
- Domingo, 1 de diciembre de 2002 -
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LA
IGLESIA NOS LLAMA A PREPARARNOS
Al empezar hoy el tiempo del Adviento, la Iglesia nos dice a cada uno de nosotros: "prepárate que ya llega, ya llega Jesús". Y por eso empiezan a surgir signos hermosos cada día, como esta corona de Adviento, y empieza a vivirse en la vida de la familia un clima diferente. Algunos hijos que estaban lejos preparan ahora la reunión con sus padres, y ya se va viviendo en la ciudad el ambiente propio de la Navidad. Y la Iglesia quiere dedicar cuatro domingos a preparar el Adviento, recordando y cumpliendo las palabras del Señor: "conviértanse, hagan penitencia, que ya llega el Señor Jesús". En la Carta del Apóstol San Pablo, encontramos que él nos dice: "Dios nos ha llamado a participar en la misma vida de Cristo, por ello, nuestras almas deben albergar los mismos sentimientos de Cristo y nuestras familias deben albergar los mismos sentimientos de María -preparándose para el nacimiento de Jesús- y de José, acompañando y protegiendo a su esposa". Ahora podemos ver cómo cada uno de nosotros, recordando la palabra de Dios, hace su propio examen de conciencia, porque Dios nos llama a participar en la vida de su hijo, y a encontrar en ello un motivo para mejorar. Y en ese camino del Adviento, Cristo nos dice hoy: prepárate, no te desanimes, Jesús viene para llenarte de esperanza, para danos un suplemento de fe a cada uno de nosotros. San Pablo también nos dice unas palabras que son muy bonitas para esta ocasión: "Jesús siempre cumple su palabra, y él ha prometido que estará en tu alma, en tu casa, en tus problemas, en tus amistades, en tus proyectos. Y Jesús es fiel a su fe" Por eso reflexionemos hermanos, y cuando vivamos una situación difícil digamos así: "si Cristo es fiel, ¿por qué a veces tengo yo esa debilidad en mi casa, en mi trabajo o en mi corazón?. ¿Por qué tengo esta dificultad?, ¿por qué a veces la gente se pelea en los hogares y en las calles?". Jesús, tú nos has llamado a participar de tu vida, y así lo haremos siempre, incluso ante ese gran misterio de la libertad personal. Porque Dios ha querido correr el riesgo que con mi libertad pueda rechazarlo, pero lo que no puedo es obligarlo a actuar. No podré decirle nunca "Dios, arregla este problema", "resuelve esta situación", o "cambia mi manera de pensar". Pero sí le puedo decir: "Señor, ten misericordia, aquí estoy para buscarte, para llamarte, para pedirte ayuda". Y si Dios ve que pones tu libertad en sus manos, entonces actuará con enorme generosidad, y te responderá: "este hijo, esta hija o este cuerpo de voluntarios me está entregando su tiempo, su trabajo, su ilusión, y me está pidiendo que los bendiga, que me acuerde de los enfermos y ayude a esas familias en dificultad". "¿Cómo voy a negarme -dirá Dios- si todos ellos juntos, libremente, me están recordando: "tú eres fiel, y nosotros también". Entonces, estas palabras sobre la fidelidad encontrarán una respuesta de Jesús: "lo que le pido a ustedes es velad, estar atentos, despiertos". Ello ocurre con todos los grupos de voluntarios que siempre están atentos a ayudar a los demás. Los bomberos están atentos en forma especial, ya que con una llamada se despiertan rápidamente, se ponen en alerta y se hacen presentes, arriesgando sus vidas. Y sólo los convoca el amor al prójimo, el servicio a los demás. Lo mismo ocurre cuando en hospitales u hogares abandonados, grupos de señoras se organizan para llevar un rato de compañía a los enfermos, dejando su trabajo para poder llevarles consuelo material y espiritual. Es decir, también están velando, están atentas, están despiertas a las necesidades del prójimo. Esa es la llamada que nos hace Jesús, porque él es fiel y no falla; tú en cambio debes velar, estar despierto, levantar el corazón y orar a Dios. Por eso cuando en la vida personal debas tomar decisiones, recuerda estas palabras de Cristo: "piénsalo delante de Dios, pon tu conciencia delante de Dios, no te desanimes, si él te pide algo especial, te va a dar algo especial. Pero ponte en la presencia de Dios, no actúes por tu cuenta, él es fiel y no te va a abandonar". Y el Santo Padre nos dice hoy: "el camino que señala Cristo en los mandamientos para llegar al cielo, y para buscar la felicidad, pasa por el amor y por el servicio al hermano. El Señor espera que confirmes que tu amor a Dios es auténtico, con obras de amor al prójimo. Cristo te da una cita junto al hermano que sufre, junto al hermano que pasa una desgracia y te llama a ese compromiso para defender la dignidad y los derechos que todos tenemos como hijos de Dios". Tienes que amar a Dios, tienes que amar a tus semejantes, contribuyendo así a la edificación de una sociedad en la que los bienes sean compartidos con todos. Una sociedad en la que todos puedan vivir de modo conforme a su condición de personas. Hoy también se celebra en el mundo la Jornada por los enfermos del Sida. Junto a los anteriores, constituye un motivo más que nos habla de ese mandamiento que el Señor nos recuerda siempre: amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a ti mismo. Por eso le pido al Señor, a través de la Virgen María, para que bendiga estos esfuerzos. Que nunca decaiga, porque a veces hay desánimos, a veces no hay la colaboración que uno necesita, o a veces hay dificultades que parecen insalvables; por ello, bendice a todos estos hermanos que de diferentes maneras acuden al llamado de ese amor al prójimo. Y en premio Señor, dales en su casa, en su hogar, en sus hijos, la paz, el gozo y la alegría de los que se saben hijos de Dios, Por eso, con enorme gozo hoy recibo en la Basílica Catedral a este Centro Nacional del Voluntariado, al Cuerpo de Bomberos, y juntos le presentamos a Dios estos deseos de amarlo, amando al prójimo. Que este ejemplo siga creciendo en nuestro país y a nivel mundial. De esa manera, cuando a alguien le falten las fuerzas encontrará el apoyo de un voluntariado en la enfermedad, en el abandono, en la catástrofe. Así iremos creando una estima por el que sufre, por el que está enfermo, por aquel niño delicado o por aquel que sufre una calamidad material. Salimos a su encuentro para aliviarlo, material y espiritualmente. Que Jesús, María y José sean quienes acompañen este esfuerzo maravilloso del voluntariado.
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| [Reseña histórica de la arquidiócesis] |