- Basílica Catedral de Lima, 10 de marzo de 2002 -

Muy queridos hermanos en Cristo:

Me acompañan hoy en la concelebración, monseñor Carlos García y monseñor José Antonio Eguren, dos de los tres nuevos obispos auxiliares de Lima, y que serán ordenados el día 7 de abril, a las 10 de la mañana aquí en la Basílica Catedral.

Cada domingo, la palabra de Dios nos viene a ayudar, a acompañar, a decirnos algo. Es cierto que Dios las pronunció hace tiempo, pero hoy, El me quiere decir algo tanto a ti como a mi. Por ejemplo, en un pasaje del evangelio, hemos visto que Jesús le pedía agua a la samaritana, diciéndole: "tengo sed, dame de beber"; mientras en otra ocasión, hace hablar al mudo. Y es que había un demonio que dejó a un hombre mudo, como en otra ocasión dejó a un hombre sordo, y a un tercero, ciego. Y debemos recordar que siempre que hablemos de los ojos y de la ceguera, ello es lo contrario a la luz, y por eso Jesús te dice a ti y a mi hoy: "yo soy la luz del mundo".

Y siempre es bueno preguntarse: "Jesús tú, para mi, ¿eres la luz, eres quien me enseña, me conduce de la mano, eres tu quien me acompaña, soy yo el que te obedece?; ¿o es que sigo un poquito ciego?". Hay que preguntarse el por qué estas enfermedades físicas y a veces morales; las enfermedades físicas que hacen que a veces uno sea cojo, que el otro esté mal de la cabeza, el de más allá se rompió un brazo, el niño que no puede caminar, etc... esas enfermedades físicas de alguna manera son una llamada de la luz, pero también son una llamada para que ese dolor me ayude luego en mi vida. Ya veremos cómo, más adelante.

A veces el dolor no es físico, sino es moral, cuando alguien te trata mal, cuando alguien te hace daño, cuando tienes una dificultad en tu casa, con tus hijos, con tus padres, con tus hermanos, o si tienes algún dolor, eso es frecuente. Y para eso también me dice Jesús, "soy la luz". El mundo de hoy acumula de una manera increíble tanto dolor, el que no se extiende solamente a las guerras, sino a la falta de respeto, la falta de responsabilidad, la falta de una justicia que permita a mucha gente poder comer, trabajar; se extiende también a la falta de apoyo a esa persona que tal vez se encuentra un poco sola, o está pasando un momento difícil, o una juventud que está un poco desconcertada, da vueltas y no sabe bien a donde va.

Esa juventud parece rebelde pero no es rebelde, tal vez le falta la luz; cuando el mundo acumula todas estas dificultades y uno se pregunta, ¿qué pasa?, la respuesta está en el evangelio de hoy. Porque El es la luz, pero si uno no quiere encender la luz en su alma, vivirá siempre a oscuras.

Y fíjate, justamente el Papa nos dice, para que podamos comprender: "no se debe mirar tanto al hombre pecador, no debemos dar tantas vueltas nosotros pensando porque hizo esto, porque estaba ciego, porque los pobres, porque el trabajo, no"...más bien dice el Papa: "miremos a Cristo, el Hijo de Dios, que no había merecido sufrimiento, que podía haberse eximido y no necesitaba sufrir. En cambio, por amor nuestro, El se comprometió a fondo en el camino del sufrimiento".

Recordemos que El soportó dolores de todo tipo, de orden físico -lo clavaron en la cruz, y no quedó una gota de sangre en su cuerpo, tanto así que al final salió agua cuando lo hirieron con la lanza- y también de orden moral; no solamente porque lo insultaron, porque le hicieron acusaciones falsas, porque lo despreciaron, ni siquiera porque sus discípulos lo abandonaron, sino que el gran dolor moral de Jesucristo, es que sintió de una manera misteriosa, que su espíritu era abandonado por su padre Dios.

Tal vez no hayamos pensado en eso, pero el gran dolor de Jesucristo es que su padre Dios nos quiere tanto a cada uno de nosotros, quiere tanto el amor y el perdón para cada uno de nosotros, que hizo que su Hijo Cristo sienta que había sido abandonado en la cruz.

En realidad no lo abandonó nunca porque es Dios, pero el Hijo sintió por unos instantes lo que misteriosamente -no lo sabemos explicar- percibe en la cruz como que "mi Padre me ha volteado el rostro".

Y por eso Jesús sudó sangre. Hermanos, esto no es para que yo me mire a mi, y luego mire a este ciego, y aquel otro, no...se acerca la Semana Santa, más bien miremos a Cristo, valoremos la prueba de fe tan grande que nos está dando para poder ayudarme, para poder responder al porqué tanto dolor, al porqué tanto sufrimiento, tanta enfermedad, al porqué tanta injusticia, porqué tanta maldad, por qué tanta falta de responsabilidad. Y Jesús nos dice entonces: "mírame un instante. ¿No vas a meditar despacio lo que a mi me paso?, porque de esa manera se entiende un poquito que el dolor es prueba de amor", nos dice.

¿Y tú sabes cómo está en tu alma esa gran luz que es el Señor?; la respuesta es en tu conciencia, por eso que importante es formar bien la conciencia, ya que ella es la que me dice dentro del alma, "esto está mal", aunque otros digan "no, para mi no, no estoy de acuerdo, para mi es una exageración, etc". Pero en el silencio de tu conciencia, le pido al Señor: enciende la luz de nuestra conciencia, para formarnos bien. Porque lo que está mal está mal, lo que está bien, está bien, y no solamente saber a veces es difícil, también hacer el bien cuesta.

Nos dice San Pablo en la segunda lectura, "camina como hijo de la luz, buscando lo que agrada al Señor". Fíjate, la Iglesia fue fundada por Jesucristo, no fue fundada por mayoría de votos, la Iglesia no se fundó por opiniones, Jesús la instituyó; los mandamientos no fueron hechos por consenso. Digo esto porque está tan metida en el mundo de hoy esta teoría de que todo es por mayoría. que podríamos llegar a decir: "a ver, vamos a ver si Fulanito se puede casar, levanten la mano. Siete a cuatro, se puede casar". O sino: "¿Fulanita puede divorciarse?, a ver, nueve a cuatro. Sí, puede divorciarse". O te dirán en un hospital: "levanten la mano los que quieran que se opere al paciente tal".

Están equivocados, yo voy al médico, y que no hagan votación, que el médico decida, y yo acepto. Igual, la Iglesia la hizo Dios, y entre los mandamientos, y la aceptación de estos mandamientos, está el que el sacerdote viva la castidad, ese compromiso de entregar su vida entera a Dios, libremente. Porque cada uno libremente entró a la iglesia, sabiendo que la Iglesia le pedía entregarle su corazón a Jesucristo.

El no les dijo "eres perfecto, eres mejor que los demás", y no les dijo "el matrimonio es malo", no. Les dijo "aquellos que me quieren seguir, háganlo con su vida", y por eso, a lo largo de los siglos, la Iglesia va con su enseñanza, explicando porque es necesaria que el sacerdote entregue toda su vida, lo que se llama el celibato.

Pueden decir que los ortodoxos, pueden decir que el pasaje tal de tal profeta, pueden decir que en el evangelio dice, al final pueden decir lo que quieran. Hermanos, la Iglesia está fundada por Jesucristo, que le dijo a Pedro: "sobre esta piedra edificaré mi Iglesia". A Pedro, el Papa, que hoy es Juan Pablo II, Dios les dijo "yo estaré contigo, tú harás esa enseñanza", por lo tanto, no es la conciencia algo en que cada uno tiene su punto de vista.

Jesús, enciende la luz, sobretodo cuando empieza a ver a veces este ambiente en alguna televisión, en algunos medios, y se empieza este -me parece- deseo de confundir. Yo como Pastor, no estoy para estar en vitrinas, para ser protagonista, pero sí para recordarles cómo es la Iglesia, quien la fundó, quien nos enseña, y para decirles que esa luz de nuestra conciencia correctamente formada, no es cuestión de mayorías o minorías.

Por eso, atento cuando dice San Pablo: "despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, Cristo será tu luz". Yo le pido esto a través de Nuestra Madre Santa María, que la Iglesia sea esa luz, que la Iglesia sea ese remanso de verdad, de paz, de enseñanza, que la Iglesia lo siga siendo para este pueblo peruano, como lo decía ayer el presidente del Ecuador hablando de Santa Rosa de Lima; vieran con qué agradecimiento mencionaba a esa santa maravillosa, y a San Martín de Porres, Santo Toribio de Mogrovejo, San Francisco Solano.... Y tú que me escuchas, ¿no serás uno?; y si me dices "yo tengo pecados", pues te diré que ellos también tenían, yo también tengo, por eso te pregunto ¿no serás tu uno?.

¿No deberíamos encender la luz sabiendo que el Señor, si soy ciego, nos va a enseñar el camino?. Vamos a pedirle Madre mía, que yo tenga la humildad de encender la luz, dame esa fuerza. De esa manera, cuando veamos tanto dolor, tantas dificultades, no nos dejemos desanimar, enciende la luz y el Señor te dirá "únete a ese amor que está unido al dolor".

Que Dios los bendiga a todos. Así sea.

 

 

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