- Domingo, 1 de junio de 2003 -

“QUE DIOS BENDIGA A NUESTRA PATRIA CON LA PAZ, LA TOLERANCIA, LA VERDAD Y LA JUSTICIA, PARA QUE DEJEMOS DE LADO CAMINOS DE VIOLENCIA QUE NO RESUELVEN LOS PROBLEMAS”


Queridos hermanos en Cristo:

Hoy nos hemos reunido para celebrar una fiesta especial, la Ascensión del Señor a los cielos; en esta fecha, recordamos el tiempo -después de la resurrección- en que tuvimos el gozo de ver a Cristo vivo, antes que subiera a los cielos y se sentara a la derecha de Dios Padre.

Este recuerdo debe generar en nosotros una doble misión, porque Jesús nos ha dejado una tarea -sintetizada en la frase “id por todo el mundo y predicad el evangelio”- en la que el cristiano no está al margen de la historia que le toca, y debe predicar los valores de Cristo; y al mismo tiempo, también debe elevar su mirada al cielo, porque constantemente necesitamos de la oración, y debemos observar los acontecimientos de la tierra con esa fe.

Debemos tener un diálogo constante con Cristo, es muy importante escucharlo porque es una conversación entre tú y él, donde es más importante lo que Dios te dice. Por eso, la ascensión del Señor nos deja la tarea de darle sabor cristiano a la vida diaria, ser esa luz para iluminar los diferentes momentos de la historia con el ejemplo y la palabra, recordando las palabras de Cristo: “vayan, den ejemplo, prediquen, bauticen, pongan a esos hombres y mujeres en comunión con Dios por el bautizo”.

Y al mismo tiempo se nos recuerda: “la fuerza para poder hacerlo viene de la oración, que no es sólo el camino del Padre Nuestro o del Rosario, sino también el camino del diálogo o la conversación; él está en los cielos, pero se ha quedado en la tierra en la eucaristía, en tu alma que está en gracia de Dios, y en la confesión que te perdona los pecados”.

Por eso nuestra vida tiene siempre esa permanente tensión: por un lado, el trabajo diario, y por otro lado, la mirada en el cielo para encontrar en Dios las respuestas, las fuerzas, el perdón, la ayuda. Recordemos siempre lo dicho por Cristo: “sin mi, nada pueden hacer”, entonces él no nos dice que la religión católica debe olvidarse del mundo o que este mundo no le interesa, más bien nos pide: “anda a todos los rincones del mundo e ilumínalo”.

En esta fiesta debemos ver con esos ojos de fe, con esa confianza en Dios, la situación en la que hoy se encuentra el país; es un problema que nos compete a cada uno de nosotros, porque la suma de nuestros buenos actos harán un Perú mejor, y la suma de nuestros malos actos lo harán retroceder, y no hay una fuerza misteriosa que lo arregla o lo daña todo. Es la conducta, las acciones u omisiones de cada uno de nosotros las que determinan los hechos.

En este momento se habla mucho de paz, pero no hay paz, se habla mucho de justicia, pero no hay justicia, se habla mucho de verdad, pero no hay verdad, ni en las almas de las personas, ni en las instituciones, ni en la vida de los pueblos; sólo vemos violencia, insultos y discusiones permanentes, en las que cada uno quiere convertirse en salvador y olvidarse de la referencia a Dios

Recordemos que Dios nos dice así: “Ilumina tu alma, da lo que tienes”. Entonces, si no hay justicia en mi alma, si no hay verdad en mi alma, si no hay amor al prójimo, no puedo dárselo a otra persona. No es un problema religioso, es una realidad moral, por eso cuando hablamos de igualdad y democracia, vemos que falta comprensión, diálogo, tolerancia.

Esta situación tiene que llevarnos a hacer un profundo examen interior, debemos saber que el respeto al prójimo y el respeto a los demás se apoya en la verdad; entonces tengo que comprender al prójimo, y al comprenderlo, debo buscar la manera que la verdad encuentre su lugar

Esta es una época en que hay fanatismos, intransigencias, en la que no se quiere admitir más que la propia razón, y en la que cada uno quiere imponerla ante los demás; por ello, unos a otros se acusan de violentos, y no se sabe realmente quién es el más violento. También se habla mucho de unidad y sin embargo no vemos unidad, no vemos el deseo de sacar adelante a un país que sufre una enorme pobreza y que presenta grandes problemas familiares y morales.

Por eso Dios me dice hoy, durante la Solemnidad de la Ascensión del Señor: “anda, predica el evangelio, porque yo soy el camino, la verdad y la vida. Predica mi palabra ante los hombres, diles que se respeten, que se digan la verdad, que se acepten, que se reconozcan con humildad en sus defectos y limitaciones. Y al mismo tiempo recuérdales que la luz, el consejo, la palabra, la acción, siempre vendrá de Dios”.

No hago consideraciones de tipo político, hago consideraciones que son de tipo moral, porque hay un comportamiento que viene de Dios, que viene de un respeto al prójimo, y que siempre promueve la paz, el diálogo, la justicia, la verdad. Esperamos que cada grupo sabrá cómo poner en práctica estos principios, porque estos juicios morales son para todos.

No se trata de quejarse, no se trata de ser un profeta de desgracias y decir que todo está mal en el país, de lo que se trata es de recordar que el Señor nos ha dejado estos tiempos como herencia, y por ello tenemos que ver la manera de ponerle más luz, más calor, más respeto, para que sea más habitable y nos entendamos entre todos.

Debemos ser realistas pero no derrotistas, porque no podemos dejar que la conciencia -donde reside tu juicio interior- se acostumbre a todo, eso sería muy egoísta; no podemos dejar de contemplar el mundo y no ver el pecado, porque el pecado es la mentira, el pecado es la violencia, el pecado es el maltrato familiar, el pecado es la manipulación.

Con la gracia de Dios -que no pierde batallas- debemos ser optimistas, y recordar que el apostolado cristiano no es un programa político ni es una alternativa cultural, significa la difusión del bien, el contagio del deseo de amar y la siembra de la paz, el optimismo y la alegría; de ellas surgirán como respuesta clara, la justicia, la comprensión y el respeto entre todos.

Por eso, el Señor quiere dejar establecido de una manera clara -cuando nos ha dejado la tierra y se ha ido al cielo- esa misión fundamental: predica e ilumina con el evangelio, y mira siempre al cielo buscando el apoyo, la luz y la ayuda para tu vida.

Esta unidad de cielo y tierra constituye el temple, la fibra del buen cristiano que se adquiere con la ayuda de Dios, en la relación con él, pero también en la vida diaria; porque ese caminar por el mundo con el temple de quien lleva la verdad, la paz, la honradez, se ha forjado en tu oración, en tu examen personal.

Hay un solo salvador en tu alma, Cristo, que hoy al ascender al cielo nos ha dejado una misión en la tierra.

Que Dios bendiga a nuestra patria con la paz, la tolerancia, la verdad, la justicia, y dejemos de lado caminos de violencia que están amparados en la mentira y no resuelven los problemas. Porque la violencia sólo genera más violencia

Que la Virgen nos enseñe ese camino.

Así sea.

 
 

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