
- Domingo, 20 de octubre de 2002 -
|
Querido padre Humberto Giusti, Párroco de la Iglesia de San Lucas Queridos hermanos religiosos, religiosas: Señor Alcalde de Pueblo Libre: Señor Comandante del Cuerpo de Bomberos: Queridos hermanos todos en Cristo:
El consagrar un nuevo altar significa también un símbolo para nosotros, porque el altar es el lugar donde se ofrece a Dios el sacrificio de su hijo, Jesucristo, y en donde se renueva la muerte de Cristo en cada misa. Nosotros en nuestro corazón, en nuestra cabeza, en nuestros pensamientos y palabras, si queremos también podemos tener un altar limpio, un altar en donde se puedan ofrecer los trabajos y obras de cada día. Porque cada misa es la renovación del amor de Cristo que vuelve a entregar su cuerpo y su sangre, su alma, su divinidad; y hoy vuelve a entregarla aquí por nuestros pecados, al mismo tiempo que nos entrega como alimento su cuerpo eucarístico. Por eso, la Iglesia no es un conjunto de amigos que piensan más o menos igual, la Iglesia es el Cuerpo de Cristo y hay que amarla, respetarla y venerarla. Y el altar que vamos a consagrar es el lugar donde tiene lugar, en cada misa, esa entrega del cuerpo de Cristo. Estas son palabras que todos debemos poner en nuestros corazones. No son tiempos para timideces o para conformismos, son épocas difíciles en las que hay que asumir -como lo hicieron los primeros cristianos hace tres siglos- nuestra labor. Porque ellos entregaban su vida a los leones, siendo mártires de la Iglesia, y nosotros ahora debemos preguntarnos si hay en los corazones sinceridad, si hay amor a Dios, o si hay una entrega como respuesta a la cruz. El Santo Padre ha cumplido el 16 de octubre pasado, 24 años desde que lo eligieran Papa. Y justamente inauguró su pontificado diciendo "no tengan miedo, abran las puertas de sus corazones de par en par para que entre Cristo". Esto es lo que nos dijo el primer día, en que salió a la Plaza de San Pedro, en 1978. "No tengan miedo", dijo el Papa. ¿Y a qué no debemos temerle?, pues al compromiso que supone una religión en que la cruz, el sacrificio, ocupa el centro de todo; y en que la oración -ese encuentro personalísimo con Dios- se convierte en fundamental para conocerlo, para amarlo, ya que siempre hay momentos difíciles. Por ejemplo, viendo aquí a los integrantes del Cuerpo de Bomberos, ¿cómo no rendirles homenaje?; recordemos que ellos cumplen un servicio voluntario en el que permanentemente corren graves riesgos. También destaco la labor de los religiosos que atienden hospitales y clínicas, y que cumplen una entrega permanente al servicio de gente que está enferma, que pasa momentos de soledad, que pasa momentos de agobio, de preocupación. Esto es la Iglesia, personas que se dedican a la educación religiosa, padres y madres que hacen del hogar una Iglesia doméstica y que -como dice Juan Pablo II- educan en la fe. Y por eso el Santo Padre nos dice "no tengan miedo", ya que no son tiempos fáciles, la mayoría no está con nosotros, pero no tengan miedo, cumplan con su deber cada uno en su campo: cumple con trabajar, enseñar, ayudar al necesitado, atender a los enfermos, hacer deporte o venir a celebrar la misa, así todos tenemos nuestros propios deberes, y la cruz está en cumplir ese deber cada día, todos los días. No tengamos miedo a que Cristo entre en el alma, él conoce la Verdad de tu interior y te puede decir "corrígete, cambia, yo te acompaño", pero abre tu alma, déjala totalmente descubierta, él no va a penetrar tu alma a la fuerza. Abre tu alma, sea quien fueres, y deja que Jesús mire todos los rincones, para que ese pensamiento que no es bueno salga, para que esa alegría la pongas en su lugar, para que esa tristeza la saque del medio. Abre tu alma de par en par para que Dios entre en ti, es el mejor médico, es el mejor amigo, a él le gusta ayudarte. ¿Y como se logra esto?, pues con la oración, recuerda que no lo lograrás si no hay un momento de oración cada día, si no hay un momento en que puedes decir "Señor, dame fuerzas que me doblego, dame alegría, dame fortaleza que a veces me cuesta cumplir mi deber". Por eso, no tengan miedo, abre tu corazón de par en par, ya que amor con amor se paga. En segundo lugar, hoy quisiera decirles que este año -desde el 16 de octubre del 2002, hasta el 16 de octubre del 2003- se cumplen las Bodas de Plata del Papa Juan Pablo II, que ha dedicado este año al Santo Rosario. Y lo dice de una manera muy clara, cuando explica: "yo mismo no he dejado pasar ocasión de exhortar a rezar con frecuencia el Santo Rosario. Esta oración ha tenido un puesto importante en mi vida espiritual desde mis años jóvenes, y el Santo Rosario me ha acompañado en los momentos de alegría y tribulación, y siempre me ha brindado consuelo". El Rosario es mi oración predilecta, dice el Papa, y si tu dudas sobre el por qué se repite lo mismo en esa plegaria, el Santo Padre dice: "los que se aman, ¿no se dicen lo mismo todos los días?. Porque esa repetición del avemaría no es mecánica, ¿cuántas veces le dice un padre a su hijo "te adoro", o le ha dado un beso?. Allí ves que no se aburre de eso. Es que el amor lleva al padre a repetirles eso, porque ese permanente quererse no se alimenta de cosas especiales, son casi siempre son los mismos detalles de cariño, de confianza, de un padre con su hijo, del esposo con la esposa, de un hijo con sus padres". Cristo siempre acepta compañía, y María es la intercesora, no pierde batallas, y nunca deja de escuchar lo que le pedimos a su hijo. Por eso, la contemplación de Cristo tiene en María a su modelo insuperable. Hagamos un propósito, cada uno, de aprender o de seguir rezando un Rosario, sabiendo que ha sido esa arma poderosa que venció hace siglos, cuando los herejes se reían de eso. El Rosario es esa arma que me ayuda y me ha acompañado siempre, y me sirve para recordarles que oren siempre el Rosario. Vamos a poner empeño en estar más unidos al Papa, ahora en que nos acercamos a sus Bodas de Plata. Pero debemos quererlo con obras, sin miedo a dejar que Cristo te ame, aunque Cristo es celoso, recuérdenlo; Dios no admite hipocresías, para que él te ame tiene que encontrar un corazón abierto, así que deja que Cristo te ame, te perdone y te comprenda. Al mismo tiempo acércate a él por nuestra madre, porque a Cristo se va y se vuelve por María, por lo tanto, en esas necesidades familiares o religiosas, pídele a la Virgen así: Madre mía, ayúdame a querer a tu hijo, ayúdame a acercarme a los demás, ayúdame a acercarme más limpiamente al secreto de la confesión, al sacramento de la eucaristía, y de esta manera encontraremos en la misa y en el templo, la paz, el gozo. Si primero no somos humanos, difícilmente seremos divinos. Por eso Dios se hizo hombre, por eso Dios viene cada día al altar que vamos a consagrar, y por eso les repito: para ser divinos, hay que ser humanos. Sepamos respetarnos, comprendernos, ayudarnos, ya que cuando hay virtudes humanas como la sinceridad, la honradez, la valentía, entonces también puede existir la fe, la esperanza, la caridad. Cuando hay fortaleza podemos hablar de la audacia apostólica, de la misión, de la cruz, pero cuando falta fortaleza para cumplir los deberes humanos, ¿cómo pediremos fortaleza para los deberes divinos?. Entonces, el Papa nos da el ejemplo en su oración, en su valentía ante la enfermedad, en su entrega que no tiene límites. Por eso, vamos a unirnos al Papa en este año que son sus Bodas de Plata, con la oración, con el Rosario, para que él sienta la fuerza de la Iglesia alrededor del Pastor. Así sea.
|
| [Reseña histórica de la arquidiócesis] |