- Domingo, 20 de octubre de 2002 -

Excelentísimo Monseñor José Antonio Eguren, Obispo auxiliar de Lima

Muy queridos hermanos en Cristo:

Vuelvo a celebrar la Santa Misa después del viaje a Roma, donde tuve el enorme gozo de asistir a la canonización de San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, y donde pude sentir la inmensa alegría que tiene un hijo cuando se encuentra con su padre, al saludar y recibir la bendición de Juan Pablo II para todo el pueblo peruano.

Por eso, hoy nos reencontramos con especial gozo aquí en el templo de Dios, en la eucaristía dominical.

El 16 de octubre de 1978 Juan Pablo II fue elegido como Sumo Pontífice de la Iglesia Católica. Por lo tanto, ha empezado su año 25 del gobierno de la Iglesia, y el día 22 de octubre, la semana próxima, vamos a conmemorar el día en que públicamente, en la Plaza de San Pedro, fue reconocido en su pontificado con una misa junto a los cardenales del mundo.

Así empezamos el año de las Bodas de Plata del pontificado de Juan Pablo II, quien es para nosotros el Vicario de Cristo, el Vice Cristo, el dulce Cristo en la tierra; y es que la Iglesia Católica tiene en el Papa a su cabeza visible, como si fuera Cristo en la tierra.

Por eso hoy, de manera especial, queremos recordarlo en la eucaristía. Recordemos cuando él inició su pontificado con esa frase que ya se nos ha hecho familiar: "no tengan miedo, abran sus corazones de par en par a Jesucristo".

Ahora te pido que vuelvas a meditar esas palabras: no tengas miedo de dejar que Dios te quiera, te ame, piénsalo ahora, y déjate querer por Dios, siente que Dios te ama, porque si te ama te conoce, si te conoce te guía, y si te guía, te corrige.

No tengas miedo que Jesús entre en tu corazón para corregirte, para guiarte, para conocerte, porque él no puede amar el mal; por eso, a veces el miedo que sentimos es el miedo a dejar que Dios me perdone, el miedo a reconocer mis faltas y decirle al Señor: "aquí estoy, mi corazón está de par en par abierto para que tú entres, lo mires, y elimines lo que está mal. Mi corazón está abierto para que me ayudes a retomar el camino del bien, para que me acompañes y me consueles".

No hay por qué tener miedo hermanos, no hay que tener miedo porque solamente el miedo es para pecar, el miedo es cuando hay algo que ocultar en la persona.

Deja que Dios, con esas palabras de Juan Pablo II al iniciarse hace 24 años, le diga al mundo entero: no tengan miedo. Y recuerda que si Dios te pide todo, te da todo también.

Dios quiere que seas feliz, quiere que vivas en paz, quiere que tu familia esté bien, quiere que hables al prójimo, quiere que encuentres en tus amigos la ayuda que necesitas; Dios quiere sacarte de ese clima a veces de duda, de desesperación, de envidia, de amor propio, de venganza. Quiero sacarte de allí, pero te pide también todo. Porque el amor de Dios es celoso.

Por eso, no tengas miedo hermano, y recordemos con el Papa esa frase: "amor con amor se paga". Y es que si Dios te quiere amar, deja que te ame y devuélvele amor, devuélvele amor -por ejemplo- con la limpieza de tu corazón, y no dejes que entren allí impurezas, mentiras, odios. Limpia el corazón, porque el corazón está hecho para amar.

La vida sin amor no tiene sentido, es triste. Por eso, cuando dice el Papa: "abrid vuestros corazones de par en par", repasa tu rectitud, y piensa el por qué te portas bien. ¿Será por amor a Dios o por quedar bien?. Y piensa también en el porqué evitas hacer el mal: ¿será porque me doy cuenta que hago daño, o porque tengo miedo a que me pase algo?. Respóndete a ti mismo.

Busquemos esa limpieza del amor, busquemos ese saber contemplar con ojos del amor, para contemplar a Jesús y recibir su perdón. El Papa decía en una ocasión, después de muchos años: "yo no sabía que al empezar mi gobierno, cuando dije estas palabras "no tengáis miedo", no sabía que estas palabras me iban a llevar tan lejos". Acuérdate del atentado contra el Papa, acuérdate de esa caída del Muro de Berlín, acuérdate de esos cientos de viajes por el mundo entero, acuérdate de esa salud del Papa por la que vemos que desde la cruz sigue gobernando.

Y yo te repito también que no tengas miedo. Tú me dirás entonces "pero yo no tengo miedo, Cardenal", pues entonces dime por qué no cambias, dime por qué no reconoces tu pecado, por qué no amas al prójimo, o por qué no te acercas a la confesión. ¿No será por miedo, no será que tengo miedo que el Señor me conozca, me ame, me corrija, porque no se pedir perdón?; ¿o no tendrás miedo a quedar mal?.

Piensa que el miedo no conduce a nada, es el amor el que lo hace todo. Y al conmemorar estas fechas del Papa, creo que estas palabras nos van a llevar a todos a hacer un examen más profundo de nuestra propia vida. Cuántas veces uno se corre de sus faltas, de sus errores, de sus obligaciones, pero te sigue como una sombra tu conciencia. Tu puedes correr, pero la sombra viene detrás, porque es la Verdad de Cristo. Entonces no huyas, no tengas miedo.

Y hoy también quiero recordarles, de una manera especial, que el Papa quiere celebrar el inicio de estos 25 años, declarando este año, desde el 16 de octubre del 2002 al 16 de octubre del 2003, como el Año del Rosario, y quiere celebrarlo junto a María, cuando dice: "yo me encomendé a la Virgen, y puse en sus manos todo mi trabajo".

¿Por qué no hacemos lo mismo?. Madre mía, pongo en tus manos mi hogar, mi trabajo, mis esfuerzos, mis dificultades. Y el Papa nos dice en este documento tan bonito sobre el Santo Rosario: "yo mismo he tenido esta oración en un lugar importante de mi vida espiritual desde que era joven. Me lo ha recordado mucho mi reciente viaje a Polonia. Porque el Rosario me ha acompañado en los momentos de alegría y de tribulación, por eso siempre he encontrado en él consuelo".

Se cumplen 24 años, -recuerda el Papa- de aquel 29 de octubre de 1978, "y dos semanas después de la elección a la sede de Pedro, abriendo mi alma, recuerdo que les dije: "El Rosario es mi oración predilecta, plegaria maravillosa, maravillosa en su sencillez y en su profundidad".

"Y cuando alguien me dice, "Su Santidad esas avemarías que se repiten, ¿no son como una cosa monótona?"; yo les respondo: "dime, los que se quieren, ¿no se dicen las mismas cosas siempre?, los que se quieren, ¿no contemplan el rostro de sus hijos, de su esposa, de sus padres, no recuerdan siempre con inmenso cariño, no se cansan?". Por todo eso, es que en el Rosario no nos cansamos de recordarle a nuestra madre esa oración maravillosa, el Ave María.

El Papa lo dice con estas palabras: "queridos hermanos, empezaba yo mi primer año de pontificado un día como hoy, hace 25 años, y entonces me encomendé a la Virgen María. Ahora, cuando inicio el año 25 de mi gestión, quiero hacer lo mismo. Cuántas veces, cuántas gracias he recibido de la santísima Virgen a través del Santo Rosario", dijo el Santo Padre. Y por ello hermanos, el propósito del Pastor de la Iglesia de Lima es que el Santo Rosario se rece en la familia, en las parroquias, o cada uno por su cuenta, pero contemplando siempre a María, que es como dice el Papa, "un modelo insuperable".

Y el Papa nos dice: "la Virgen María tiene una mirada interrogatoria, cuando se encuentra a su hijo, al que ha perdido, y le dice: ¿por qué nos has hecho esto?, y esa es una mirada que interroga. Entonces cuántas veces María nos dirá a cada uno de nosotros: "por qué te has alejado de mi hijo?, ¿por qué te falta ese amor por tus padres?, ¿por qué dejas que la tristeza o el desánimo se metan a tu alma?, o ¿por qué eres indiferente, no te das cuenta que el amor más grande es el que tiene Cristo contigo?".

Y en otro momento, dice el Papa que la Virgen María tiene una mirada penetrante, cuando está en Canaán, por ejemplo, y se da cuenta que le falta el vino; igual es cuando ella se da cuenta que te falta el amor, la alegría, la paz, la fuerza en tu vida. Por ello, escuchemos al orar a nuestra Virgen María, para que con esa mirada penetrante pueda decirnos: "me doy cuenta en tus ojos que estás triste, que me necesitas, y aquí estoy".

Y el Papa más adelante dice que la Virgen María tiene la mirada dolorida, "sobre todo bajo la cruz", y la mirada radiante, "por la alegría del hijo resucitado".

Entonces piensa que en la vida a veces pasamos por la mirada interrogatoria, la mirada penetrante, o por la del dolor o del gozo; y es que María nos lleva por el Santo Rosario a través de lo que Papa llama "el ritmo de tu vida".


Por eso, vamos a rezar por el Papa, por su salud y sus intenciones, vamos a obedecerle, vamos a darle gracias, y vamos a hacerlo rezando el Rosario. No es sólo para señoras o sólo para religiosos o sacerdotes; también es para jóvenes, para niños, para ancianos Es el Año del Rosario, es el año del gozo junto a María por este regalo que es el Santo Padre Juan Pablo II para todos nosotros.

Así sea.

 

 

[Reseña histórica de la arquidiócesis]
[Peregrinación por las Iglesias de Lima]
[Advocaciones y santos peruanos]
[Mensajes del Santo Padre al Perú][Enlaces]