Lima, 04 de mayo de 2009

 
   
 

Los sacerdotes deben vivir en Cristo por la oración

En el IV Domingo de Pascua, también llamado Domingo del Buen Pastor, el Papa celebró la Santa Misa en la basílica vaticana y confirió la ordenación sacerdotal a 19 diáconos de la diócesis de Roma.

En la homilía, Benedicto XVI explicó que “el discípulo, y especialmente el apóstol, experimenta el mismo gozo que Jesús al conocer el nombre y el rostro del Padre; y comparte también su mismo dolor al ver que Dios no es conocido, que su amor no es intercambiado”.

Haciendo referencia a la primera carta de San Juan “Por eso el mundo no nos conoce, porque no le conoció a El”, el Santo Padre afirmó que “el “mundo”, en la acepción de Juan, no comprende al cristiano, no comprende a los ministros del Evangelio. En parte, porque de hecho no conoce a Dios; y en parte, porque no quiere conocerlo. El mundo no quiere conocer a Dios y escuchar a sus ministros, pues esto lo pondría en crisis”.

El mundo, continuó comentando el sentido evangélico de este término, “insidia también a la Iglesia, contagiando a sus miembros y a los mismos ministros ordenados. El “mundo” es una mentalidad, una manera de pensar y de vivir que puede contaminar incluso a la Iglesia, y de hecho la contamina, y por tanto exige constante vigilancia y purificación. (...) Estamos 'en' el mundo, y corremos también el riesgo de ser 'del' mundo. Y, de hecho, a veces lo somos”.

El Papa puso de relieve que Jesús “dio la vida por todos, pero de manera particular se consagró por aquellos que el Padre le había dado, para que fueran consagrados en la verdad, es decir en Él, y pudieran hablar y actuar en su nombre, representarlo, prolongar sus gestos salvíficos: partir el Pan de la vida y perdonar los pecados”.

Los sacerdotes, dijo, “estamos llamados a  “permanecer” en Cristo -como le gusta repetir al evangelista Juan-, y esto se realiza particularmente en la oración. Nuestro ministerio está totalmente ligado a este “permanecer”, que equivale a rezar, y de ahí deriva su eficacia”.

Benedicto XVI subrayó que entre las diversas formas de oración de un presbítero se encuentra “ante todo la santa misa cotidiana. La celebración eucarística es el acto de oración más grande y más alto y constituye el centro y la fuente de la cual también las demás formas de oración reciben la “savia”: la liturgia de las horas, la adoración eucarística, la lectio divina, el santo Rosario, la meditación”.

“El sacerdote que reza mucho y que reza bien se va despojando progresivamente de sí mismo y se une cada vez más a Jesús, Buen Pastor y Siervo de los hermanos. En conformidad con El -terminó-, también el sacerdote “da la vida” por las ovejas que se le encomiendan”.

   
 

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