HOMILIA DEL OBISPO AUXLIAR DE LIMA,
MONSEÑOR CARLOS GARCIA
PARROQUIA EL SAGRARIO

- Domingo, 2 de marzo de 2003 -

"EN EL INICIO DE LA CUARESMA,
DIOS NOS PROPONE CAMBIAR NUESTRAS VIDAS,
DEJANDO DE LADO EL EGOISMO"


Queridos hermanos en Cristo:

Este es el último domingo previo al inicio de la Cuaresma, que comienza el próximo miércoles 5 de marzo. Y con la Cuaresma, se nos proponen tres cosas importantes: el ayuno, la limosna y la oración.

Jesús nos dice hoy que siempre debemos preguntarnos para qué estamos en este mundo, y cuál es mi razón de ser en la vida. Y es que cuando no se ha escuchado la Verdad, cuando no se conoce el amor de Dios, muchos pueden creer que su vida no tiene sentido, y yo quiero recordarles que la vida sí tiene sentido, y ese sentido lo da el mismo Dios.

Hoy los invito a voltear la mirada a este Dios que le da sentido a nuestra vida, y que nos llama a participar en algo tan importante para nuestra fe como es la Cuaresma. Y la Sagrada Escritura nos habla con un lenguaje matrimonial, auténtico, de ese hecho, porque está basado en el amor a Dios, y nos recuerda algo muy bonito que le dijo Dios al hombre: "te llevaré al desierto y le hablaré a tu corazón".

Qué importante es que el ser humano comprenda su vida y descubra lo que Dios tiene para él, qué importante es hacer un alto para que Cristo nos hable al corazón, no a la mente, sino al corazón marcado por al amor, la esperanza, la ilusión de la vida.

Cuántas veces por el egoísmo humano, por nuestra autosuficiencia, le cerramos el corazón a Dios, y decimos que no hay tiempo; dices "para qué voy a escucharlo", y cierras tu alma a Dios, impidiendo que te hable. Por ello, qué regalo más grande es que hoy día estemos aquí en la Santa Misa, esperando que Dios nos hable al corazón.

Y él nos recuerda hoy tres cosas importantes. Una de ellas es cuando nos dice "me casaré contigo", y significa que Dios no quiere que tan solo sea una relación de miedo la que nos una a él, no quiere solamente que sea una relación de gratitud la que nos lleve a él, porque el amor de Cristo apunta a un matrimonio con cada uno de nosotros, expresado en sus palabras: "me casaré contigo en derecho y en justicia".

Cristo nos pide que seamos capaces de vivir en esa compasión con el otro, que podamos sentir el corazón del otro. Si lo comparamos con algunos matrimonios de hoy, veremos que muchos no están unidos ni en derecho ni en justicia, porque cada uno de los cónyuges crea su propia libertad, olvidando ayudarse para toda la vida.

Esos mismos matrimonios son aquellos en los que hombre y mujer dicen que darán su vida por el otro, y sin embargo terminan por pedir todo del otro y no dar nada de sí. Ese no es el matrimonio que Dios propone dentro de nuestra vida espiritual, y valga el ejemplo -de paso- para todos aquellos casados, que creen que el matrimonio los está ahogando.

Déjate cambiar por Dios que él nos dará la misericordia, algo muy importante cuando a la pareja se le hace difícil vivir la fidelidad conyugal, y cumplir todas las enseñanzas de Dios. Qué bonito cuando esto es aprendido por la vida de la familia, la vida del matrimonio, y cuando buscamos cumplir esta frase: "me casaré contigo en fidelidad -hoy que ese término está limitado- y sentirás ese amor, esa vida que nos propone Dios".

Si nosotros aprendemos a vivir nuestra relación con sinceridad, con rectitud, si de allí sacamos la fuerza para los que más lo necesitan, y de allí sacamos el amor para los que más sufren, habremos encontrado una vida nueva. Los casados en el matrimonio, los solteros en la vida cotidiana, los consagrados dentro de nuestra vocación de servicio, todos debemos apuntar a ello.

Ayer despedíamos a una religiosa amiga, la Madre Teresita de las Hermanas Camilas, que entregaba su vida a Dios luego de una enfermedad, y yo veía en sus últimos momentos todas las características humanas de la fatiga, el dolor y el sufrimiento, pero también observaba en su rostro la alegría por dar una ofrenda agradable a Dios, con su dolor.

Ella, en el dolor, daba testimonio de ese amor que un día la llevó a dejar padres y hermanos para consagrar su vida a Cristo. Hermanos, tu y yo también, peregrinos en esta vida, de repente no enfrentamos aún los dolores de una enfermedad, pero quizás hoy Jesús quiere que seamos su rostro, porque él no quiere solamente que lo amemos por decreto. Recordemos las palabras del apóstol San Pablo: "Dios quiere escribir en tu corazón y en tus pensamientos, su palabra, y quiere darla a conocer a través de tus obras, de tu propia vida":

Cuando te canse ser testigo de Cristo, míralo y renueva la fidelidad de una vida nueva. Hoy nos pide esto el Señor, y por eso, cuando él nos habla de los vinos nuevos en odres nuevos, quiere que reflexionemos en que a veces nosotros sólo pensamos en el pasado, la apariencia, o que ya hemos hecho lo suficiente, sin pensar que siempre hay la oportunidad de poder cambiar y de ser diferentes.

Volteemos nuestra mirada a Jesús en este día, y pidámosle de corazón: Señor, quiero ser ese odre nuevo, para que ese vino nuevo, que es tu palabra, tu presencia, transforme mi corazón, mis pensamientos y mis acciones, para no vivir con egoísmo la vida que me has dado.

Así sea.

 
 

[Reseña histórica de la arquidiócesis]
[Peregrinación por las Iglesias de Lima]
[Advocaciones y santos peruanos]
[Mensajes del Santo Padre al Perú][Enlaces]