
- Miércoles, 25 de diciembre de 2002 -
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"LA NAVIDAD NOS ANUNCIA UNA DECISIÓN EXTRAORDINARIA DE DIOS: EL HA QUERIDO COMPARTIR LA CONDICIÓN HUMANA, Y CON ELLO, NOS PERMITE COMPARTIR LA CONDICIÓN DIVINA" Queridos hermanos en Cristo: Para todos hoy es un día muy especial, y conforme pasa el tiempo, vamos profundizando sobre el porqué es tan especial esta fecha, que va a cambiar mi vida y también la historia de la humanidad. Por Jesucristo, te pedimos Dios mío que nos concedas compartir la vida divina de aquel que hoy se ha dignado compartir con el hombre su condición humana. Este es el centro del mensaje de hoy, porque esa dignidad del hombre ha recibido algo especial de Dios: ha sido elevado a una condición por la cual -desde el nacimiento de Jesús- puede compartir la vida divina del que hoy se ha dignado a compartir con el hombre la dimensión terrena. Y es que la Navidad nos anuncia una decisión extraordinaria de Dios: él ha querido compartir la condición humana, Dios ha querido ser hombre. Este es el hecho que cambia totalmente tu historia y la mía, y de la humanidad entera. Y nos abre las puertas a compartir la condición divina. Este enorme regalo de Dios comporta un gran misterio, ese misterio que cada uno lleva dentro de su corazón, con sus deseos, ilusiones, gozos, alegrías, penas o dolores, guardados en un sagrario con su propia dignidad. Pero a partir de la Navidad, ese sagrario en donde guardamos todo, se abre a la dimensión divina. Esta es la gran pregunta que la humanidad se debe hacer hoy: ¿se abre el mundo a la dimensión divina?; ¿en cada uno de mis actos, trabajos o dificultades, tengo el clima de gozo, de paz, de esperanza, o del saber que tengo un mañana divino con Dios?. Por eso, el día de Navidad -lo decía el Santo Padre hace algunos días- no debe ser sólo un día de regalos y de consumo, porque el temor es que desaparezca el mensaje de Dios ante un paganismo moderno, un paganismo de no mirar ese Niño y recordar lo que nos motiva el gozo, lo que motiva reunirnos en familia, lo que motiva ese aire navideño, lo que motiva que las armas se callen; lo que motiva que la violencia se detenga aunque sea por unos momentos. Ese milagro lo realiza el que viene, el Niño Jesús. Todo lo que yo quisiera pedirle al Señor en nuestras vidas, es que haya un espacio donde pueda encontrar siempre ese diálogo con él. Así como en Belén, cuando en medio de la naturaleza nace el hijo de Dios y nadie se entera (salvo unos pastores), hoy veo el mundo y le digo a Jesús: cuántos hogares y personas hacen oídos sordos a tu llegada al mundo. Recuerda entonces las palabras de Isaías: "qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncian la paz, que traen la buena nueva, que anuncian la victoria. Qué hermosos". Ese es el mensaje del príncipe de la paz, este es el reino de Cristo en nuestras almas. Y San Pablo, queriendo hacer eco, pareciera que hubiera dicho ayer lo siguiente: "en distintas ocasiones y de muchas maneras, habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Y ahora nos ha hablado por el Hijo". Estas son palabras eternas, pareciera que San Pablo contemplara el mundo de hoy y dijera estas palabras en una nueva Carta a los Hebreos: Esto es lo que San Pablo nos dice hoy; abre tus oídos a la fe, es él que te habla, es él que ha venido, ya no ha enviado a un delegado o profeta, es él el mismo Dios que nos habla. El Santo Padre, en el mensaje para la próxima Jornada de la Paz, dice unas palabras que son muy oportunas para el día de hoy: "la religión tiene un papel vital para suscitar gestos de paz y consolidar condiciones de paz. Y este papel lo puede desempeñar tanto más eficazmente, cuanto más decididamente se concentra en lo que la caracteriza: la apertura a Dios, la enseñanza de una fraternidad universal, y la promoción de una cultura de solidaridad. La religión es el retorno del hombre a Dios, esa palabra hecha carne, ese mensajero de la paz, una paz que no proviene de un organismo nacional o internacional, una paz que no proviene de una ideología", dice el Papa. Una paz que el Santo Padre la explica así: "la paz que enseña la Iglesia será eficaz, sólo si se concentra en lo que la caracteriza. Y lo característico en el mensaje de paz que la Iglesia y Jesús pregona es la apertura a Dios". Hermanos, que hoy con la gracia de Jesús que nace, nuestro país, el mundo entero, nuestra familia, y cada uno de nosotros, hagamos un esfuerzo nuevo de apertura a Dios. Lo están diciendo todos: "tenemos sed de Dios", y lo dicen los niños, los enfermos, los ancianos: "nosotros somos gente que necesita de esa fraternidad amorosa, por eso no se olviden de traernos a Dios". Visité ayer un hospital y recorriendo un cuarto tras otro, me di cuenta que los enfermos sólo querían una bendición, una oración, una palabra sobre Dios. Esto es lo que hoy la Iglesia quiere decirle al mundo: abran sus corazones a Dios, a Dios que se ha hecho hombre. No tengamos miedo, la dignidad humana reclama esa dignidad divina, y siempre encontraremos esas dificultades y esos riesgos de guerra -que hoy pasan cerca del mundo- en la medida en que la humanidad no se abra a Dios; en la medida que la humanidad no reconozca que ha nacido Jesús. Por eso, nos dice el Papa que la apertura a Dios es lo que caracteriza el mensaje de paz de la Iglesia, y nos llama a abrir nuestras conciencias a Dios. Y al mismo tiempo, nos recuerda sobre la promoción de una cultura de solidaridad, nacida de una única familia, la de Jesús. Porque él se hizo hombre y a partir de allí, garantiza y se hace solidario con todos los hombres y mujeres del mundo, de toda raza y condición. Él viene a anunciar que Dios se hace solidario con todos, y por eso, cuando esa apertura a Dios se cierra por el pecado, encontramos un mundo a oscuras. Por eso tenemos que decir así, con sinceridad y con franqueza: Señor acorta el tiempo de la prueba, enciende las luces del mundo de la paz, del respeto de unos por otros; enciende las luces de la conciencia, porque no habrá paz si reina el pecado en nuestras almas. Y no habrá paz si reina el egoísmo, el odio, la mentira. Este es el mensaje de Jesús que nace, y como tantas veces hemos visto en nuestras vidas, no encuentra lugar en el mundo. O los corazones no están abiertos, o están duros. Entonces, parecería que el mal triunfa sobre el bien, o que la familia sucumbe ante una ideología en la que no hay respeto por el compromiso, por el sacramento. Parecería que el dinero estará siempre acumulado en unas cuantas manos, y los demás no podrán vivir dignamente. Parecería que el nacimiento de Jesús encuentra las puertas cerradas de nuestros corazones. Yo le pido al Señor, con esa paz, porque nos ha amanecido un día sagrado: "vengan naciones, adoren al Señor, porque hoy una gran luz ha bajado a la tierra". Unas palabras breves para los medios de comunicación: qué responsabilidad más bonita tienen, creo que para ustedes son esas palabras de Isaías: "que hermosos son los pies del mensajero que anuncian la paz, que traen la buena nueva". Qué gran responsabilidad tienen para orientar a nuestra gente, para conducirla por caminos de paz, de unidad, de amor, de solidaridad. Que el Señor nos ayude, que el Señor nos bendiga, y bendiga a nuestra patria, un día como hoy en que el mundo católico y el mundo en general, sienten algo nuevo. No se si lo sientes en tu alma, pero es algo nuevo, que te dice: "este corazón nuevo, viene de Dios, ese sentimiento nuevo, viene de Dios". Por eso, les agradezco, y al mismo tiempo, los convoco. Qué importante es llevar el mensaje de la esperanza, de la paz, de la verdad. Que importante el consolidar en la familia peruana, alrededor de Jesús que nace, el reino de la verdad, de la paz, del respeto. Qué importante despertar en nuestros corazones la esperanza. Por eso, unidos a María, la madre de Dios, a José, nuestro padre y al Señor, contemplando a Jesús, les deseo a todos una muy feliz navidad, llena de gozo y de paz. Nuestra religión tiene esa obligación: abrir los corazones de la humanidad a Dios, para encontrar en él gozo, la paz, la serenidad. Por eso, confírmate en la fe, y no tengas miedo cuando contemplas gestos y señales que hablan de guerra, de violencia, de intolerancia. No tengas miedo. Nos ha nacido un niño indefenso, pobre, sencillo, y ese niño ha cambiado la historia de la humanidad. Muchas felicidades a todos. Así sea. |
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