
- Domingo, 17 de febrero de 2002 -
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Muy queridos hermanos todos: Hoy, de manera especial le damos gracias a Dios como les dije al comienzo, por esta muestra de confianza del Santo Padre, Juan Pablo II, por nombrar a estos tres hermanos nuestros, obispos auxiliares de Lima. Es una muestra de confianza, y al mismo tiempo una petición que les hace el Papa de una mayor entrega al servicio de la unidad en la Conferencia Episcopal. Son buenos colaboradores, buenos sacerdotes, y pronto tendremos la fecha y todo lo demás para conocer cuando serán ordenados los obispos. Pero desde ahora, tienen ya todos los derechos y el tratamiento, aunque no les guste ya son monseñores, porque muchas veces uno prefiere seguir en el nivel de un sacerdote que trabaja por los fieles. Pero la Iglesia nos pide ese servicio, diciéndonos "id por todo el mundo, a predicad el evangelio". Y de esta manera, ellos constituirán evidentemente una gran ayuda para el Arzobispo, pero yo diría sobre todo para toda la Iglesia, porque el arzobispo es de la Iglesia, no solamente del Perú, sino del Colegio Episcopal en el mundo; y serán una gran ayuda también para la Iglesia en el Perú y para la iglesia en Lima. Por eso, agradecemos mucho a Dios, y agradecemos también a ellos que han correspondido a esta gracia que el Señor les da, aceptando esta carga, porque es una carga, un servicio. Yo quisiera brevemente glosar la Sagrada Escritura de hoy, porque es muy importante: es muy importante porque en la primera lectura del Génesis nos explica cómo fue la primera tentación, cómo entró el demonio a molestarnos a nosotros, no pensemos en Adán y Eva, sino en cada uno de nosotros. Luego nos habla el Apóstol San Pablo cómo Jesucristo nos redimió de esa tentación del demonio, y luego el evangelio nos relata un pasaje muy especial, cuando el mismo Cristo que se somete a la tentación. Por eso, la vida nuestra le pido al Señor que nos ayude a entenderla, no se puede ir adelante si no se reconoce la realidad del pecado. Lo decía Paulo VI y tiene razón: el gran pecado -decía- del siglo pasado, y de este siglo también, el gran pecado es pensar que no hay pecado. El pensar que son fallos que cometo de casualidad, o pensar que "fue un error", o "es mi carácter", o "es una política de no se quién", o "es fulanita que me tiene mal", o "lo otro que no me obedece"; e intentamos explicarlo, y el demonio se muere de risa, porque dice "ya se olvidaron de mi. Por lo tanto, puedo trabajar a mis anchas", dice. Es como cuando un ladrón se convierte en dueño de la caja fuerte, y dice "ya tengo la llave de la caja, y soy el ladrón", dirá. Y todos están buscando si ha sido el portero, si ha sido el otro, y es él quien tiene la llave y él ha sido el ladrón. El demonio, con nuestras almas, lo que más le interesa es no existir, pero hermanos -y yo se lo pido al Señor- cuando sientes dentro de ti esa inclinación, ese pensamiento, esa cólera, esa tendencia al egoísmo, esa mentira, ese maltrato, ese deseo del impulso sexual, ese deseo del impulso de la venganza, cuando sientas eso, por un lado quédate en paz pensando en que no es que seas tan malo, es que el demonio está entrando, y está empezando a oler esos pensamientos, esos deseos, esas inclinaciones, lo que la Iglesia llama "tentaciones". Si reconoces que es el demonio, entonces vas a reaccionar, y vas a decir "ladrón fuera". Cuidado con el pensamiento, como el de aquel hombre casado que comienza a fijarse en aquella otra mujer; oye, ya se que es bonita, ya se que eres muy fiel a tu esposa, pero déjate de mirar, déjate de pensar, porque el demonio está entrando poco a poco, para ir rompiendo tu hogar, tragedia contemporánea. San Pablo te dice: "así como entró el demonio, también entró el nuevo Adán, Jesucristo", y Jesucristo te dice "acércate a la confesión, pero primero reconoce tus pecados". Si reconoces tu pecado, acércate a la confesión para esta venida, para redimir, para perdonar, pero hermanos, por amor a Dios, no pensemos que el demonio es una especie de humo, no pensemos que es esa caricatura que a veces vemos en películas, en libros, en televisión. Eso es una burla para los que creemos en el demonio, aunque pensarán que somos tontos. Y ya lo verán, vale la pena creerlo ahora, pero aquellos que piensan que somos tontos, ya lo verán, pero será tarde. Por eso, no es que uno quiera asustarlos, decir que la religión es represiva, no.. pero yo no puedo, en silencio, dejar que el lobo entre a comerse a las ovejas, no puedo darle al ladrón las llaves para que entre y saque todo, no puedo darle la amistad a quien viene a mi casa a destrozar la unidad familiar. Entonces, el demonio es así, y por eso vemos en el Génesis cómo el Señor creo al hombre y a la mujer, diciendo: "El Señor planteó un jardín, y colocó al hombre que había modelado . E hizo brotar del suelo toda clase de árboles, hermosos". El Señor hizo un mundo para ti y para mi, hermoso, con tu hogar, tus hijos, el trabajo, el deporte, la cultura, la tecnología, hermoso, pero puso una condición: "yo quiero que me acepten como el Dios, yo he creado esto, lo único que les pido es, acérquense que yo los amo". ¿Cómo no vamos a aceptar a ese padre que nos ha dado la vida, es cómo si tus papás te dijeran al nacer "lo único que quiero es tu cariño, nada más. Acéptame como tu padre o como tu madre, no te pido nada más, y nada menos, y por lo tanto yo que soy tu padre o tu madre, procuraré educarte, procuraré decirte a veces lo que no está bien". Y por eso, dice aquí que el Señor les dijo: "Mira, hay árboles en que se determina el bien y el mal, de éste último no como". ¿Qué quiere decir Dios?, pues que el bien y el mal lo determinó El, Dios, y lo determinó dando una ley que está en tu corazón, la ley natural. Que te orienta, porque todos sabemos cuando hacemos el bien, y cuando hacemos el mal, todos. A veces, parece que ya no se oye, pero siempre se oye, y por eso el Señor les dijo: "toda esta maravilla para ustedes, pero el bien y el mal yo lo determino porque yo lo conozco. Yo te voy a ayudar y te pongo en tu conciencia, dentro de tu corazón, esa ley natural, que te va a decir al oído, "esto está mal, pero te voy a dejar libre". Por lo tanto, no comas de ese árbol, porque sería la soberbia en que tu decides lo que está bien y lo que está mal. Vino el demonio -piensa en tu vida y en la mía- y te dijo "¿pero por qué te ha dicho que no comas de todos los árboles?, mentira, sólo te ha dicho de uno". El demonio siempre comienza la tentación mintiendo, no una mentira muy grande, porque no le harías caso, sino una mentira a medias, que es la peor mentira. Te lo digo a ti para tu propia vida, y a mi para mi propia vida. Si yo dijera que soy un avestruz, ustedes me dirían, "no, no es un avestruz". Está claro que es una mentira demasiado grande, pero si yo dijera que hablo alemán dirían "bueno, de repente sabe, yo no se una palabra de alemán". Pero no sería fácil darse cuenta de la mentira, ya que la mentira mientras más escondida está, es más peligrosa. Piensa en tu vida, en tu conducta, esa pequeña mentira pero constante va haciendo daño, es el demonio que va diciéndoles esa mentira "¿por qué no puedes comer de todos los árboles?", porque quería dialogar, y ya empezó la tentación; y Eva le dice "no, solamente de ese no podemos". Ya el demonio sabe, porque no sabía, el demonio no sabe lo que te ocurre en tu mente hasta que tu no se lo cuentas, apréndete esa lección. Cuando tu no dialogas, cuando tu no dejas que entre la tentación, el demonio no sabe lo que piensas; por eso, cuando supo dijo "ah, me ha dicho esto. Es que si comes de árbol, serás como Dios". Como la homilía siempre tiene que ser breve, para que no se pierda la atención, sólo quiero decirles: mira que el demonio existe, mira que tu Padre Dios es maravilloso. Mira que la tentación existe, el mismo Cristo fue tentado, todos nosotros somos tentados para probar nuestra fe. Pero siempre la tentación empieza con la mentira, por eso el demonio es el padre de la mentira, y esa tentación -y ya me saltó al día de hoy- la vemos en el mundo de hoy, cuando todo el mundo se cree un poquito dios, cuando tu le dices a tu hijo, cuando yo le digo a la prensa, cuando el otro le comenta a un amigo, "esto está mal, encuesta. Un 64 % dice que está mal". Por amor a Dios, desde el Génesis la verdad y el bien, el mal, la mentira, no la hizo Dios por encuesta, El es el dueño del bien y del mal, y lo mío y lo tuyo son los diez mandamientos y la ley natural, la confesión, y la humildad y la oración, no la encuesta. Lo mismo cuando uno dice "oye, esto hace daño a la juventud", y te dicen "eso era en tu época". Oye, el pecado original es más antiguo que mi época. Hace 2002 años que estamos en la época en que el pecado se va cambiando, si antes era A, ahora es Z, si antes era la droga ahora es la discoteca, ahora es el divorcio, después es el aborto...anda y ve la historia de lo que ha sido la mentira del demonio. Hermanos, la cuaresma, nos lleva a esa conversión, la conversión debe de empezar por reconocer nuestro pecado, y perdonar por la confesión. Termino pidiéndole a la Virgen: Madre mía, que eres tan buena, convéncenos del amor de tu Hijo, porque a veces nosotros no nos perdonamos. "Cómo me voy a confesar si he vuelto a hacer lo mismo hoy", te dices. Tu no te perdonas, pero él sí te perdona, y cuando uno no se perdona, es muy duro con los demás. Por eso el la oración del padrenuestro dice "perdona nuestras ofensas, como perdonamos a los que nos ofenden". Y ocurre a veces que muchos no perdonan su propia ofensa diciendo "esto es muy grande", "no tiene remedio, me alejo de Dios, no sirvo para la religión católica". Qué soberbio, qué orgulloso, qué mentiroso, no eres humilde, acércate, pídele al Señor perdón, sí hay perdón para tu pecado. Madre mía, llénanos de esa sabiduría, de reconocer el pecado y por lo tanto reconocer que hay una salvación. Esto es lo que la Iglesia, 40 días, cuaresma, quiere que estemos repasando, porque somos un poquito duros de cabeza, somos un poquito tercos, entonces El dice: "repíteles 40 días, que hay salvación, que hay pecado, y que hay redención". Por eso hermanos, estamos en ese camino de los 40 días de pedir perdón, de convencernos sobre ese Padre maravilloso que es Dios. Así sea.
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| [Reseña histórica de la arquidiócesis] |