Lima, 15 de setiembre de 2009

 
   
 

Benedicto XVI: “Cristo no enseña una filosofía sino un camino”

El último domingo 13 al mediodía, el Papa Benedicto XVI se asomó al balcón del patio interno del palacio apostólico de Castelgandolfo para rezar el Ángelus con los fieles y peregrinos presentes.

El Papa comentó el Evangelio dominical, que “plantea dos cuestiones cruciales: ¿Quién es Jesús de Nazaret? Y ¿Tu fe se traduce en obras o no?”. “La respuesta de Pedro es neta e inmediata: Tú eres Cristo, el Mesías (...). Pedro y los apóstoles, a diferencia de la mayor parte de la gente, creen que Jesús no es solo un gran maestro o un profeta, sino mucho más. Tienen fe: creen que en Él, Dios actúa y está presente”.

“Pero inmediatamente después de esta profesión de fe, cuando Jesús por primera vez anuncia abiertamente que tendrá que padecer y morir -explicó el Santo Padre- el mismo Pedro se opone a la perspectiva de sufrimiento y muerte. Jesús (...) tendrá que hacerle entender que no basta creer que Él es Dios, sino que empujados por la caridad hay que seguirlo en su camino, el de la cruz. Jesús no vino a enseñarnos una filosofía, sino un camino, más aún, el camino que lleva a la vida”.

“Ese camino es el amor, que es la expresión de la fe verdadera. Si amamos al prójimo con corazón puro y generoso, significa que conocemos a Dios verdaderamente. Si en cambio, decimos que tenemos fe, pero no amamos a nuestros hermanos, no somos verdaderos creyentes. Dios no vive en nosotros”.

Benedicto XVI citó en este contexto un comentario de San Juan Crisóstomo a la Carta de Santiago, segunda lectura de la Misa de hoy: “Se puede tener fe en el Padre y en el Hijo y en el Espíritu Santo, pero si no se lleva una vida recta, esa fe no sirve para la salvación”.

Por último, recordando que el lunes 14 se celebra la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz y el martes 15, la Virgen de los Dolores, el Santo Padre afirmó: “La Virgen María, que creyó en la Palabra del Señor, no perdió la fe en Dios cuando vio a su Hijo rechazado, ultrajado y crucificado. Se quedó al lado de Jesús, sufriendo y llorando hasta el final. Y vio el alba radiante de la Resurrección. Aprendamos de ella a testimoniar nuestra fe con una vida de servicio humilde, dispuestos a pagar en primera persona para permanecer fieles al Evangelio de la caridad y la verdad, seguros de que nada de lo que hagamos se perderá”.


Extraído del servicio (VIS) Vatican Information Service del 13 de septiembre de 2009.
   
 

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