- Domingo, 27 de enero de 2002 -

Muy queridos hermanos en Cristo:

Hoy, en este tercer domingo del tiempo ordinario encontramos muchos pasajes de la palabra de Dios que nos ayudan en nuestra vida personal; la antífona de la entrada dice, siguiendo el Salmo 95, "cantad al Señor un cántico nuevo". Ese cántico nuevo solamente ocurre en la vida de cada uno, si realmente hay cada día un mayor conocimiento de Dios. Porque uno puede pensar que en una semana, en un año o en tres años ya se conoce a Dios.

Tenemos que pedirle porque es un acto de fe. Como dice el Papa Juan Pablo II, el conocimiento de Jesús es el que rompe la soledad, supera la tristeza y las dudas, y dan significado auténtico a la vida. Pensemos en esto: la vida de Jesús la encontramos en la Sagrada Escritura, en el evangelio, por ello hay que leer, conocer; pero al mismo tiempo lo encontramos en la eucaristía, en esa presencia del cuerpo de Cristo, y lo encontramos en esa confesión, donde uno con dolor de sus pecados, le pide perdón a Dios.

Hermanos, todo esto es una visión de fe de la vida; si se pierde esa visión de fe, entonces no podremos cantarle al Señor un cántico nuevo, estaremos siempre repitiendo nuestros problemas, nuestras tristezas, nuestras desilusiones.

¿Cómo hacemos para este cántico nuevo?; pues pregúntate si cada día tienes unos minutos para meditar delante de Dios, para pedirle a El "esta es mi realidad Jesús, qué me dices", y escuchar la palabra de Dios, dejar que El te hable. Por eso, hablando de este "cántico nuevo" el Papa dice: "cuando Jesús no habla en tu interior, el consuelo no vale nada; en cambio, si Jesús te dice una sola palabra, una, se siente un gran consuelo".

¿Qué puede darte el mundo sin Jesús?, estar sin Jesús es un infierno insoportable, y estar con Jesús es un dulce paraíso. Si Jesús está contigo, no hay enemigo alguno que te pueda hacer daño. Esto es una gran luz en nuestra inteligencia, en nuestras pasiones, en nuestros problemas, en nuestra vida diaria. Debemos pensar las cosas con la luz de Jesús, por eso en la antífona de comunión dice Jesús, "Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no camina en las tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida".

Yo quisiera hacer una reflexión: acaso toda nuestra existencia, nuestra vida ¿no nos la ha dado Dios?, preguntémonos quién se ha dado la vida a sí mismo. Dios me ha dado la vida, la has recibido gratis, y por eso nos dice el Papa que es un don, y precisamente por ser un don, la existencia humana no puede ser considerada como una posesión tuya, ni como una propiedad privada.

El hombre no es dueño de su vida, y esto lo digo trayendo a colación un hecho muy actual: la huelga de hambre que atenta contra la vida, y va contra el quinto mandamiento de la Iglesia. La Iglesia respeta y acepta el derecho a una protesta, a una huelga respetando la propiedad privada y el orden público, pero poner en riesgo la propia vida va contra las enseñanzas de Dios. Por eso mi invitación clara y directa es a deponer la medida, no es la vida una mercancía para estar arriesgándola en ningún tipo de lucha. En cambio, sí es aceptable el organizarse, y el hacer llegar, y el dialogar, que es el camino que los obispos acabamos de recordar al país, el diálogo.

Por eso, cuando el Papa nos dice esta idea tan clara, "la existencia no es una posesión", yo le pido a Dios que nos ilumine en estas ocasiones en las que hay dificultades, a veces en una familia, con los padres, los hijos, o en el trabajo ocurren estas situaciones difíciles; pero no pongamos nuestra vida y existencia en el riesgo de que ocurra algo peor. No es eso lo que la Iglesia nos enseña cuando nos dice que realmente quiere ayudar a los demás; lo que quiere es confiar en ese diálogo y quiere que haya un respeto por la verdad, porque un diálogo sin verdad es inútil.

Pero debemos tener en cuenta que esa vida mía, tuya, ha sido redimida en Cristo, El ha iluminado la mente de todos nosotros, Cristo, por medio del Espíritu Santo nos ha hecho participar de su misma vida. En ese sentido, hay que preguntarnos, ¿quién es para mi Jesucristo?, ¿quién es realmente para mi pensamiento, para mi corazón, para mi actuación?; ¿cómo conozco yo a Cristo, como doy ejemplo yo a Cristo, en mi casa, en el trabajo, en la universidad, en la vida diaria?. Y San Pablo, en la segunda lectura nos ha recordado, "os ruego hermanos, en nombre de Nuestro Señor Jesucristo poneos de acuerdo, no andéis divididos, estad bien unidos con un mismo pensar y sentir".

Es decir debemos experimentar la conversión personal, pedir esa luz que enciende en la inteligencia, en medio de las pasiones, en las dificultades a veces de encontrar ese respeto que todos queremos. A veces en la propia familia encontramos a un hijo que actúa de una manera que los padres sufren, y en otras ocasiones lo encontramos entre los mismos compañeros de trabajo, en otras ocasiones lo encontramos en la vida política... en tantos momentos de nuestra vida vemos a veces como la pasión, la cólera ante la mentira, ante la palabra no cumplida, surge un cierto rencor.

Pero no es bueno, el Señor nos dice: "dejen que mi luz ilumine sus pensamientos, serene sus ánimos, y en la verdad y en diálogo encontremos caminos de unidad". Pero por amor a Dios, no estemos utilizando caminos que no son cristianos; el riesgo de la vida, que no nos pertenece, no es lícito.

No puede aceptarse que uno ponga en riesgo su vida por un reclamo, no es lícito. La huelga y el reclamo encuentra en la Iglesia un camino, pero un camino de diálogo, un camino de respeto a los demás, pero sin arriesgar la vida. Hermanos, terminen con esta situación de una huelga de hambre que realmente va en contra de sus propias vidas. Los métodos y los modos, las palabras y los gestos, hacen que algo sea justo o hacen que algo no sea justo.

Por eso le pido a la Virgen María que a todos nos ilumine, nos ayude en nuestros hogares, en nuestras familias, en nuestros trabajos, para saber encontrar ese camino de unidad. Aquellas palabras de San Pablo que las repito: "os ruego hermanos, en nombre de Nuestro Señor Jesucristo, poneos de acuerdo, no andéis divididos. Estad unidos, con un mismo pensar y sentir. Yo soy la luz del mundo, dice el Señor, el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida".

Debemos profundizar ese conocimiento de Jesús, ese rato de oración. Además, hoy tengo aquí a un grupo de jóvenes dispuestos a iniciar el camino de entrega a Dios en el sacerdocio; entonces, también recemos por ellos para que el Señor los ilumine, los confirme en sus decisiones. Desde esa fe y esta confianza la gracia no les ha de faltar, ya que cada uno debe luchar para cumplir con su deber junto a María, y junto a Jesús.

Así sea.

 

 

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