Lima, 19 de marzo de 2009

 
   
 

San José recuerda sentido y valor compromiso sacerdotal

La basílica menor de María, Reina de los Apóstoles, acogió el miércoles 18 de marzo a Benedicto XVI para rezar las primeras vísperas en la Solemnidad de San José. Participaron en el rito obispos, sacerdotes, religiosos, seminaristas y diáconos, movimientos eclesiales y miembros de otras confesiones cristianas de Camerún.

“Jesús proclamaba a la multitud y a sus discípulos: “Uno sólo es  vuestro Padre” -dijo el Papa en su discurso-. Efectivamente no hay otra paternidad que la de Dios Padre, el único Creador del “mundo visible e invisible”. Sin embargo, al ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, se le ha concedido participar en la paternidad única de Dios. San José lo manifiesta de forma sorprendente. (...) No es el padre biológico de Jesús, del que sólo Dios es Padre y, no obstante, ejerce una paternidad plena y por entero”.

“Ser padre es ante todo -afirmó- ser servidor de la vida y del crecimiento. San José, en este sentido, dio prueba de gran dedicación. Por Cristo conoció la persecución, el exilio y la pobreza que de ello deriva”.

“Debéis vivir esta paternidad en vuestro ministerio cotidiano”, dijo el pontífice a los sacerdotes, recordando que  la constitución  “Lumen Pentium” les exhorta a “cuidar, como padres en Cristo, de los fieles que han engendrado espiritualmente con el bautismo y la enseñanza”.

“El sacerdocio ministerial -explicó- comporta un ligamen profundo con Cristo que se nos entrega en la Eucaristía”, que debe ser “el centro de la vida sacerdotal” y en consecuencia “el centro de la misión eclesial. (...) Celebrando este sacramento, en nombre de la persona del Señor, no hay que poner en primer plano la persona del sacerdote” porque el presbítero es "un servidor, un humilde instrumento que lleva a Cristo, ya que es Cristo mismo quien se ofrece en sacrificio por la salvación del mundo”.

Benedicto XVI recordó que el ministerio pastoral lleva aparejadas “muchas renuncias, pero también es fuente de alegría. En relación confiada con vuestros obispos, unidos fraternalmente a todo el presbiterio y sostenidos por la porción del Pueblo que Dios os ha confiado, responderéis con fidelidad a la llamada que un día os hizo el Señor, como cuando llamó a José a velar por María y el Niño Jesús”.

Cuando María respondió a la llamada del ángel era esposa de José, observó el Santo Padre; así, “el Señor une ya íntimamente a José con el misterio de la encarnación. José aceptó ligarse a la historia que Dios había comenzado a escribir en el seno de su esposa” y acogiendo en casa a María “acogió el misterio que estaba en ella y que ella misma era. La amó con el gran respeto que es sello del amor auténtico. San José nos enseña que se puede amar sin poseer”.

Inspirándose en José, subrayó el Papa, todos “pueden ver curadas sus heridas afectivas con la condición de entrar en el proyecto que Dios empieza a realizar con los seres humanos que están cerca de Él”.

El Papa se dirigió después a los representantes de los movimientos eclesiales para invitarles a “prestar atención a los que les rodean y manifestar el rostro amoroso de Dios a los más humildes, sobre todo mediante las obras de misericordia, la educación humana y cristiana de los jóvenes, el servicio de la promoción de la mujer y tantas otras formas”.

“Con vuestra fidelidad sin reservas a vuestros compromisos -dijo a los consagrados- sois en la Iglesia un germen de vida que crece al servicio del Reino de Dios. En todo momento, pero en particular, cuando la fidelidad se pone a prueba, San José os recuerda el sentido y el valor de vuestros compromisos”.

El esposo de María “nos invita a apreciar la medida de toda la riqueza de su vocación y del modelo que sigue siendo para todos los que han dedicado su existencia a Cristo, en el sacerdocio, como en la vida consagrada y en las diversas formas del laicado. José vivió a la luz del misterio de la encarnación. No solamente con una proximidad física sino con la atención del corazón. José nos revela el secreto de una humanidad que vive en presencia del misterio, abierta a él, a través de los detalles más concretos de su existencia. No hay en él separación entre fe y acción. Su fe orienta de forma decidida sus acciones. Paradójicamente, cuando actúa, es decir cuando asume su responsabilidad, se aparta para dejar a Dios la libertad de realizar su obra, sin ponerle obstáculos. José es “un hombre justo”.

“La vida de San José, transcurrida en obediencia a la Palabra, es un signo elocuente para todos los discípulos de Jesús que aspiran a la unidad de la Iglesia. Su ejemplo nos hace entender que cuando nos abandonamos plenamente a la voluntad de Dios nos convertimos en agentes eficaces de su proyecto: reunir a los seres humanos en una única familia, (...) una sola ecclesia”.

El Papa concluyó hablando a los miembros de otras confesiones cristianas: “Esa búsqueda de la unidad de los discípulos de Cristo -dijo- es  para nosotros un gran reto. Nos lleva ante todo a convertirnos a la persona de Cristo, a dejarnos atraer por Él cada vez más. En Él estamos llamados  a reconocernos hermanos, hijos de un único Padre”.

Fuente: Vatican Information Service

   
 

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