Lima, 22 de octubre de 2009

 
   
 

Benedicto XVI: No se puede hacer teología sin experiencia de Cristo

“Para Bernardo de Claraval, el verdadero conocimiento de Dios consiste en la experiencia personal, profunda, de Jesucristo y de su amor. Y esto, queridos hermanos y hermanas, vale para todo cristiano”, afirmó el Papa Benedicto XVI en su Audiencia del miércoles 21 de octubre.

El Papa dedicó la catequesis de hoy, dentro del ciclo de escritores cristianos del primer milenio a san Bernardo de Claraval (1090-1153), abad cisterciense conocido como el “Doctor melifluo” por la dulzura con que hablaba de Jesucristo.

Este santo escritor fue una importante figura de la Europa medieval, que mantuvo contactos con importantes personalidades de su tiempo, y que es reconocido como el “último Padre de la Iglesia”.

Subrayó que más que haber abierto nuevos caminos en la teología, san Bernardo “configura al teólogo con el contemplativo y el místico”, en un tiempo de agrias disputas entre dos importantes corrientes teológicas, el nominalismo y el realismo.

“Sólo Jesús insiste Bernardo ante los complejos razonamientos dialécticos de su tiempo solo Jesús es miel en la boca, cántico en el oído, júbilo en el corazón”, explicó el Papa.

“El abad de Claraval no se cansa de repetir que sólo hay un nombre que cuenta, el de Jesús Nazareno”, añadió. “Para Bernardo, de hecho, el verdadero conocimiento de Dios consiste en la experiencia personal, profunda, de Jesucristo y de su amor”.

Su ejemplo recuerda hoy que “la fe es ante todo encuentro personal íntimo con Jesús, es hacer experiencia de su cercanía, de su amistad, de su amor, y sólo así se aprende a conocerle cada vez más, a amarlo y seguirlo cada vez más”.

“¡Que esto pueda sucedernos a cada uno de nosotros!”, auguró el Papa.

Las reflexiones de este santo abad “provocan aún hoy de forma saludable no sólo a los teólogos, sino a todos los creyentes”, que “a veces pretenden resolver las cuestiones fundamentales sobre Dios, sobre el hombre y sobre el mundo, con las únicas fuerzas de la razón”.

“San Bernardo, en cambio, sólidamente fundado en la Biblia y en los Padres de la Iglesia, nos recuerda que sin una profunda fe en Dios, alimentada por la oración y por la contemplación, por una relación íntima con el Señor, nuestras reflexiones sobre los misterios divinos corren el riesgo de ser un vano ejercicio intelectual, y pierden su credibilidad”.

“Al final, la figura más verdadera del teólogo sigue siendo la del apóstol Juan, que apoyó su cabeza sobre el corazón del Maestro”, subrayó el Papa.

   
 

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