Lima, 25 de setiembre de 2009

 
   
 

Benedicto XVI mostrará a Praga sus raíces cristianas

Majestuosa, enigmática, llena de cultura e historia. Así es la capital de República Checa que se prepara para recibir este sábado 26 de septiembre al Papa Benedicto XVI.

Un viaje de dos días en el que el pontífice quiere recordar raíces y los valores cristianos del continente europeo, así como dar un impulso a la libertad y la democracia.

Una ciudad que ha sido escenario importantes acontecimientos históricos del siglo XX: las dos guerras mundiales, la revolución rusa, la caída de la cortina de hierro y el comienzo de la democracia.

Un lugar en el que se entrelazan elementos de la cultura checa, alemana y judía. Por los innumerables tesoros de arte, historia y arquitectura, Praga es una de las 20 ciudades más visitadas del mundo. Recibe anualmente 6 millones de turistas. Su centro histórico fue declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad.

Fundada en el año 870, nace de la progresiva fusión de otros cuatro pequeños conglomerados urbanos: Hradcany, el Castillo, al oeste de Moldavia; Malá Strana, donde estaba el pequeño barrio en el área al sur del castillo; Staré Mesto, la ciudad vieja, sobre el lado oriental opuesto al castillo, y Nové Mesto, la Ciudad nueva al sur oeste.

Niño Jesús: una devoción de raíces españolas

Luego de la ceremonia de bienvenida y del discurso que ofrecerá a su llegada en el aeropuerto internacional Stará Ruzyne, este sábado el Papa se dirigirá a la Iglesia Santa María de la Victoria, cuyo cuidado pastoral está a cargo de los padres carmelitas descalzos.

Este templo, que originalmente fue luterano, alberga una figura venerada y cuidada durante siglos: el Niñito Jesús de Praga.

La historia de esta imagen comienza en el sur de España. Se desconoce el nombre del escultor. Al parecer proviene de un convento de Córdoba.

De allí la llevó la reina Isabela Manrique de Lara y Mendoza. Su hija María Manrique se casó con un noble checo Vratislav di Pernstein.

Como regalos de nupcias la recibió su hija Polyssena, al casarse con Vilem di Rozumberk. Ella al no tener hijos, regaló esta estatua al prior de los padres carmelitanos descalzos en 1628.

Tres años más tarde el ejército de Sajonia se apoderó de Praga, saqueando los conventos y las iglesias. La estatua del Santo Niño sufrió severos daños.

Sólo seis años después fue reencontrada cuando viajó a Praga el padre Cirilo de la Madre de Dios, proveniente del convento de Padres Carmelitanos Descalzos en Baviera.
Logró hacer financiar la reparación. El niño volvió a ser objeto de culto y él al venerarlo le atribuyó varios milagros, entre ellos la salvación a la ciudad en ocasión de un asedio de parte de los suecos.

En 1655 el entonces obispo auxiliar de Praga puso solemnemente sobre su cabeza una corona de oro que mandó hacer el noble Bernardo Ignacio di Martinic.

Luego la estatua fue puesta en la capilla de la entrada de la Iglesia y más adelante, debido a la gran afluencia de peregrinos en 1741 fue cambiada al altar lateral del medio.

Ahora el altar es hecho para destacar la espiritualidad del Santo Niño. En línea horizontal, a la izquierda está María y a su derecha está San José. Con ello se quiere indicar que "el Santo Niño de Praga es comprensible sólo al interior del misterio del encuentro con la familia divina y la familia humana"

Hoy la fiesta anual del Niño Jesús de Praga se celebra el primer domingo de mayo.La imagen mide 47 centímetros. Es construida en cera y se cree que tiene una estructura interna de madera.

Tiene más de 100 hábitos que han sido elaborados y donados por altas personalidades alrededor del mundo. Al ser tan delicada esta imagen, sólo algunas religiosas especializadas y expertas la pueden cambiarle los vestidos. La estatua posee dos coronas: una original de 1767 y otra hecha entre 1810 y 1820.

Un castillo lleno de arte e historia

Otro lugar milenario de la capital checa que será visitado por Benedicto XVI este domingo es el Castillo de Praga. De un monumental e imponente tamaño: 570 metros de largo y 128 metros de ancho en una superficie de 7, 28 hectáreas.

Según algunas indagaciones arqueológicas su construcción se remota al año 880 bajo la orden del príncipe Borivoj de la dinastía de Premyslidi.

Fue la residencia del rey de Bohemia, de los emperadores del Sacro Imperio Romano, de los presidentes de Checoslovaquia y presidentes de República Checa. También fue sede episcopal.

Se encuentra también al interior la Iglesia de San Jorge, junto al monasterio de los benedictinos, fundado en 973 que alberga importantes joyas del arte.

Desde de 1989 los turistas pueden tener acceso a otras áreas del castillo como el Jardín Real, la Sala de la Palla Corda y los jardines meridionales y las caballerizas imperiales. En el salón de Vladislav, el pontífice tendrá este domingo un encuentro con el mundo académico.

Extraído del servicio de www.zenit.org  del miércoles, 23 septiembre 2009.

   
 

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