
- Domingo, 2 de noviembre de 2003 -
|
“SEÑOR, NO QUIERO VIVIR ALEJADO
Hoy, delante de la imagen de Jesús Nazareno Cautivo, saludo especialmente a los integrantes de esa Hermandad y a todos sus fieles devotos, que vienen desde el templo de las Trinitarias, en Barrios Altos. Esta santa misa significa para mi el reencuentro con todos ustedes, luego de estar dos semanas en Roma y haber tenido la enorme alegría de poder saludar al Santo Padre, al Vice Cristo, al representante de Cristo en la tierra, que nos está dando un ejemplo de lo que es vivir para los demás. Por ello, pido sus oraciones por él. CUANTO BIEN HA HECHO EL SEÑOR EN ESTE MES MORADO El día de ayer, fiesta de Todos los Santos, el Señor de los Milagros retornó al Monasterio de las Nazarenas después de haber recorrido durante un mes entero las calles y plazas de Lima, logrando remover miles de corazones que le han ofrecido al Señor una mejor vida y le han dicho: “Cristo, acepto tu voluntad”. Así, miles de enfermos, niños y ancianos han sido bendecidos por Dios, lo que debemos agradecer hoy durante la Santa Misa, recordando cuánto bien ha hecho el Señor en este mes morado En necesario que sigamos acompañando al Señor de los Milagros, haciéndonos el propósito de ser agradecidos. Por ello, debemos orar ante la imagen de Jesús Nazareno Cautivo, quien en su origen sufrió el atropello de hombres que no aceptaron su divinidad y lo desconocieron. Esa falta de fe, hermanos, muchas veces vive en nuestros corazones, porque decimos que tenemos fe pero no la mantenemos, e incluso cuestionamos que Cristo vive, sin saber que ya está con nosotros. Pensemos que el poder comulgar hoy en la misa, con el corazón limpio, el acercarse a los confesionarios para pedir perdón, o el poder estar en este acto maravilloso de la muerte y resurrección de Cristo -la santa misa- es un motivo más para llenarnos de gozo. Y cuando uno diga: “tengo una pena en el alma”, “he pecado”, “tengo un pariente que está enfermo”, o “tengo dudas”, les pido que miren a Cristo, observen su rostro y la cruz. Entonces, tengan la confianza de hablarle y decirle: “Señor, perdóname, dame esa alegría que a veces me falta, ayúdame” Une tu fe con tu vida, para que tu fe no sea sólo venir a misa a escuchar un sermón y luego salir a la calle con el peso de tus problemas, tus tristezas o tus pecados; une a tu vida la fe de Cristo que está aquí, en su casa, en su templo, en la eucaristía, y por la cual, Cristo va a habitar en ti. LA MUERTE ES COMO UNA LUZ AL FINAL DE LA VIDA Quien vive verdaderamente su devoción, une la fe con su vida, no vive dos vidas sino una sola, aquella del hijo de Dios que cree. Y hoy, hermanos, cuando recordamos a todos los fieles difuntos, debemos orar y visitar a nuestros padres, hijos o amigos que ya no están aquí. Hay algo que siempre debemos tener presente, y es que no hay nada más seguro que la muerte. Sin embargo, vivimos de espaldas a la muerte, como si fuera una cosa mala, como si fuera un temor que hay que ocultar, como si fuera un castigo. ¿Por qué no somos entonces más amigos de esa hermana nuestra –como decía San Francisco- que es la muerte?; porque la muerte no es algo malo, es sólo una luz que veremos al final de la vida. Por eso, hoy que rezamos por nuestros hermanos difuntos los recordamos con agradecimiento, con cariño, y yo te pediría que pienses en cómo sería tu vida si te dijeran que vas a morir dentro de media hora; seguramente dirías “denme dos horas, porque tengo que hacer muchas cosas pendientes”. Pues te sugeriría que esas cosas pendientes las hagas ahora, acercándote a ese amigo rencoroso, portándote mejor, entregándote a Dios, acercándote a tus padres, comprendiendo más a tus hijos, pagando mejor a tus empleados o quitando de tu corazón el pecado. ¿Por qué no podemos hacerlo?. Piensa que algo seguro es que todos moriremos, por ello, no es bueno ir por esta vida actuando como si Dios no existiera. Acuérdate de la muerte entonces, y que ella no te cause tristeza, porque si tienes que estudiar, si tienes que buscar a los amigos, si tienes que dar ejemplo o si quieres evitar problemas, debes apurarte, porque nadie sabe el día ni la hora final. Le decimos al Señor con mucha confianza: Señor, quiero lo que tú quieras. Acepto tu voluntad, pongo mi vida en tus manos, haz lo quieras con ella porque es lo mejor, pero no quiero de ninguna manera vivir de espaldas a una verdad tan grande. QUE NUESTRAS ORACIONES VAYAN POR LAS ALMAS MAS NECESITADAS Hemos leído en la Carta del Apóstol San Pablo: “si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?. Dios que no perdonó a su propio hijo, sino que lo entregó por amor a ti, ¿cómo no nos va a dar todo lo que queremos y necesitamos?”, afirma la Carta. Piensa que Dios entregó a su hijo por amor a nosotros -porque su muerte era para redimir el pecado- pero recuerda que esa muerte es el juicio divino por el pecado de Adán y Eva, lo que decreta la muerte del hombre pero no de Cristo. Entonces, Cristo murió sólo por salvarme del pecado. Por eso le decimos al Señor: te doy gracias, y en esta conmemoración de los fieles difuntos no me quiero olvidar de ellos, porque quiero vivir feliz, contento, en la gracia de Cristo. Vamos a pedirle a nuestra madre, la Virgen: María, te pedimos por las almas del purgatorio, para que nuestras oraciones vayan por las almas más necesitadas, de las que nadie se acuerda. Que esas almas suban hoy al encuentro de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, y que tu buena hermana, tu buena amiga, la muerte, te ayude como una luz, para que vayas siempre por el camino del bien. Así sea. |
| [Reseña histórica de
la arquidiócesis] |