Lima, 12 de octubre de 2009

 
   
 

Santos responden a propuesta de amor exigente de Cristo

El domingo 11 de octubre, el Papa Benedicto XVI celebró la Eucaristía en la Basílica Vaticana y canonizó a los Beatos: Zygmunt Szczesny Felinski, obispo, fundador de la Congregación de las Hermanas Franciscanas de la Familia de María; Francisco Coll i Guitart, sacerdote de la Orden de los Frailes Predicadores (Dominicos), fundador de la Congregación de las Hermanas Dominicas de la Anunciación de la Bienaventurada Virgen María; Jozef Damiaan De Veuster, sacerdote de la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y María y de la Adoración Perpetua del Santísimo Sacramento del Altar; Rafael Arnáiz Barón, religioso de la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia; Marie de la Croix (Jeanne) Jugan, virgen, fundadora de la Congregación de las Pequeñas Hermanas de los Pobres.

Concelebraron con el Papa 7 cardenales, 9 arzobispos, 14 obispos y 20 presbíteros. Entre los 50 concelebrantes, se encontraban los obispos de las causas de canonización: cardenal Godfried Danneels, arzobispo de Mechelen-Brussel (Bélgica); arzobispo Kazimierz Nycz, de Varsovia (Polonia); arzobispo Pierre D'Ornellas, de  Rennes (Francia); obispo Román Casanova Casanova, de Vic (España) y obispo Ignacio José Munilla Aguirre, de Palencia (España)

En su homilía, el Santo Padre explicó a grandes rasgos la personalidad y los motivos de la santidad de los cinco beatos.

“Ven y sígueme”. He aquí la vocación cristiana que brota de una propuesta de amor del Señor, y que puede cumplirse sólo gracias a una respuesta nuestra de amor”, dijo el Papa. “Los santos acogen esta invitación exigente. (...) Su perfección, en la lógica de la fe a veces humanamente incomprensible, consiste en no ser el centro de sí mismos, sino en escoger el ir contracorriente viviendo según el Evangelio. Así han hecho los cinco santos que hoy, con gran alegría, se presentan a la veneración de la Iglesia universal: Zygmunt Szczesny Felinski, Francisco Coll i Guitart, Jozef Damiaan de Veuster, Rafael Arnáiz Barón y Marie de la Croix (Jeanne) Jugan”.

Zygmunt Szczesny Felinski, arzobispo de Varsovia, explicó el Santo Padre, fue “un gran testigo de la fe y de la caridad pastoral en tiempos muy difíciles para la nación y para la Iglesia en Polonia. (...) Antes de la insurrección de enero de 1863 contra la anexión rusa, puso en guardia al pueblo sobre el inútil esparcimiento de sangre. Pero cuando estalló la revuelta y empezaron las represiones, defendió valientemente a los oprimidos. Por orden del zar ruso pasó veinte años de exilio en Jaroslaw, en el Volga, sin poder regresar jamás a su diócesis. En cada situación conservó firmemente la confianza en la Divina Providencia”.

La pasión de San Francisco Coll era “predicar, en gran parte, de manera itinerante y siguiendo la forma de misiones populares con el fin de anunciar y reavivar por pueblos y ciudades de Cataluña la Palabra de Dios, ayudando así a las gentes al encuentro profundo con Él. (...) Su actividad evangelizadora incluía una gran entrega al sacramento de la Reconciliación, un énfasis destacado en la Eucaristía y una insistencia constante en la oración”.

La actividad misionera de Jozef De Veuster, el “Padre Damián”, “alcanza su cumbre en la caridad. No sin miedo y repugnancia, eligió ir a la Isla de Molokai para ponerse al servicio de los leprosos que allí se encontraban, abandonados por todos; y de esta forma se expuso a la enfermedad que ellos sufrían. (...) El servidor de la Palabra se convirtió así en un servidor que sufrió, leproso con los leprosos, durante los últimos cuatro años de su vida. (..) San Damián nos lleva a elegir los buenos combates, no los que llevan a la división, sino los que unen. Nos invita a abrir los ojos a las lepras que desfiguran la humanidad de nuestros hermanos y reclaman todavía hoy, más que nuestra generosidad, la caridad de nuestra presencia servicial”.

Rafael Arnáiz “dijo sí a la propuesta de seguir a Jesús, de manera inmediata y decidida, sin límites ni condiciones. (...) El Hermano Rafael, aún cercano a nosotros, nos sigue ofreciendo con su ejemplo y sus obras un recorrido atractivo, especialmente para los jóvenes que no se conforman con poco, sino que aspiran a la plena verdad”.

“Por su obra admirable al servicio de las personas ancianas más necesitadas, Santa Marie de la Croix es también un faro para guiar a nuestras sociedades, que deben redescubrir el lugar y la aportación única de este periodo de la vida”, subrayó el pontífice. “Su carisma sigue siendo actual, puesto que muchas personas ancianas sufren múltiples condiciones de pobreza y  soledad, a veces, incluso abandonadas por sus familias. ¡Que santa Jeanne Jugan sea para las personas ancianas una fuente viva de esperanza y para las personas que generosamente se ponen a su servicio, un estímulo potente para proseguir y desarrollar su obra!”.

El Papa Benedicto XVI concluyó su homilía invitando a todos “a dejarse atraer por los ejemplos luminosos de estos santos, a dejarse guiar por sus enseñanzas para que toda nuestra existencia se transforme en un cántico de alabanza al amor de Dios”.

Extraído del Vatican Information Service (VIS), servicio del Domingo 11 de octubre de 2009.
   
 

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