Lima, 20 de julio de 2009

 
   
 

Multitudinaria Misa por 400 años de Iglesia en Ayacucho

En la Eucaristía se recordó las almas de quienes fallecieron víctimas de la violencia terrorista y se pidió por la pacificación de los Valles Apurímac y Ene (VRAE)

Este lunes 20 de julio, en la Plaza de Armas de Ayacucho, el Cardenal Juan Luis Cipriani presidió como Legado Pontificio del Papa Benedicto XVI, la solemne Eucaristía de Acción de Gracias por los 400 años de creación de la Arquidiócesis de Ayacucho, ante una multitudinaria concurrencia de fieles que se congregaron en la Plaza de Armas de Huamanga y con la presencia del Nuncio Apostólico, Mons. Bruno Musarò y más de veinte obispos peruanos.

“A todos ustedes hermanos, que han caminado desde lejos, que el Señor los bendiga, anime y fortalezca. Mamitas de mi Alma hay que educar a esos hijos y nietos; maestros  y profesores iluminen la mente de los jóvenes; Autoridades, trabajen con firmeza y confianza, sin dejarse desalentar por las dificultades. Con la venia del Santo Padre me he permitido abrir este corazón que lo dejé en Ayacucho y que sigue en Ayacucho”, dijo el Enviado Papal, Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne.

En su homilía, llena de recuerdos por los más de diez años en que se desempeñó como Arzobispo de Ayacucho, el Cardenal Cipriani destacó los numerosos aportes del pueblo ayacuchano a la identidad nacional e hizo una mención especial en la Misa por todas las almas de las personas que murieron por la violencia terrorista; también rindió homenaje a todas las instituciones religiosas que han contribuido a la identidad religiosa ayacuchana así como la labor en favor de los más pobres de la Madre Covadonga y de las monjas de clausura de los tradicionales conventos ayacuchanos de Santa Teresa y Santa Clara.

El Enviado del Papa Benedicto XVI destacó la virtud de la alegría de la Iglesia Ayacuchana, a pesar de los obstáculos que se han presentado a lo largo de los 400 años de historia. En la Santa Misa se hicieron presentes centenares de pobladores de zonas rurales de Ayacucho quienes acudieron a esta conmemoración tras caminar más de doce horas así como pobladores de los valles Apurímac y Ene (VRAE), afectados por el narcoterrorismo.

Mensaje del Papa Benedicto XVI

En la Santa Misa, el  Nuncio Apostólico en el Perú, Mons. Bruno Musarò leyó el mensaje del Santo Padre Benedicto XVI enviado con ocasión de esta especial conmemoración quien pidió a todos los ayacuchanos; en especial, a los sacerdotes a edificar el cuerpo de Cristo en la comunidad eclesial.  

La riqueza de la identidad religiosa ayacuchana

“Cómo no recordar hoy la Semana Santa ayacuchana, como una maravillosa manifestación de piedad popular, que trae multitudes de todas partes a esta “Roma de los Andes”. La mirada llena de ternura del Nazareno, el silencio de la noche del Santo Sepulcro y la exultación de la felicidad en la madrugada del domingo de Resurrección son como huellas de estos 400 años en la historia de la Iglesia en el Perú”, dijo el Cardenal Cipriani.

“Cómo no reconocer la alta sensibilidad artística de sus gentes que, con su expresión musical, con sus preciosas y expresivas artesanías, con sus tejidos, siguen deslumbrando a sus visitantes de todas las latitudes. Cómo no sentir una vibrante emoción al contemplar el Obelisco de la Pampa de la Quinua. En estas tierras se firmó la independencia del Perú”, prosiguió.

Labor misionera en Ayacucho

El Legado Pontificio también envío un saludo de agradecimiento a todas las congregaciones religiosas que durante estos cuatrocientos años de historia de fe en Ayacucho, han evangelizado y contribuido en la formación doctrinal de los pueblos de toda la zona de la “Roma de los Andes”.

Invitó a que el espíritu misionero siga impulsando las visitas a los pueblos y la tarea de la enseñanza del catecismo, sabiendo que cuentan con la bendición del Santo Padre, Benedicto XVI.

Cuatrocientos años de fe ayacuchana

El Arzobispo de Lima también recordó la labor pastoral de los Obispos, quienes llevaron con mucha devoción los primeros años de la diócesis de Huamanga (como se llamó en un inicio la actual Arquidiócesis de Ayacucho), creada por Bula del Santo Padre Paulo V, el 20 de julio de 1609.

“Quiero señalar, entre otros, a Monseñor Francisco Verdugo, segundo Obispo de Huamanga, quien dictó las primeras constituciones de la diócesis, el año 1622; y al Monseñor Cristóbal de Castilla y Zamora, fundador de la Universidad San Cristóbal de Huamanga, quien convocó el Primer Sínodo diocesano reunido en 1672”, destacó.

Un nuevo empuje a la pastoral vocacional en el Año Sacerdotal

Finalmente, el Cardenal Cipriani recordó la importantísima propuesta que nos hace el Santo Padre Benedicto XVI con la proclamación del Año Sacerdotal. Por ello, invitó a los fieles ayacuchanos, especialmente a los sacerdotes, a aprovechar esta especial ocasión para aspirar a la santidad con nuevo ardor, y así lograr que florezcan vocaciones de jóvenes que entreguen sus vidas a Dios en el sacerdocio.

“Que la vida sacramental ilumine todos los esfuerzos pastorales, insistiendo de manera especial en la participación en la Eucaristía dominical, que se ilumine y se practique de una manera valiente el sacramento de la Reconciliación, superando las dificultades”, culminó.

Al término de la Santa Misa, el Cardenal Cipriani envío la Bendición Apostólica a nombre del Santo Padre Benedicto XVI a todos los fieles de Ayacucho, congregados en la Plaza de Armas.
   
 

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