
- Domingo, 29 de diciembre de 2002 -
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"DEBEMOS CONSIDERAR A LA FAMILIA COMO UNA VERDADERA COMUNIDAD DE AMOR" Queridos hermanos en Cristo: Hoy la Iglesia recuerda con gozo y celebra a la Sagrada Familia, integrada por Jesús, la Virgen María y San José. Por ello, le pedimos a esta Sagrada Familia que sea ejemplo a los ojos de nuestro pueblo, para que podamos imitar sus virtudes y su unión en el amor, y lleguemos a gozar de los premios eternos en el hogar del cielo. A la familia la debemos considerar hoy, en la presencia de Dios, como una comunidad de amor. Por eso les recuerdo, especialmente a los jóvenes, que tengan mucho cuidado en ese período de vida cuando conocen a aquella chica o aquel muchacho, y llega la etapa del enamoramiento y el noviazgo, en el cual se conocen como personas. Esto es muy importante, porque no sólo se deben conocer como cuerpo, ni sólo como espíritu, ni sólo con dinero o éxito. No se debe basar la relación solamente en qué puedo recibir yo, sino que ambos deben conocerse como personas, y preguntarse el uno del otro: "¿cómo es él o ella?", "¿cómo es su fe?"; "¿cómo es el amor que tiene a su familia?", "¿cómo es la educación que ha recibido?"; "¿cuáles son los objetivos de su vida?", "¿cree en la honradez, la respeta, la trata con mucho cariño y respeto a la vez?"; "¿coincidimos en lo que es una familia?". Ese lenguaje de pareja se expresa en el amor de la persona, no sólo en el amor del cuerpo o el amor sólo del espíritu, o en el amor del dinero y del gozo, o de la fiesta y la experiencia prematura. Porque la pareja debe conocerse hablando, intercambiando ideas, sufriendo, luchando, y creciendo en las virtudes. Y esas virtudes las señala hoy San Pablo: "(el amor de pareja) debe tener una misericordia entrañable, debe saber perdonar, saber comprender, y debe tener una gran bondad y humildad. No debe recurrir al grito ni a la violencia. Debe procurar tener la conciencia limpia". Agrega San Pablo: "también debe tener dulzura y comprensión". Por ello, la relación amorosa no debe estar basada en la fórmula "qué me das y que te doy", porque lo adecuado es que las personas vayan conociéndose, vayan construyendo esa comunidad de amor, que madura cuando se establece el sacramento del matrimonio. Para llegar a ello debe tenerse la certeza de ese conocimiento mutuo, ese saber que se aman o que coinciden en sus objetivos; el saber que a veces uno de ellos puede equivocarse y el otro lo va a comprender. Pero si no hay ese educarse en los propios deseos, en coincidir en las propias metas espirituales, familiares, si se cae fácilmente en el gozo de un placer pasajero, o en el engaño de una relación entretenida, todo queda allí. Entonces o no se llega al matrimonio, o se llega y se rompe, porque no existe una comunidad de amor. Por eso, jóvenes y padres de familia, ayudémonos entre todos. Qué importante es rescatar lo que es una familia, y a veces ocurre que un padre deja -por un supuesto beneficio para la hija o porque está harto de criarlo - que el hijo o la hija tengan unas experiencias que dan como resultado problemas serios en la pareja. Y a veces un padre piensa así: "mi hijo no es para esta chica", o "esta hija no es para mi muchacho". Pero a los padres les da miedo decirlo, y sólo dicen: "ellos ya están grandes". Pues no, hay que hablarles claro, para evitarles el camino de una tristeza que además hará daño a los niños que vendrán. Recordemos que la Sagrada Familia es una comunidad de amor que es nuestro ejemplo. A la Virgen le pedimos: "Madre mía, ayúdanos", a él le pedimos "Mi padre y señor, San José, se modelo nuestro, entra en esos hogares, en esos noviazgos, y si son buenos y limpios, ayúdalos a unirse. Si no son el uno para el otro, enséñales a no complicarse la vida con experiencias tan dolorosas". Por eso, esa comunidad de amor como San Pablo la va describiendo, sirve para sobrellevarse mutuamente y perdonarse cuando uno tenga una queja contra el otro, como Dios los ha perdonado a ellos. Y por encima de todo, recordemos que la paz de Cristo debe ser el árbitro de la familia. De una familia que constituye el vínculo de amor permanente, llueve el amor de Dios como alimento constante para el hombre y la mujer, en el matrimonio; y esa lluvia del amor de Dios brota del fondo de tu corazón, delante de la Sagrada Familia. Por eso, cuida a la familia, para que siempre sea una comunidad de amor, comunidad de unión en Cristo. La experiencia de veinte siglos nos hace ver que si se rompe la familia, se rompe la sociedad, se maltrata a los niños, y no hay progreso. Y ahora estamos en una situación en que la familia como que se pone de espaldas a Dios; por ejemplo, ya sabemos de esa triste noticia -realizada no por la ciencia sino por la degradación de la ciencia- que indica la existencia de vidas clonadas, las que están condenadas a una muerte prematura o a una sicología atormentada; una anormalidad según dicen los especialistas. Vendrán anormales, fabricados por la maldad del corazón del hombre que le da la espalda a Dios, y que llega a la soberbia de creerse un dios. Se considera el creador de la vida, y por eso pronto será también el creador de la muerte. Por eso hermanos, la Iglesia le pide a la Sagrada Familia: ayúdanos, ten misericordia de este mundo que tantas veces parece que se aleja de ti. Porque la familia es también una comunidad de respeto, a la dignidad de la mujer y dignidad del hombre. Y esta dignidad se maltrata cuando se trata a la pareja con gritos, insultos, por la falta del pudor o de modestia, o por la falta de ese vivir dignamente. Y si se realiza incluso delante de los hijos, ¿qué dignidad queda en pie, dónde está esa comunidad de amor?. Por eso, debemos buscar una comunidad en que se respete la dignidad de cada uno, y debemos buscar una comunidad de educación de los hijos con el ejemplo. Porque recordemos que el Niño Jesús, como nos dice el evangelio, creció en edad, en sabiduría y en gracia de Dios junto a sus padres. Por eso les digo a los padres de familia: ustedes no están para divertirse ni solamente para jugar con los hijos, no, sino fundamentalmente para educarlos; esa es su función, traerlos al mundo y educarlos, y dedicarles la vida a educarlos, dedicarles las noches de sueño a educarlos. Y educarlos no quiere decir darles todo lo que quieren, ni quiere decir golpearlos cada vez que te molestan; quiere decir educarlos con cariño, con paciencia, ya que en cada edad cambia el modo de educar. La educación es responsabilidad primaria y fundamental de los padres, no la podemos abandonar. Por eso, la familia debe ser comunidad de amor, de respeto y dignidad en el trato entre marido y mujer; y comunidad educativa. La familia es la base de progreso y desarrollo de la humanidad; no hay progreso posible si la familia, en una sociedad, no es sólida, no es estable y no es seria. Pero esto requiere hermanos, de un gran esfuerzo para dominar mi egoísmo, mi soberbia, mi orgullo, mi esfuerzo, y para vivir en verdad, sin engañarse unos a otros. Un esfuerzo que requiere ante todo, de la ayuda de Dios. A Jesús, a María y a José le encomendamos: bendice a la familia, fortalece a la familia, y que esto se refleje en las leyes, en los medios de comunicación, en los colegios, en las calles. Que los jóvenes tengan un noviazgo limpio, que reencuentren el apoyo de sus padres y amigos, y tengan la honradez de no formar uniones de cualquier modo; porque el matrimonio es un proyecto divino. Dios quiere que el hogar sea gozo, esfuerzo, que la familia sea el gran remedio contra la soledad. Padres, madres, hijos, abuelos, tíos, hermanos, primos, cuánta falta hace en este mundo el calor del hogar que lo dan ustedes. Por eso, elevo mi corazón agradecido a mi padre, mi madre, mis abuelos, y a todos los padres y madres de ustedes, que los supieron conducir por el camino de la fe y nos ayudaron a ser hombres y mujeres libres, de fe y dispuestos a ayudar a los demás. Nos ayudaron a ser hombres y mujeres de fe, para que la familia estable, vinculada por el matrimonio, sacramento santo, sea el punto de partida de este año 2003, optimista, esperanzador, desde una familia bien constituida. Desde una familia que siempre procura superar sus dificultades con la ayuda de Dios, tendremos un año 2003 maravilloso. Feliz Año para todos. Así sea. |
| [Reseña histórica de la arquidiócesis] |