- Sábado, 1 de noviembre de 2003 -

“OJALÁ PODAMOS CUMPLIR EL SUEÑO DE REUNIR A
TODAS LAS HERMANDADES DEL CRISTO MORADO,
EN LA PLAZA DE SAN PEDRO, EN EL VATICANO”


Queridos hermanos en Cristo Jesús:

Durante este encuentro tan esperado -con el cual la imagen del Señor de los Milagros regresa al Monasterio de las Madres Nazarenas- hemos escuchado las Bienaventuranzas del Papa Pablo VI, unos textos muy sorprendentes y positivamente revolucionarios.

Anteriormente, ¿quién se habría atrevido a proclamar felices a los pobres de espíritu, a los afligidos, a los hambrientos, a los misericordiosos, a los perseguidos e insultados?. Por ello, el Papa Pablo VI nos pide meditar sobre esas palabras de Dios, en medio de una sociedad basada en la fuerza, en el poder, en la riqueza, en la violencia, en la mentira, en el atropello.

Estas palabras de Dios son una proclama de la nueva evangelización, de la nueva civilización del amor.

SIGAMOS ACOMPAÑANDO AL CRISTO MORADO

Hace unos momentos, durante un programa de radio, escuché la llamada de un peruano desde Canadá, quien recordaba lleno de fe su devoción al Cristo Moreno. El decía: “estoy a 6 mil metros de altura, trabajando en una mina, y a través del Internet puedo seguir y recordar la procesión del Señor de los Milagros, junto a ese mar humano en la esquina de la avenida Tacna y Huancavelica. Todo eso me da fuerzas, estando lejos de mi patria y mi familia”.

Por eso, hermanos, pensemos a cuántas personas ayudan este programa de las Bienaventuranzas, que son palabras que nos permiten ver que Dios pone felicidad y paz donde no es posible. El Papa Juan Pablo II las considera incluso “revolucionarias”.

Cuando vino al Perú, el mismo Santo Padre nos recordó: “este programa de las Bienaventuranzas está hecho a la medida de los jóvenes, porque los jóvenes son generosos, porque los jóvenes buscan lo difícil, porque se comprometen con las cosas que valen la pena. Y ellos están buscando un ideal noble, están buscando respuestas a sus interrogantes”.

Hermanos, en las Bienaventuranzas es Cristo quien nos dice: “Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados”. Por ello, quisiera recordar a todos aquellos que -en cualquier rincón del país- pasan por un momento de sufrimiento.

El Papa nos recuerda que el hombre nace sufriendo, que en su vida hay muchas dificultades, pero que siempre buscará la eternidad. Entonces, hay que saber encontrar el sentido cristiano del sufrimiento humano, en esas cruces que adornan todos los cerros de nuestra patria, en ese amor a la cruz que hay en el Perú, en ese amor que nace de la cruz del Señor de los Milagros.

Ahora que termina este Mes Morado, los invitaría a todos a que sigamos acompañando al Cristo Moreno cuando pasemos por esos momentos de enfermedad, de falta de trabajo, de persecución, de maltrato, para que no nos dejemos llevar por el desánimo. Mira la cruz del Señor y pídele con confianza: “dame lo que me pides y pídeme lo que quieras”.

Fíjate que al decir “dame lo que me pidas” estamos confiando en Dios, por eso estamos con esta multitud mirándolo, cumpliendo nuestras promesas, y llevándolo en procesión por todos los rincones del país y el mundo.

Pídele a Cristo: Quiero tener un alma limpia, una vida pura, un amor hermoso, quiero aprende a respetar mi hogar, mi matrimonio, mis hijos, a mis padres.

Pídele al Señor que los jóvenes, llenos de ilusión, puedan tener un amor hermoso, para que no destruyan el tesoro de su pureza y para que no se dejen llevar por la droga ni la violencia. Señor de los Milagros, orienta a la juventud en su camino de vida al lado de tu Padre Dios.

QUE EL SEÑOR DE LOS MILAGROS ILUMINE A LOS GOBERNANTES

En estas Bienaventuranzas también nos dice el Señor: “Bienaventurados los misericordiosos, los que tienen esa facilidad para ayudar a los demás, los que no se quedan parados ante las dificultades y actúan; los que no se dejan atropellar en su honra, en sus derechos”.

Bienaventurados los pobres de espíritu, que son aquellos que viven conscientes de haberlo recibido todo de las manos de Dios, como un regalo gratuito. Por ello, en estos días debemos repetirle al Cristo Morado esas palabras llenas de fe: “Gracias Señor, porque se cuántas veces me buscas, me perdonas y me acompañas”.

Gracias por tu misericordia, Señor. Ahora vamos a darte gracias con obras, ayudando a la gente pobre, enferma, a los ancianos, a los niños, para que siempre encuentren cariño en nuestro corazón.

Lo que más duele en esta vida es la soledad, lo que más duele en la vida es el sentir que nadie te quiere. Por ello, reza ante el Cristo Morado y dile: “Gracias, Señor, tú siempre me quieres, tú siempre me buscas, siempre estas a la puerta de mi casa. Te llevo en el corazón, te llevo siempre cerca porque eres el amigo que no traiciona”.

En donde hay amor de Dios las lágrimas se secan, surge la sonrisa, surge el perdón. Y el país necesita hoy más que nunca de ese amor que no sabe de odios, que no sabe de mentiras, que quiere vivir en paz.

Oremos al Señor de los Milagros por quienes tienen esa difícil obligación de gobernar el país. Recordemos que aquella persona que ordena y es una autoridad, representa ante todo, un servidor de los demás

Invocamos al Señor de los Milagros para que quienes tienen esa obligación difícil de gobernar el país, sirvan al país, y no se aprovechen de él. Lo digo con todo respeto, recordando que la Iglesia debe poner esa palabra de esperanza, esa palabra para levantar más el respeto de unos por otros, y eso se logra –como dice el Papa- sólo con el mandamiento del amor, con la oración.

UN ENCUENTRO DE LAS HERMANDADES DEL CRISTO MORADO EN ROMA

Quiero terminar junto a la Virgen María que acompaña a la venerada imagen, como una señal muy bella, siguiendo la tradición de la madre junto al hijo en la cruz. Recuerda que María está siempre en tu casa, en tus hijos, en tu enfermedad.

Hoy, el Día de Todos los Santos, significa un momento de compromiso, para que cuando el Señor de los Milagros se retire a su templo, sientas en tu corazón ese llamado del Cristo Moreno, que te dice: “acompáñame”.

Fíjate en las palabras pronunciadas por el Papa Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro, ante la delegación peruana que llevaba la venerada imagen por Roma: “un saludo a todos los fieles venidos hoy con la imagen del Señor de los Milagros. Los bendigo de corazón, animándolos a caminar siempre con Cristo”.

Esa es la tarea para este año, caminar con Jesús en esa Gran Misión de Lima, para llevar la palabra de Cristo, para acudir al templo y para llevar esa palabra al amigo, al trabajo. Recordando la tarea que nos dejó el Papa a todos los peruanos: “construyan un país más fraterno, más reconciliado, más justo, sin violencia, en el que reine la honestidad, la verdad, la paz. Construyan un Perú más humano, donde el misterio de cada uno de ustedes se viva unido a la luz del misterio de Dios”.

Con estas palabras hermanos, seguimos la misa. Tengo un sueño que ojalá se haga realidad: que las hermandades del Señor de los Milagros -extendidas por el mundo entero- puedan reunirse en el corazón de la Iglesia Católica, en Roma. Porque ya es hora que este regalo de Dios al mundo, la devoción al Cristo Morado, sepa agradecer al Santo Padre el amor que le tenemos no sólo en el Perú, sino en el mundo entero.

Ojalá hermanos que tengamos la fuerza de cumplir ese sueño, y de encontrarnos unidos en la Plaza de San Pedro, debajo del Vicario de Cristo, mostrándole este regalo que bendice siempre al pueblo peruano.

Que Dios los bendiga a todos y que viva el Señor de los Milagros.

Así sea.

 
 

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