
- Domingo, 26 de mayo de 2002 -
|
Excelentísimo Monseñor José Antonio Eguren, Obispo auxiliar de Lima; muy querido Padre Ricardo Rodríguez, párroco de San Ricardo en La Victoria, que hoy ha venido con un grupo de catequistas de esa Vicaría; queridos hermanos todos en Cristo: Hoy, la Iglesia celebra la solemnidad de la Santísima Trinidad. Por eso, nos dirigimos a Dios, Uno y Trino, proclamando gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, al Dios que es, que era, y que viene. Para nosotros hermanos, esta verdad de tres personas y un solo Dios, no cabe en nuestro entendimiento, y cuando algo es tan infinitamente superior que no podemos entenderlo, puede llegar a cegarnos con su brillantez. Por eso, cuando hoy celebramos la gran luz, Dios Uno y Trino, Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo, nos preguntamos cómo podemos entender que son tres personas y un solo Dios. Porque Jesucristo, el Verbo y la Palabra de Dios que se hizo carne, nos reveló y nos dijo: "está mi Dios Padre, estoy yo, el Verbo, su Hijo, y está el Espíritu Santo". Si El no lo hubiera revelado así, hablaríamos de Dios, hablaríamos de Jesús, pero no tendríamos conocimiento de esa verdad, ni de ese abismo -porque es un abismo- entre la omnipotencia, la belleza, la maravilla, la sabiduría, la bondad de Dios y cada uno de nosotros, que somos poca cosa, que duramos un tiempo, y que tenemos limitaciones. Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo para que no perezca ninguno de los que cree en El. Es como que Dios Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se hubieran reunido y decidido: "enviemos al mundo a nuestro Hijo, el Verbo, el Hijo Increado, Jesucristo". Entonces, asumiendo la naturaleza humana, como hombre, y teniendo la naturaleza divina, porque es Dios, Jesús logra que nosotros, humanos, lo veamos como otro humano. Y vemos que ama, que llora, que duerme, que habla, que se cansa, que tiene amigos, que crece, que nace en un hogar, que es educado, que muere, vemos esa dimensión. Por eso, también conocemos a Jesucristo en la escritura, cuando leemos el Nuevo Testamento, o cuando leemos los 10 mandamientos, porque es él el quien nos dice "esta es la voluntad de mi padre, que vayamos por este camino, los 10 mandamientos". Y nos asegura: "cuando estés cansado, cuando te falten fuerzas, acá tienes la ayuda, yo estaré contigo, con los sacramentos". Jesucristo me está diciendo cómo llegar al misterio, por ese amor; y por ello, nos dice el evangelio que Dios no envió su Hijo al mundo para juzgarlo, sino para conservarlo. Entonces la pregunta que me hago yo, y que se pueden hacer ustedes es: pero si Jesús ha venido para salvarnos, por amor, ¿por qué no le hago caso? ¿por qué a veces me dejo llevar?, o digo "no tengo tiempo", "se me olvida", me canso o no puedo. Y allí es donde la Iglesia enciende su luz, y yo como Pastor te lo recuerdo, es un ofrecimiento que te hace Dios para decirte "cree" . Ahora en el Credo vamos a repetir: "creo en Dios Padre Todopoderoso, etc.... y vamos a decir en que creo, pero la gran pregunta es ¿verdaderamente crees?. ¿Crees?, porque si crees, dime entonces por qué no actúas. Porque Dios, a través de su Hijo Jesucristo, y el Espíritu Santo que reparte su gracia en la conciencia de cada uno, te dice "haz lo que debes, no lo que quieras, sino lo que debes. Eso sí, haz las cosas porque quieres, no hagas lo que te da la gana, eso no, porque a veces te da la gana lo que ofende a Dios". Recuerda que a veces, aunque sea tu real voluntad, aunque sea tu maravillosa inteligencia, vas contra Dios. Lo que sí te reitero es que hagas las cosas porque quieres, no por obligación ni por miedo. Haz las cosas por esa libertad con que le dices a Dios, ¿por qué me confieso?, pues porque quiero, ¿y por qué amo a mis hijos?, pues porque quiero; y le dices ¿por qué evito el pecado?, pues porque quiero. La voz de Dios es libertad, pero libertad en la Verdad. Por eso, cuando hoy celebramos a la Santísima Trinidad, escuchamos estas palabras reveladas: "el que cree en Jesucristo, no será juzgado, el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del hijo único de Dios". O sea, el que cree no será juzgado, porque justamente ese amor le lleva a decir "Señor, Dios, creo en ti. A veces no entiendo, bajo la cabeza y te digo, auméntame la fe, porque a veces no creo". Pero al que rechaza a Dios, el que dice "¿por qué va a estar esto prohibido", o "¿por qué Dios no me va a ayudar?" , le podemos decir oye, no desafíes a Dios. Yo se que no lo hacemos de manera consciente, pero eso pasa cuando el pecado mete en mi pensamiento algo que yo no deseo. Yo te digo que justamente Jesús, que viene a decirnos que la Santísima Trinidad es un misterio maravilloso, muere en la cruz con un gran misterio. ¿Por qué un gran misterio?, pues porque en esa cruz el quiere recobrarme a mi, El te dice "estoy aquí por tus pecados", para que no te engañes. Cuántas veces adornamos el pecado y decimos: "esto no está tan mal", o decimos "en el fondo tampoco hay que exagerar". Por qué nos engañamos, cuando la cruz me dice "mira, estoy aquí porque tú cometes un pecado". Por eso, la cruz es una luz, es algo tan fuerte en nuestra mirada, por eso la besamos, por eso tantas veces le decimos "Señor, perdóname, yo te he puesto allí". Y al mismo tiempo la cruz nos dice "no huyas de la Verdad. Estoy aquí, soy el Camino, la Verdad y la Vida, no huyas de la Verdad". Tantas veces nuestro pecado no es por maldad -te lo digo para que te animes- sino por debilidad, no es que yo no crea o ataque a Dios, pero la tentación, el engaño puede a veces más que mi voluntad. Y al final acepto algo con lo que no estoy de acuerdo. Piénsalo un poco, para que hoy, que estamos en esta gran fiesta, puedas decirle al Señor: "no dejes que mi amor propio, mi orgullo, mi soberbia, de alguna manera me haga decir "¿qué tiene de malo?", ante el pecado". O que diga "pero ¿cómo me dices tú algo, si tú también eres un pecador?". Es como que fuera al médico y le dijera: "Doctor, ¿cómo me va a curar Ud, si está resfriado? cúrese usted primero". Yo no le quito a Dios o a un médico su sabiduría, por qué a veces queremos justificarnos y decimos: "no me puedes dar un consejo, porque tú no sabes lo que haces", o decimos "por qué tengo que obedecer, si ellos tampoco obedecen". Esa ley es falsa, es un engaño. Por eso le pido a la Virgen que es hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo, Esposa de Dios Espíritu Santo, le pido a Ella, auméntanos la fe, que sepamos creer, y si creemos, que sepamos poner la fe en práctica. Y de esa manera, veremos cómo la vida es luz. Les cuento una pequeña anécdota de cómo dudamos a veces de Dios, El cuerpo humano es un milagro, y también lo es el comer, caminar, el ver cómo funcionan los músculos, los nervios. Funcionamos de milagro, y cuando algo va mal, nos damos cuenta. Entonces, ¿cómo no voy a creer en Dios?, La anécdota es que estaba con un amigo, y de pronto, él ya no podía caminar bien. Qué le habrá pasado, seguramente se le movió un músculo o un nervio, cosas que a todos nos pasan. Entonces, ¿por qué cuando estamos delante de Dios nos ponemos tan exigentes?, y decimos "¿por qué me debo confesar?, ¿por qué tengo que perdonarlos?", o "¿por qué tengo que ir a misa?". Pues hermanos, debemos hacerlo por esa bondad infinita de Dios. Gloria a Dios Padre, gloria a Dios Hijo, y gloria a Dios Espíritu Santo, que El nos bendiga, y nos acoja a todos. Así sea
|
| [Reseña histórica de la arquidiócesis] |