- Domingo, 6 de julio de 2002 -

Excelentísimo Monseñor Pacífico Tomassi, actual Obispo auxiliar de Lima, pero muchos años presidente del Consorcio de Colegios Católicos y del Consorcio Latinoamericano de Colegios Católicos; es una alegría que uno de los obispos auxiliares de Lima esté tan identificado con el mundo de la educación.

Quiero saludar también al Sr. Rector de la Pontificia Universidad Católica, a los miembros de las diversas universidades, a los miembros de las diferentes Unidades de Servicios Educativos, a la Directora de la Oficina de Educación Católica, a sus colaboradores, y a los sacerdotes que concelebran hoy conmigo, que también están identificados en este mundo de la educación.

A todos ustedes, maestros, maestras, todos hermanos en Cristo:

Esta Santa Misa, el día de hoy, nos permite levantar el corazón para mirar a Dios, e implorar su bendición -especialmente para los que trabajan en el mundo de la educación- para implorar su fortaleza, su sabiduría, y para poner en sus manos muchas preocupaciones e inquietudes que todos tenemos.

Y la Iglesia celebra hoy la Santa Misa para realizar una acción de gracias a Dios, para pedir su ayuda, su bendición, no solamente por los que estamos aquí, sino por los miles y miles de maestros y maestras que en los rincones más alejados del país comparten sus conocimientos, a veces en situaciones sumamente precarias.

En otras ocasiones, esta sacrificada labor se da en las aulas universitarias, o en colegios donde el maestro hace y enseña de todo; y también están aquellos otros encargados de dirigir la educación en las USES, en las Direcciones departamentales, que cumplen también una importante misión. Hoy, la Iglesia les agradece a todos ellos, los bendice y también bendice a los miles y miles de religiosas, religiosos, laicos, sacerdotes, que comprometen horas y horas de trabajo para llevar la semilla de la fe.

A todos ellos, que conforman esa inmensa familia de la educación, les dedicamos hoy la Santa Misa, el acto en el cual el mismo Cristo se dirige a su padre pidiendo por nosotros, e implorando su bendición por nosotros. Ahora, qué bueno sería que nos acompañara el Señor ministro de Educación, y que bueno sería que nos acompañaran las autoridades del sector, porque celebramos al maestro, celebramos al alma de lo que es cualquier proceso de cambio en una sociedad, o sea la educación.

La educación tiene la tarea de formar la conciencia de los alumnos, desde la de un niño de cinco años hasta la de un universitario de 25 años o más, para que en su paso por las aulas aprendan a distinguir lo que es el bien y el mal. Por ello, la conciencia debe ser ese sagrario donde el mismo Dios, te dice al oído, en voz baja, o a veces a gritos; "esto está bien, hazlo; o esto está mal, evítalo".

Por eso, el profesor es importantísimo en la formación de la conciencia, cualquiera que sea la materia que enseña con su conducta o con su gesto; y lo demuestra desde el "buenos días", con la puntualidad, con la palabra de aliento, o con su silencio. Son muchos modos en los cuales el alumno -con más sencillez si es pequeño y con más dificultad cuando es mayor- aprende del maestro esa sintonía con el bien.

Yo le pido al Señor por ese esfuerzo especialísimo de parte de los que estamos en la tarea del Buen Pastor, de ser maestros, que sepamos ayudar más que nunca, en esa formación de la conciencia, en ese juicio práctico que no es la suma de una serie de conocimientos, sino algo más. Porque la conciencia siempre hace un juicio práctico en el momento mismo de la acción, y te dice "esto es bueno, esto es verdadero, esto es falso, esto es malo".

Si el contenido de nuestra profesión de maestros es tan importante, si es tan sagrado el deber que deben cumplir, si es tan importante la formación de la conciencia, y sí lo es, entonces la pregunta viene sola; ¿por qué sueldos tan bajos?, ¿por qué preparación tan deficiente, ¿por qué falta de libros y textos y elementos para un buen trabajo?.

Allí queda la pregunta, porque si respondemos "es que somos un país pobre", es que la respuesta es pobre. Porque si tengo cinco soles en mi casa, y se que debo alimentar a mis hijos, lo que no debo hacer es comprar una vela o comprar un par de zapatos, ya que tengo que darles de comer. Si no, no habrá criatura a quién ponerle los zapatos, la prioridad es que se mantenga con vida ese niño.

De una manera más o menos semejante pensemos que si los recursos en el país son pocos, entonces démosle prioridad a la educación, y hagámoslo si de verdad creemos que la educación es el motor del cambio, y que puede incidir mucho en el peso de ser persona. Hay épocas en que podríamos hablar de otro modo, pero hoy hacen falta ideas con peso, y una idea con peso es hacer de todos los ciudadanos del Perú, personas dignas.

Que esas personas sepan el contenido de su dignidad, la razón de ser de su inteligencia, el porqué de su voluntad, la situación de sus pasiones, el porqué del bien común, y conozcan sus obligaciones familiares, sus obligaciones sociales y las cívicas. No basta la legislación, pero sí ayuda mucho; no basta la pena o castigo, también es necesario el ir por delante con el ejemplo.

Por eso hoy más que nunca, le pedimos al Señor: danos esa fuerza para que día a día el maestro siga con esa paciencia, con ese esfuerzo, y para que podamos despertar a la empresa privada que tantas veces se siente ajena al desafío de la educación, y dice "para eso está el Estado". No es así, es al revés, porque el Estado tiene una obligación subsidiaria de pagar lo que se debe, pero no es dueño ni de los contenidos, ni de la orientación educativa. Para eso están los padres de familia, para eso está la comunidad y la sociedad organizada.

Unos y otros, la empresa privada y el Estado, deben concurrir y no dejar el tema en manos de tres o cuatro personas, ya que es una labor costosa. A veces la labor de maestro no es bien recibida o no es suficientemente agradecida, pero hermanos, pongámonos delante de Dios y pensemos que son miles los alumnos que han pasado por las aulas y recordarán con gozo y agradecimiento tu ejemplo, tu palabra y tu enseñanza. Por eso, ojalá que la educación siempre se mantenga al margen de los vaivenes políticos, de los vaivenes ideológicos, y sea como un alimento al cual tienen acceso, por derecho, todos los ciudadanos del país.

Si queremos salir de la pobreza, pues la solución es la educación; si queremos salir de la delincuencia, pues más educación; si queremos que la familia sea más estable, más educación; si queremos producir más, educación; si queremos vivir en paz, educación. Esto es verdad, y por ello recordemos que el Estado no es propietario, ni de los contenidos, ni de las plazas, ni de nada, es un simple administrador de nuestros dineros, que subsidiariamente o temporalmente, se encarga de organizar el sistema educativo sin interferir con el derecho que tenemos de ser educados.

Pero la empresa privada tampoco puede permanecer al margen, como si su tarea de producir, vender, tener beneficios, o tener pérdidas, estuviera al margen; porque en sus propias empresas le dan gran importancia a la educación, y actualizan permanentemente a sus mandos, creen en ellos. Entonces, digámosle a la empresa privada, ¿por qué no mirar hacia la educación primaria, secundaria o superior?

Por ello, cuando se habla de tantas situaciones de crisis económica, debemos llamar la atención el por qué no se facilita -como siempre se hizo en el pasado- el que se pudiera ayudar desde la empresa privada al proceso educativo. ¿Por qué el Estado quiere encargarse sólo del tema, si no puede con él, y por qué paraliza tantas iniciativas solidarias?. Si hablamos de números, las deducciones económicas a las empresas privadas serían cifras totalmente pequeñas que no afectarían en absoluto la situación económica del país, y en cambio animarían la solidaridad, la iniciativa privada y la motivación que deben tener el sector privado para ayudar al sector estatal.

Pero pensemos en cómo vamos a hablar del maestro o de la educación si no hay recursos; porque la educación no se hace en el aire, se hace con libros, se hace con cursos, se hace con capacitación, y también con remuneración digna. Y cuando no hay recursos, es muy difícil hacer milagros. Por eso, este proceso requiere de la transparencia de los diferentes actores en la educación, para que alejados de situaciones políticas e ideológicas, se aboquen a dar una buena educación.

Estoy seguro que el día de hoy, el Señor sabrá bendecir estos esfuerzos. No entramos a discusiones ni políticas, ni económicas, pero recordemos la voz de la Iglesia en el tema educativo. Tenemos una trayectoria como Iglesia de siglos, y en ella, los dominicos, franciscanos, jesuitas, agustinos, mercedarios, junto a los laicos, sacerdotes y jóvenes han contribuido muchísimo a la educación peruana.

Son muchos siglos de aporte católico, siglos incluso en los que la Iglesia tenía presencia en los lugares de frontera, donde no llegaba nadie. Esa Iglesia dice hoy, dejemos de lado las ideologías políticas; Estado respeta el esfuerzo que hace la Iglesia, no estemos siempre en el límite. Y le dice al empresario privado: interésese, porque es mucho más barato educar que arreglar las lunas rotas o tener problemas de huelgas y despidos.

Concordemos una política sana, como se hacía no hace tanto tiempo, cuando la empresa privada podía ayudar a la educación y había una deducción, algo que los dogmas de hoy no aceptarían. Pero la cantidad que afectaría al fisco sería mínima, y el bien que haría a la educación sería enorme. Por ello, ¿por qué no soltar un poquito de esos recursos, para que la entidad privada pueda ayudar a hacer más por la educación en todos sus niveles?

Les agradezco su presencia, es especialmente significativa señores rectores, profesores universitarios, profesores de los colegios, para que hoy el Señor los mire con misericordia, y ojalá, digo algún día, las autoridades -como siempre ha sido- estén presentes en esta acción de gracias que lleva la Iglesia en nombre de los maestros, ante la presencia de nuestro Dios, nuestro maestro.

Vamos a pedírselo a la Virgen, para que Ella abra estos caminos.

Así sea.

 

 

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