
- Domingo, 14 de julio de 2002 -
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Muy queridos hermanos en Cristo Jesús: Cada domingo, la palabra de Dios nos enseña algo nuevo. Hoy encontramos en la Carta del Apóstol San Pablo, las palabras que reflejan lo que pasa en nuestra vida muchas veces; él dice "sostengo que los sufrimientos de ahora, no pesan lo que la gloria un día se nos descubrirá, porque la creación esta aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios". San Pablo nos dice que la creación, la gente, espera el anuncio de la palabra de Dios, y nos dice que el dolor que sentimos a veces en su espera, es producto del egoísmo que ha sembrado raíces en el corazón. Porque decimos "no me importan los demás", a pesar que Jesucristo nos dijo "ama al prójimo como a ti mismo", y ese egoísmo me lleva a despreciar al prójimo, hacer sólo lo que me beneficia. Ese grito en el fondo de nuestra alma es el grito de esa esperanza en Cristo Jesús y en la Iglesia Católica, para despertar en las almas el deseo de ayuda al prójimo, el deseo de preocupación por los demás. Por eso, cuando el egoísmo siembra sus raíces y no le importa nada más que lo que le beneficia, genera violencia. Genera violencia porque si yo veo que no respetan mis derechos, si yo veo que no se obedece, que no se respeta lo que puede ser una norma, lo que puede ser una paz social, lo que puede ser un derecho al trabajo; cuando todo eso no se respeta por culpa del egoísmo, surge la violencia, porque dices "si nadie me defiende, entonces me defiendo yo". Entonces, debes recordar la palabra de Jesús cuando dice: "hermanos, los sufrimientos no pesan lo que la gloria un día nos va a descubrir, pero eso también es tarea nuestra. Por eso, llamo a tu corazón, tú tienes que hablar, tú tienes que comportarte de tal manera que los demás puedan decir: "él mira, cree, y como cree, actúa". Porque no te dejas llevar ni por el egoísmo, ni por la violencia, ni por la mentira. Por ello, pensemos primero en mi vida, en tu vida, pensemos primero cómo estoy en mi relación familiar, en el trabajo, en las calles; porque quien tiene una responsabilidad mayor tendrá también que pensar más cómo se comporta en este cargo público, o tendrá que pensar más esa decisión. A veces ese dolor de parto, esa angustia, ese desánimo, esa frustración, brota del corazón de cada uno porque falta Dios. Por ello, pregúntate sobre tu propia vida, y no tengamos esa actitud un poquito hipócrita de vivir como si Dios no existiera. Es como que ustedes me dijeran: "¿cómo puede usted Monseñor hablar de Dios, de la esperanza?; ¿acaso no ve la pobreza y la violencia, no ve a veces tanta corrupción?". Y yo tendría que decirte que predico por la esperanza, porque Dios está presente en tu hogar, en tu alma, en tus hijos, en tus padres, y Dios quiere que desde esa conversión interior surja ese empleo, ese orden público, ese respeto por la familia. Porque todo ello no va a darse a través de puras leyes, va a darse finalmente porque Jesús sigue presente. Por eso Jesús dice: "porque nosotros poseemos las primicias del espíritu, estamos aguardando la hora de ser hijos de Dios". A veces hay impaciencia por ese mensaje de la Iglesia, pero la Iglesia tiene siempre la palabra de Cristo, su Doctrina Social, su sacramentos y los mandamientos, para que el Cristo vivo haga que cada uno de nosotros despierte. A veces veo que en personas que tienen una gran fe y una gran confianza en Dios, surge el miedo cuando deben poner en práctica esa fe, y dicen: "¿qué pensarán los demás?", "¿qué imagen voy a tener?", "¿qué van a decir la mayoría?". Y yo te digo que cuando la verdad no es popular, es ilegítimo buscar la popularidad. Porque yo no puedo vender la verdad para tener mayor acogida como Pastor, yo tengo que decir la verdad como me la enseño a mí la Iglesia, como está en el evangelio y más, cuando a veces hay circunstancias especialmente más difíciles. La gran crisis en la que está el país es de orden moral, y cuando hablo de orden moral podemos repasar los sacramentos; porque hay una enorme falta de veracidad, hay una falta muy grande de justicia, ya que se acomodan las cosas; también hay una gran falta de generosidad y un gran egoísmo de unos cuantos en contra de otros. También hay una violencia que maltrata a los demás. Todo esto configura una crisis de orden moral, porque si yo creo en el respeto al prójimo, procuraré ser justo con él, y si yo creo que merecemos conocer la verdad, procuraré amarla de verdad. El domingo que viene haremos una colecta y toda esta semana la dedicaremos a ayudar a miles de hermanos que pasan frío en el sur, y que requieren de nuestra ayuda. No podemos cambiar el clima, pero podemos dar algo de lo nuestro si creemos realmente en ese orden moral, que no es político ni es sólo de hoy, ya que es el mismo que predicó Jesucristo. De otro lado, recordamos un aniversario más de la Revolución Francesa, aquella que postuló: "la inteligencia es Dios, la razón humana es Dios, y no necesitamos de Dios, hagamos un dios nuestro". Y esa soberbia puso tres grandes palabras en su época: libertad, igualdad y fraternidad. Pero destrozó la Iglesia Católica, e hizo sus templos de esas tres palabras -con enorme respeto por ese país maravilloso que es Francia- lo que fue un atropello que, sin embargo, se celebra como un gran evento internacional. Porque se pisoteó el mensaje de Dios en esa época, por unos años, y los enciclopedistas, los Rousseau, los Voltaire, ya están todos en el cementerio, y sin embargo la palabra de Dios sigue. Por ello, no dejemos que Dios esté sujeto al clima o al momento, porque la palabra de Dios permanece y Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre. Ayer hubo una actividad por el Palacio de Justicia, con música, gritos y continuas alusiones a Jesucristo, pero ellos deben saber que Cristo está en la Iglesia Católica. Yo no quiero pelear con ninguna otra religión, pero debemos recordar que Jesús fundó una única Iglesia sobre un único Pedro, que ahora es el Papa Juan Pablo II, y nos dejó a nuestra madre, la Virgen María, de quien celebramos en estos días la Virgen del Carmen. Esas son las razones que nos distinguen de otras religiones, muy respetables, que anuncian a Cristo pero no aceptan a Juan Pablo II ni aceptan a nuestra madre, la Virgen María. Evidentemente hay una buena voluntad en otras religiones, pero recordemos que Jesucristo fundó esta Iglesia, puso la primera piedra en Pedro, y su sucesor es Juan Pablo II. Luego estableció una jerarquía y nos dio unos mandamientos y unos sacramentos, y esa es la Iglesia Católica que sigue a través de los siglos. Hoy puede tener más o menos acogida, pero ¿acaso buscamos el rating?, ¿acaso tengo que tener buena o mala imagen?; porque lo que tenemos que hacer es anunciar la verdad. Por eso, en el evangelio dice Jesús: "hay algunos que miran y no ven, hay algunos que escuchan y no oyen, han cerrados sus ojos porque tienen el corazón embotado. No aman la verdad, no reconocen sus faltas, no se arrepienten, no están con Dios". Por eso hoy, reflexionemos con estas palabras de Pablo a los romanos sobre la esperanza, el optimismo, y despertemos nuestra conciencia para hablar, para dar a conocer, para saber que la Iglesia, al margen de hechos pasajeros, es la misma ayer hoy y siempre. Dice el Papa hablando de la Virgen: "pueden llegar momentos de cansancio, de desilusión y de amargura, por las dificultades de la vida, por las razones sufridas, por la falta de ayuda y de modelos, por la soledad, que lleva a la desconfianza y a la depresión, o por la incertidumbre en el futuro; y si alguna vez te encuentras en esa situación, recuerda que el Señor ha querido poner junto a nosotros a María Santísima". Piensa cuántas veces has visto en tu vida esos momentos. El día 16 que se celebra la festividad de la Virgen del Carmen, dile así a nuestra madre: pongo en tus manos mi familia, mi conducta, mi dolor, mi deseo de trabajo, mi preocupación por el futuro. Madre mía, que de una vez vuelva a iluminar nuestra patria la verdad, la paz, la colaboración, y saca el egoísmo, la mentira, la violencia y la venganza, para establecer la esperanza de un mundo mejor. Abajo el rating, la imagen, porque importa la verdad y eso es lo que queremos todos. Por ejemplo, ¿qué quiere una madre?, pues que el hijo venga y le de un beso, ella no quiere que haga una declaración notarial que la quiere; ¿qué quiere un buen alumno en el colegio?, pues aprender, no quiere que su colegio declare que él es muy bueno, sólo quiere aprender. Entonces preguntémonos, ¿qué queremos todos en el país?, pues que mejore el empleo, que mejore el trabajo, que haya más paz social, y para esto hace falta un gran acuerdo, no en papeles, sino un cambio en el corazón. Hace falta no solamente hablar de Dios, sino vivir conforme a Jesucristo ayer, hoy y siempre, vivir en la alegría de los que se saben hijos de Dios, y de esa manera la Iglesia seguirá iluminando con su palabra, con su ejemplo, al margen de la política. Vamos a pedirle a la Virgen, vamos a acompañarla en esa fiesta de la Virgen del Carmen, para que realmente nos llene de paz, nos llene de optimismo y esperanza; no podemos caer en la frustración y en el desánimo, ello no es cristiano. Así sea.
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| [Reseña histórica de la arquidiócesis] |