- Domingo, 24 de noviembre de 2002 -

IGLESIA PERUANA NO ACEPTA EL ABORTO BAJO NINGUNA CONDICIÓN


Muy queridos hermanos en Cristo; especialmente saludo a los movimientos y los grupos de oración que nos han acompañado hoy en el rezo del Santo Rosario:

La Iglesia termina hoy un ciclo litúrgico declarando el reinado de Cristo. Debemos recordar que la Iglesia celebra este reinado con especial alegría, ya que Cristo es nuestro único rey.

Pero él ha dicho así: "mi reino no es de este mundo". El lo ha declarado así, e incluso agregó: "no he venido a hacer política, o imponer mi religión, no he venido a someter a la gente, sólo he venido a ese reino que está dentro de tu corazón. Ese reino que es amar a Dios sobre todas las cosas, y amar al prójimo como a ti mismo".

Por ello, podemos decirle al Señor ahora en esta misa: "quiero que reines en mi inteligencia, en mi voluntad, en mis sentimientos, en mis pasiones, en mis decisiones, en mi hogar y en mi trabajo"; y si logramos con ayuda de la gracia, la conversión del corazón para que Jesús reine en mí, podremos cambiar nuestras vidas.

Cuando eso suceda, el cristiano verdadero saldrá a los caminos, a las calles, a las empresas, al campo, a ayudar a los pobres y a los ricos, a los enfermos, a los encarcelados, a los políticos; el cristiano saldrá por todo el mundo a llevar ese mensaje, y a ofrecer el reinado de Cristo porque está en su corazón.

Si no hay esa conversión, entonces podremos caer en el grave peligro de querer que el reinado de Cristo sea una imposición material, temporal, política, económica o social, y no estaremos obedeciendo a Jesús, cuando dijo: "mi reino no es de este mundo. Yo no traigo un programa político, traigo un programa de vida".

Cuando cambiemos, cada uno de nosotros convertidos a ese Cristo, sirviendo a esa causa de Cristo, iremos por el mundo libre y responsablemente a sembrar las semillas del evangelio. Con toda libertad, los católicos podrán juntarse, asociarse y dejar oír su voz sobre distintos temas, ya que el mundo de hoy necesita la voz de la Iglesia como representante del mensaje de Cristo.

Por eso el reinado de Cristo se distingue del reinado humano. En el humano, el que tiene autoridad, oprime, y hace lo que quiere; en cambio, en el reinado de Cristo se identifica reinar con servir.

Por eso al Papa se le conoce con ese nombre tan hermoso, "Siervo de los siervos de Dios". Por eso cada uno de nosotros, ya sea cardenal, obispos, sacerdotes, religiosos, fieles, laicos o bautizados, debemos explicar en este mundo que ese reinado de Dios está en tu alma, en tu conducta, con los sacramentos. Para que luego, cuando tengas que ejercer un cargo público o cuando tengas que defender una verdad, ese reinado se exprese en el servicio que brindes a los demás.

Es una de las tantas contradicciones que ha traído Cristo a la tierra. Cristo reina desde la cruz, en donde surge una luz muy fuerte, la luz del amor y la luz del dolor. Por eso, en el proyecto cristiano, en el proyecto de Dios, amor y dolor son dos hermanos inseparables.

Del mismo modo, Cristo Rey establece una aparente contradicción que viene de Dios, y que dice así: el que manda, sirve; el que es rey, es rey sirviendo a los demás. Esta frase nos permite comprender y recordar las palabras del evangelio, cuando Cristo dice: "yo le di de comer al hambriento, yo fui a visitar al que estaba preso, fui a consolar al que estaba solo, y fui a vestir al que estaba desnudo".

Y quizás tu te preguntarás: "¿cuándo fue todo eso?", y Dios te responderá: "lo hice cada vez que tú ayudaste a aquel pobre, aquel amigo, o aquel pariente".

Ese es el reinado de la Iglesia, esa es la fuerza de la Iglesia, la oración, la caridad, la ayuda, la comprensión, el perdón. Este es el programa del reinado de Cristo, y hoy me ponía a pensar cuando Dios dijo que irán al cielo "los que son obedientes a su mandato, el que dio de comer al hambriento, el que vistió al desnudo, el que visitó al que estaba encarcelado, o el que curó al enfermo"; pero yo me atrevería a añadir, que irá al cielo el que proteja la vida del no nacido, porque no es posible que con medias palabras, equivocadas, se pretenda -como de hecho ocurre en este nuevo proyecto de la Constitución- reconocer un derecho al aborto.

Por eso también Cristo dice: "benditos aquellos que levantan la voz para defender al no nacido, sea cual fuere su situación". Y no podemos ser tan cobardes de decir así: "la pena de muerte nunca, pero matar al no nacido puede permitirse algunas veces".

Es una tremenda hipocresía, una tremenda cobardía que pretende incluirse en la Constitución de nuestro país. No es lícito callar cuando en nombre de cierto planteamiento seudo científico -porque la ciencia ha demostrado y definido que desde el instante de la concepción existe vida- se comete un asesinato. No hay excepción alguna mientras la palabra aborto signifique el asesinato del que ya tiene vida.

Si el Señor dice que irá al cielo el que da de comer al hambriento, el que visita al enfermo, o el que viste al desnudo, ¿qué palabras tendrá para quien defiende la vida del más débil, del más pobre, del más solitario, o sea, del no nacido?. Qué sociedad tan enferma vemos cuando se asesina a miles de millones en un mundo tan desarrollado, pretendiendo la falacia de enfrentar fe y ciencia.

"Eso es para los católicos", dicen a veces. No señores, la ciencia cada día va abriendo sus puertas a la verdad revelada, y le va mostrando al mundo la única verdad; porque está demostrado que desde el primer instante de la concepción hay vida, y por lo tanto atacarla es un asesinato. Que sobre las conciencias de quienes tienen responsabilidad legal, caiga toda la fuerza de la ley de Dios, porque no es un tema opinable el quitarle la vida a un no nacido.

Por eso hermanos, en esta fiesta de Cristo Rey, celebramos al Dios de la vida, al Dios de la caridad con los pobres, al Dios de la justicia, de la verdad, y por eso he querido de manera especial pedirle a la Virgen -como el Papa nos lo dice- que recemos por la familia.

Que la familia se de cuenta que debemos ser más responsables en el modo de concebir, que debemos ser más responsables en esa relación, muchas veces ocasional, entre hombres y mujeres; que debemos ser más respetuosos de lo que es el amor conyugal, y que debemos establecer una cultura de respeto a la persona.

Pero no vayamos por el camino más corto del cinismo, de la hipocresía y de la cobardía, por no querer educar esos instintos semi animales; y no vayamos por el camino fácil de destruir a los no nacidos, y plantear políticas totalmente abusivas.

Esta es la oferta de la Iglesia, esta es la oferta de la vida. Para quienes han cometido un error, nuestra comprensión y nuestra cercanía hoy que celebramos a Cristo Rey, pero recordemos que el reinado de Jesús es ofrecer la verdad de su mensaje con fuerza, porque realmente estamos defendiendo a los más indefensos.

No lo aceptamos, y esta es la voz oficial de la Iglesia. La Iglesia no acepta el aborto bajo ninguna condición; la legalidad es otro tema. Recemos para que se recapacite y nos demos cuenta que es un retroceso muy grande el abrir una puerta falsa, para que por allí entren los asesinatos.

Tenemos la vida, defendamos a quienes no han nacido y están en el vientre de su madre. Invoquemos así: Virgen María en este Año del Rosario, Madre de Dios, tú que llevaste en tu vientre a Cristo, se la defensora, la reina de todas esas criaturas. No permitas que pasen estos planteamientos que con falsedad se pretenden meter en nuestra sociedad.

Madre mía, acoge esta petición, se que tal vez no será bien recibida en algunos medios de comunicación, pero es la Verdad. Y defendamos la vida del no nacido con todas nuestras fuerzas.

Así sea.

 

 

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