Lima, 23 de marzo de 2009

 
   
 

Defender la misma dignidad del hombre y de la mujer

El último domingo 22, el Papa Benedicto XVI se encontró en la parroquia de Santo Antonio, que se halla en una zona muy poblada de la periferia de Luanda, con los representantes de movimientos católicos para la promoción de la mujer. Dos mujeres, en representación de los movimientos presentes, ilustraron al Santo Padre sus problemas y esperanzas.

En su discurso, el Papa exhortó a todos a “ser conscientes de la condiciones desfavorables a las que han sido y siguen siendo sometidas tantas mujeres, examinando en qué medida la conducta y las actitudes de los hombres, a veces su falta de sensibilidad o de responsabilidad, pueden ser la causa”.

 Tras subrayar que “hay que reconocer, afirmar y defender la misma dignidad del hombre y de la mujer", Benedicto XVI recordó que "ambos están llamados a vivir en profunda comunión, en un mutuo reconocimiento y don de sí mismos, trabajando juntos por el bien común con las características complementarias de lo que es masculino y de lo que es femenino”.

“¿Quién no experimenta hoy la necesidad -se preguntó- de dar más espacio a las "razones del corazón"? En un mundo, como el actual, dominado por la técnica, se siente la necesidad de esta complementariedad de la mujer, para que el ser humano pueda vivir sin deshumanizarse del todo”. En este contexto, invitó a pensar “en las tierras donde abunda la pobreza, las regiones devastadas por la guerra, en tantas situaciones trágicas resultantes de migraciones forzadas... Casi siempre son las mujeres las que mantienen intacta la dignidad humana, defendiendo la familia y tutelando los valores culturales y religiosos”.

El Papa lamentó que “la historia menciona casi exclusivamente las conquistas de los hombres, cuando en realidad una parte importantísima se debe a acciones determinantes, perseverantes y benéficas de las mujeres”.

“Actualmente -continuó- nadie debería dudar de que las mujeres, sobre la base de su dignidad igual a la de los hombres, tienen "pleno derecho a insertarse activamente en todos los ámbitos públicos y su derecho debe ser afirmado y protegido incluso por medio de instrumentos legales donde se considere necesario. Sin embargo, este reconocimiento del papel público de las mujeres no debe disminuir su función insustituible dentro de la familia: aquí su aportación al bien y al progreso social, aunque esté poco considerada, tiene un valor verdaderamente inestimable”.

El Santo Padre puso de relieve que “la mujer, a nivel personal, siente la propia dignidad no tanto como el resultado de la afirmación de derechos en el plano jurídico, sino más bien como directa consecuencia de las atenciones materiales y espirituales recibidas en el corazón de la familia”.

“La presencia materna dentro de la familia es tan importante para la estabilidad y el crecimiento de esta célula fundamental de la sociedad, que debería ser reconocida, alabada y sostenida de todas las maneras posibles. Por este motivo, la sociedad debe reclamar a los maridos y padres su responsabilidad familiar”.
Benedicto XVI concluyó haciendo hincapié en que “la edificación de cada familia cristiana tiene lugar en el contexto de aquella familia más grande que es la Iglesia, que la sostiene y la abraza en su seno, garantizando que sobre ella descansa, ahora y en el futuro, el “sí” del Creador”.

Fuente: Vatican Information Service

   
 

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