- Domingo, 8 de setiembre de 2002 -

Muy queridos hermanos en Cristo Jesús:

Hoy la Iglesia celebra una fiesta muy bonita, que es la Natividad de la Virgen. Es el día del nacimiento de María, y nosotros -con nuestra manera de pensar humana- recordamos cómo, cuando se celebra un nacimiento o cumpleaños, nos reunimos para saludar, felicitar o llevar regalos; es en ese clima que yo invoco a la Virgen María, con estas palabras del Salmo que hemos escuchado hoy: "ojalá escuches la voz del Señor, y no endurezcas tu corazón".

Le pedimos eso a ella, ojalá escuchemos estas palabras de Dios y dejemos que entren en nuestro corazón. María quiere enseñarnos el amor, ya que María es la mujer del amor, la madre de Dios, es el amor hermoso; tiene un amor tan maravilloso que al ver a su hijo muerto en la cruz no lo separa de él, ni siquiera hay una sola palabra de cólera ni de rechazo, porque María es fiel y muy buena mujer.

María nos quiere enseñar el amor, y es lo que yo quisiera hacer en el día de su cumpleaños. Por ejemplo, en la sierra se celebra la Virgen de Cocharcas, santuario precioso en la zona de Andahuaylas, y en varios pueblos tenemos también esta advocación; ya que María dejó su huella como maestra del amor, y eso es lo que le vamos a pedir ahora.

El Papa, hablando de este tema, dice algo que es a veces difícil de entender, pero ayuda mucho; dice que "el amor no es cosa que se aprenda", pero agrega: "sin embargo, no hay nada que sea más necesario para enseñar". Entonces debemos, de la mano de María, procurar enseñarlo.

¿Pero cómo ama un padre a su hijo?, pues no existen métodos; ¿y cómo ama una esposa a su esposo?, pues no existen métodos, lo que tenemos son ejemplos de lo que no es el amor, y de lo que sí es el amor. Pero ¿cómo surge esa comunicación entre hermanos que se quieren, entre padres e hijos, entre esposos, entre unas voluntarias y sus enfermos?, ¿ y cómo surge esa comunicación entre distintas formas de amar?.

Pues surge con ese lenguaje que sólo Dios puede tratar de enseñarnos, y en ese sentido, debemos recordar las palabras del Papa: "cuando era muy joven, aprendí a amar el amor humano, y vi la necesidad de dedicar todas las fuerzas a buscar un amor hermoso". Por eso, un primer propósito hoy, en la fiesta de nuestra Madre, es decirle: "María, ayúdanos a encontrar, a cultivar, a crecer, con lo que es el amor hermoso. No cualquier amor, sino el hermoso". Cada uno reflejará en la propia vida cómo lo hace.

Y en la segunda lectura, San Pablo ha dicho: "a nadie le debes nada, más que amor, porque el que ama al prójimo, tiene cumplido el resto de la ley". San Pablo nos dice que hay una ley que nos enseña dentro de nosotros lo que es amor, lo que está bien, y lo que no es amor.

Es una ley interior que está en tu conciencia, y que todos la conocen. Podemos no seguirla, pero lo que no puedo decir es "no la conozco".

Dice San Pablo: "sabemos que la ley es espiritual, está dentro de mi alma, pero yo soy de carne y hueso, y estoy vendido como un esclavo al pecado". Ahora reflexiona y dime: ¿no es cierto que es así, que a cada rato sentimos esta esclavitud del pecado?, porque también nos dice San Pablo: "no logro entender lo que hago, porque lo que quiero no lo hago, en cambio lo que detesto, sí lo hago; y por eso, no soy yo el que actúa, es el pecado que actúa en mí, porque se que en mí, en mi carne no habita el bien. Pues querer el bien está a mi alcance, pero ponerlo por obra, no"

Y es que todos hermanos sabemos donde está el bien, pero ¿por qué me cuesta ponerlo en práctica, Señor?. Es que esa es la ley del pecado, y la ley de la gracia; por un lado está esa inclinación del cuerpo que te pide instintos, pasiones, cóleras, desorden, malos pensamientos, malos deseos, porque hay una ley que es la inclinación que dejó el pecado en todos los hombres. Y al mismo tiempo hay otra ley: la ley de Dios, que constantemente viene para enderezar, si es que luchas, si es que quieres.

Por eso, tratemos de saber qué es lo que quiero, y ojalá podamos decir "yo se cómo querer a mi hijo, cómo comprender a mi esposa, cómo respetar a mi padre, yo se que si tengo un compromiso en la familia y en el matrimonio no me es lícito buscar otro hombre u otra mujer".

Ojalá podamos decir "yo se que el matrimonio es un compromiso de uno con una para siempre, pero hay otra ley en mis miembros, que a veces me lleva a buscar lo que no debo; Señor, dime ¿cómo se produce esta cosa tan rara?, yo quiero a mi hijo, a mi esposa, a mi hogar, pero ¿por qué hay otra ley que no me deja hacerlo?".

Pues busquemos el amor hermoso, que es esa ley de Dios que te dice "lucha, no te desesperes, no te desanimes"; acoge la gracia de Dios, acércate y confiésate con él. Y es que esa ley del pecado solamente se absuelve en la confesión, no hay pastillas, no hay sicólogos, no hay entusiasmos, es algo que está dentro, es un misterio del Señor.

Dios ha puesto ese sacramento, el de la confesión, para que vayas con arrepentimiento; y si no estás preparado, rézate un padrenuestro. No puedes comulgar entonces, pero si puedes hacer pedidos a Dios para que te disculpe las ofensas.

Entonces el Señor te escuchará y podrá decir: "este hijo mío está en camino del retorno, lo está intentando". Entonces ya estamos buscando el amor hermoso. Porque hay un solo corazón, pero diferentes maneras de amar, como el amor que se establece entre madre e hijo, entre hermanos, entre una voluntaria que trabaja en Neoplásicas y sus enfermos, entre una voluntaria a su marido, todos son amores, el corazón es el mismo sí, pero el lenguaje con el que se expresa es muy diferente.

Tenemos que aprender a buscar el amor hermoso, y el evangelio nos ha dicho de una manera muy clara que en la vida, cuando cometamos errores, debemos ir y a solas buscar al hermano y explicarle con claridad. Ayer me preguntaban en un programa de radio, "parece que en el Perú se piensa así: ¿cómo lo voy a corregir, si es mi amigo?", o "¿cómo le voy a decir si va a quedar mal?", pero esto es mentira, ya que el amigo corrige a la cara, a solas, no lo corrige en público, no lo trata mal, pero si tiene que escuchar palabras duras el amigo se las dice, y si lo recibe mal, se ve que era muy necesario corregirlo.

Pero, ¿hay que callarse?, lo pregunto porque te dicen "no te metas en líos, para que te vas a meter si después te van a discutir", pero ese no es un amigo, ese es un cómplice. Por eso, hay que corregirnos siempre -entre esposos, en el trabajo, en la actividad personal o pública- diciendo "oye quería decirte esto", pero siempre cara a cara.

Eso es amor, amistad, por eso yo le pido a María en el día de su natividad: "Madre mía, danos ese amor hermoso, ya que como madre nos has enseñado, nos has dado el ejemplo. Danos un corazón limpio, porque se me pegan malos amores, se me pegan malos deseos, dame una mirada pura, porque entre la TV, las calles, etc se me mete a veces mucha suciedad por los ojos, que luego se convierten en malos deseos y pensamientos".

Señor, dame el pudor, que yo sepa vestirme, hablar, que yo sepa comportarme dentro de mis casas y las calles, en ese respeto a mi cuerpo. Y finalmente dame ese pensamiento puro, para que consigas esa felicidad.

Madre mía, te queremos desear hoy un feliz cumpleaños. El día de tu natividad te hemos querido pedir -Reina del amor limpio, del corazón tierno- que tranquilices mis pasiones, que aquietes mis reclamos del cuerpo. Enséñame a ir al encuentro del amor hermoso que tiene un valor muy grande: la santa pureza.

Porque mi cuerpo es templo vivo del Espíritu Santo, el templo de aquella mujer es el cuerpo del Espíritu Santo; y el cuerpo de aquella joven, de aquel enfermo, de aquel anciano, de aquel novio o novia, es templo del Espíritu Santo.

Tratemos las cosas santas de manera santa, así encontraremos una vida gozosa.

Así sea.

 

 

[Reseña histórica de la arquidiócesis]
[Peregrinación por las Iglesias de Lima]
[Advocaciones y santos peruanos]
[Mensajes del Santo Padre al Perú][Enlaces]