Lima, 28 de julio de 2009

 
   
 

“El inmediatismo es el mayor enemigo de un desarrollo serio”

“La globalización nos puede hacer más cercanos, pero no por eso nos hace más hermanos. El desafío de fraternidad es el que le dará alma a este país grande. No solamente el reparto material, sino esa dimensión más profunda de amor al prójimo, de amor aquel pequeño, a aquel anciano que no es un factor de producción, sino un ser humano”, invocó el Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne en la Santa Misa y Te Deum por el 188º aniversario patrio.

El Arzobispo de Lima pidió en la Santa Misa y Te Deum que en un clima de reconciliación y unidad nacional, donde se renueve y purifique la memoria, se forje una gran nación peruana, sin intromisiones externas y como consecuencia de una confianza social que se consigue con el ejercicio de una conducta ética que promueva el bien común, no sólo en la sociedad sino también en la economía de mercado, a fin de evitar el abuso del más fuerte sobre el más débil.

“Hay que peruanizar el Perú, es decir, acentuar la unidad lograda, asentar sobre bases de justicia la convivencia, exaltando los factores que nos congregan. Debemos asombrarnos con optimismo de la unidad nacional alcanzada. Sin inútiles nostalgias románticas del pasado, ni ciegos saltos revolucionarios al futuro”, expresó el Cardenal Cipriani.

Durante su homilía, el Arzobispo de Lima y Primado del Perú, recordó la importancia de promover una perspectiva de vida eterna, proponiendo una caridad universal que exigen los tiempos actuales. “En esta urgencia está en juego un ideal maravilloso, la necesidad de alcanzar una auténtica fraternidad”.

“No habrá reconciliación en corazones llenos de odio y de mentira”

“¡Qué peligroso es que la memoria de un país pueda quedar envenenada por el odio, por la venganza, por la desilusión, por las falsas esperanzas, por mentiras arraigadas! Es necesaria una renovación y una purificación de nuestra memoria. La capacidad de futuro del hombre y de la sociedad dependen de las raíces que tienen, de cómo han logrado acoger en sí mismo el pasado y, a partir de éste, elaborar criterios de acción y de juicio. No habrá reconciliación en los corazones llenos de odio y de mentira. Hay que tener la grandeza y el coraje de no dejarse aprisionar por planteamientos ideológicos políticamente correctos, que campean en este mundo relativista que se tambalea sin principios éticos firmes”, señaló.

El Arzobispo de Lima animó a los peruanos a ser agradecidos con quienes ofrendaron generosamente sus vidas, por devolvernos la libertad (del terrorismo).

“Han primado la venganza ideológica y el odio sobre la verdad de los hechos, persiguiendo incansablemente, con abuso, a muchos compatriotas nuestros –especialmente a humildes Ronderos, miembros de las Fuerzas Armadas y Policiales– que abandonados muchas veces a su triste destino, miran con dolor -y desconcertados- a la Patria que los vio nacer y que defendieron”, recordó.

Una patria grande con confianza social y transparencia

El Cardenal Cipriani recordó que en el país se debe procurar un clima de “confianza social” basado en el orden y disciplina, porque para procurar una “patria grande y justa” es fundamental la confianza en la sociedad.

“Los ciudadanos pueden y deben expresar libremente sus ideas dentro del marco de la ley; de esta manera, las normales discrepancias generan un tejido vigoroso de vida social, y las fuerzas democráticas fácilmente superan cualquier dificultad, por grande que sea”, exhortó.

“Para lograr una patria grande y justa, es fundamental la confianza. Uno confía en otra persona cuando sabe que el otro busca tu bien por ti mismo, no por él, ni por sus intereses egoístas. Cuando la transparencia se constata diariamente. La única manera de que crezca la confianza es promoviendo una conducta ética, dirigida por el bien común”, prosiguió.

Unidad y defensa de la patria

El Pastor de Lima recordó que el Perú debe vivir un momento de auténtica unidad, prioritariamente ante las amenazas externas que atentan no solo contra el pluralismo, la democracia y el Estado de Derecho, sino contra la libertad humana misma.

“Somos un pueblo que permanece abierto y dialogante con el que venga de buena fe, a colaborar con nosotros en el quehacer nacional; pero implacables y firmes con aquel, que pretenda desunirnos o disociarnos. La democracia es un sistema cuya realización genuina debe compaginar la igualdad con el pluralismo. Y es precisamente en esta difícil articulación donde se juega en buena medida la categoría ética de la democracia y, a la postre, la pervivencia de la democracia misma”, mencionó.

Agentes políticos y económicos responsables

El Arzobispo de Lima también exhortó a los operadores económicos y agentes políticos a ser más responsables y rectos, formándose una conciencia que promueva el bien común y la necesidad de la ética, como lo propone el Santo Padre Benedicto XVI en su encíclica “Caritas in veritate” (Caridad en la verdad).

“Si en la economía de mercado no se incorpora de manera seria y normada la dimensión ética, no hay tal economía y queda un abuso del más fuerte sobre el más débil. La economía es de índole social, por eso tiene la gran oportunidad de recobrar su rostro profundamente humano”.

Finalmente, el Pastor de Lima recordó que para lograr esta meta es necesario movilizarse con el corazón, con ilusión, optimismo, firmeza y amor a la patria, a fin de promover un cambio en los procesos económicos y sociales actuales, para alcanzar las metas plenamente humanas.

A la ceremonia asistió el Presidente de la República, Dr. Alan García Pérez; la primera Dama de la Nación, Sra. Pilar Nores de García; el Presidente del Congreso, Dr. Luis Alva Castro; el Presidente del Poder Judicial, Dr. Javier Villa Stein; todos los integrantes del gabinete ministerial; así como el cuerpo diplomático y representantes de organismos internacionales acreditados en el Perú.

Concelebraron junto al Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne; los obispos auxiliares de Lima, Mons. Adriano Tomasi Travaglia, OFM.; Mons. Guillermo Abanto; y Mons. Raúl Chau; así como también Mons. Miguel Irízar Campos C.P., obispo del Callao; Mons. Salvador Piñeiro, obispo castrense y Mons. Lino Panizza OFM., obispo de Carabayllo. También estuvieron presentes sacerdotes que integran el Cabildo Metropolitano de la Basílica Catedral de Lima.
   
 

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