
- Viernes, 1 de noviembre de 2002 -
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"EL SEÑOR DE LOS MILAGROS NOS ENSEÑA
Hoy, 1 de noviembre, la Iglesia Católica celebra a todos los santos. Por ello, la liturgia de la misa empieza con estas palabras: "alegrémonos todos en el Señor, en el Señor de los Milagros", al celebrar este día en honor de todos los santos. Pero los santos están aquí, los santos no son una especie de gente rara, sino son hombres y mujeres como ustedes, casados o solteros, pobres o ricos, que buscaron a Cristo, encontraron a Cristo y amaron a Cristo. Ese es el camino que todos ustedes -a lo largo de este mes- han hecho en la procesión, buscando el rostro de Cristo. En esa imagen del Señor de los Milagros, millones y millones de personas en todo el mundo han encontrado el camino de la santidad. Con eso, quiero decirles que ese camino de la santidad no es sólo para algunos, es para todos; porque la gente a veces dice "yo no soy santo", y tengo que recordarles que ninguno en esta vida es santo, todos estamos caminando en ese esfuerzo para ser santos. El Papa Juan Pablo II nos dice que la santidad es un camino para todos, y por eso al buscar a Cristo en el rostro del Señor de los Milagros, estamos en camino para encontrarlo. Porque cuando amamos al Cristo morado, cuando lo acompañamos, cuando venimos a la procesión, cuando a lo largo del año lo visitamos y cuando le ofrecemos la salud, la enfermedad o a nuestros hijos, estamos en camino de santidad. Por eso, hoy nos alegramos por miles de santos que nos han antecedido en 351 años de tradición morada, viniendo aquí, como ustedes, a acompañar al Señor de los Milagros, y que ya forman parte de este gran ejército de santos que contemplan esta fiesta. Padres, abuelos, bisabuelos, hijos, todo un pueblo que a lo largo de siglos buscó el rostro del Señor de los Milagros y que se inspiró en él para cambiar su vida. Y nos dice el Papa, contemplando el evangelio de hoy: "queridos amigos, esas bienaventuranzas en las que el Señor dice "felices, alegres, bienaventurados" nos indican justamente que son un programa para que tú seas santo". Bienaventurados los que lloran: piensa en tu vida, y recuerda que es feliz el que está afligido o tiene un sufrimiento físico, o un peso en el alma, porque será consolado, porque estando aquí acompañando al Señor de los Milagros sentirá un consuelo. Porque el Papa nos dice que el sufrimiento, hermanos, en cierto modo, es el destino de todas las personas: nacen sufriendo, pasan su vida con dificultades, y llegan a la eternidad a través de la muerte, donde se purifican todos. Por eso, le pedimos al Señor de los Milagros en esta bienaventuranza, que nos enseñe el sentido cristiano que encierra el dolor. Sabiendo el sentido cristiano del dolor, por fin encontrarás consuelo para explicarte por qué tanto sufrimiento a veces, cuando no encuentras trabajo, cuando te maltrata un amigo, o cuando te sientes abandonado. Recuerda que el dolor es un camino de santidad. Bienaventurados y alegres los que tienen el corazón limpio: por ello nos dice el Papa así: "hay que educar a la juventud nuevamente en ese amor hermoso". Rescatemos el contenido del amor, rescatemos el amor de la familia, volvamos a hacer que brille el matrimonio, volvamos a descubrir a la mujer hermosa, a la mujer digna, a la mujer pura. Volvamos a descubrir al joven que respeta al amor hermoso, a los padres que respetan el hogar, porque es una maravilla estar limpios de corazón. Y nos pide el Papa que alejemos a la juventud de la droga, de la violencia, de ese sexo que invade todo, y la orientemos por el camino que lleva a Dios, según nos lo dijo aquí en Perú, en el año 1985. Vayamos por ese camino del matrimonio unido, de la familia unida, y si Dios te llama por la vocación sacerdotal, por la vocación religiosa, recordemos que no podemos llevarla sin amor. Por eso, cuando el amor se ha convertido en puro placer, estamos corrompiendo la felicidad. Por eso, bienaventurados los limpios de corazón, y veamos siempre con ojos limpios, no veamos a la persona como un objeto, digámosle no a ese exceso de consumo de licor, a la violencia familiar, y a ese abandono de los niños en la calles. También les pedimos a los medios de comunicación que sean portavoces de ese amor limpio, que sean portavoces del valor del amor humano, de la familia unida, del matrimonio, del respeto a su cuerpo; porque es una maravillosa tarea la de los medios de comunicación, llegando con su mensaje a millones de personas. Por eso mismo, les invoco a los medios que sepan diferenciar el amor hermoso, como el de Jesús a su madre, como el de José a María, de ese amor de consumo que tantas veces nos está maltratando. Se que es difícil, se que cuesta esfuerzo, pero contempla a Jesús que desde la cruz te lo pide así: limpia tus ojos, limpia tu corazón. Luego se nos dice que si queremos ser santos, debemos tener misericordia. Y la misericordia no es la justicia solamente, es la justicia y el perdón; la misericordia te dice que saques de tu corazón el odio, la envidia, el amor propio, la soberbia, el egoísmo, la revancha. La misericordia no es cobardía, no es ser pasivo, es una acción para ayudar a aquel que te necesita. No tengas miedo de compartir su dificultad, su dolor, porque eso es la misericordia. Señor, yo te pido en nombre de todos los fieles, que tengas misericordia de nosotros. Ayúdanos, limpia nuestros corazones, no queremos la violencia, la mentira, queremos realmente ser santos, y eso tiene consecuencias. También se nos dice bienaventurados los pobres de espíritu, pobres que aceptan los dones recibidos de Dios, pobres que son agradecidos y dispuestos a compartir, dispuestos a ayudar a quien no tiene alimento, trabajo. Quiero pedirle de manera especial al Señor de los Milagros más solidaridad. No queremos tantas palabras, queremos todos juntos construir un Perú mas solidario, donde haya más progreso, más bienestar en ese camino a la santidad que son las bienaventuranzas. Pidamos a nuestra madre, Santa María, para que juntos, en este último día de procesión, le pidamos al Señor de los Milagros así: construye un Perú mas fraterno, más reconciliado, un Perú menos mentiroso, un Perú en el que estemos más unidos en la Verdad, un Perú más justo, en donde no haya temor a la aplicación de la justicia que tantas veces atropella a los pobres. Un Perú en el que no haya violencia, esa violencia que tantas veces encontramos a través de los medios de comunicación. Queremos un país en paz, más justo, queremos un país donde haya más honestidad, queremos un país más humano, en donde el misterio del Señor de los Milagros alumbre a todos los hogares, pastores, sacerdotes, religiosos y religiosas, y a todas las familias. Que el Señor de los Milagros derrame abundantemente sus bendiciones sobre este maravilloso y bendito país. Así sea.
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| [Reseña histórica de la arquidiócesis] |