elementos necesarios para ir adelante, como esperamos ser buenos ciudadanos reafirmamos el compromiso de nuestra fe. Una fe que en este país, tantas veces ha sido el sustento del desarrollo económico, social, educativo.

El Papa Juan Pablo II, recordaba que el nombre del Perú hace evocar estos remotos tiempos del Imperio Incaico que supo vencer –decía- la formidable barrera de los Andes. Después –continúa el Papa- ese nombre (Perú) habla de figuras tan notables como Santo Toribio de Mogrovejo, Santa Rosa de Lima, San Francisco Solano, San Martín de Porres, San Juan Macías; es decir, la Iglesia ha permitido un progreso a través de ese mestizaje integrador, no sólo racial sino cultural y humano que es lo que califica al ser peruano.

En ese proceso, la Iglesia no ha estado ausente, sino como reconoce nuestra Constitución, la Iglesia Católica ha tenido un papel importante en la formación histórica, cultural y moral del Perú.

Por eso, señor Alcalde, al recibir con agradecimiento esta distinción, realmente la Iglesia nuevamente nos ayuda a recordar que la solidaridad entre todos nosotros hará que esa fuerza interior de la dignidad humana sea capaz de vencer las tentaciones de esos materialismos que hoy ha generado esa enorme crisis financiera que abate a tantos espíritus.

Démosle a cada peruano, a cada ciudadano esa dignidad que les permita vivir en esa libertad interior sabiendo que Dios está con nosotros, que la sociedad, que la ciudad de Lima con mucha alegría atraviesa estos tiempos con su liderazgo, señor Alcalde, con su trabajo que ha hecho de esa calidad de vida, uno de los temas principales de su gobierno.

Muchas gracias.

   
 

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