- Domingo, 3 de agosto de 2003 -

“SI CREES EN DIOS, DEMUÉSTRALO DÍA A DÍA
CON OBRAS DE FE”

Queridos hermanos en Cristo Jesús:

Hemos leído hoy el mensaje de Dios sobre el cuerpo de Cristo, sobre la eucaristía, y recordamos también cuando algunas personas le preguntaban a Jesús de una manera muy directa: “¿qué quiere Dios de mi?”, y Cristo les respondió: “la obra que quiere Dios, es que creas en mí”. Este es el drama interno que existe en el corazón de cada uno entonces: creer o no creer en Jesús.

Lo que no puedes es creer a medias, que muchas veces es lo que nos ocurre. Porque crees, pero en algo que tú has fabricado, y no crees en Cristo, Dios y hombre verdadero, que vive, que está en la eucaristía, que perdona los pecados, y al que tengo en mi alma en gracia. También puedes creer en un Jesús lejano a mi vida, que permanece en el cielo y que no me sirve, o puedes creer en un Dios liberador solamente de los problemas humanos, que no es el verdadero......

CRISTO, VERDADERO DIOS Y VERDADERO HOMBRE

Debes creer en Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, porque con él la vida tiene un sentido, con él sabes adonde ir ; en cambio, sin Dios, empiezas a fabricarte tus propios ídolos. No pienses que esta es una prédica que la Iglesia simplemente repite, porque es la verdad, ya que debemos elegir la opción todos los días -desde que me levanto hasta que me acuesto- de hablar con obras.

De no creer en Dios la vida se vuelve oscura, fría, por eso al mundo de hoy tantas veces lo encontramos con esas dudas, porque crees en Cristo, pero haces unas obras que no tienen fe, haces muchas cosas buenas, pero no te acuerdas de él. Por ello, asúmelo con confianza, y cuando te digas “¿qué obtengo creyendo en Dios?”, debes saber que no tendrás una respuesta, porque la pregunta es inútil.

Porque Cristo no es un producto de consumo, en que uno puedo calcular qué beneficio obtiene, o qué gana. En un mundo tan material, debemos rescatar las palabras que dice el Señor: “él (Cristo) tiene un alimento que no termina y que alimenta el espíritu. Por ello, si dentro de tu alma quieres ser feliz, si quieres tener paz, si quieres ser amigo de tus amigos, si quieres levantarte de buen humor o quieres dormirte con la conciencia tranquila, necesitas a Cristo”.

De una manera muy directa, Cristo tiene respuestas con una sola condición: que sepa que crees en él. Y también pide silencio para la mentira, porque cuando tú digas “Señor, ayúdame”, él te dirá: “ábreme la puerta de tu alma, porque tú buscas mi palabra pero tu corazón está lejos de mi”. Por eso, piensa en la sinceridad de tu conciencia, recordando que la religión católica llama a los pecadores y puede curarlos.

La Iglesia Católica busca a quienes necesitan curación, por eso el Señor nos pide: “búscame, yo tengo el alimento, cree en mi. Y si crees en mi, de verdad, debes saber que Cristo tiene para ti mucho cariño, cercanía, ayuda, fuerza, entusiasmo, calor y amor”.

En cambio, para el que no cree en Cristo, él sólo tiene silencio, un silencio que expresa el drama de la época actual: el silencio de Dios para un mundo que se aleja de él. Por eso, Jesús le pide a los Pastores: “háblales en mi nombre, quiero que tu voz sirva para que mi silencio los lleve otra vez a regresar. Allí está la conciencia, donde crece el mayor valor: amar a Dios sobre todas las cosas”.

Es una opción, una elección: amo a Dios sobre todas las cosas, creo en Cristo, su único hijo, y prometo vivir mi vida de acuerdo a esos mandamientos, conforme a ese amor, sabiendo que soy pecador. Porque he escogido el camino a la felicidad.

CUIDADO CON PONER EN TU ALMA EL AMOR PROPIO

Pero también puedo haber puesto en mi conciencia, no el amor de Dios, sino el amor propio, y entonces encontraremos que esa conciencia puede estar presidida por la soberbia, cuando digas “yo no hago mal a nadie”; y el orgullo, cuando digas “nunca cometo pecado”. Además del egoísmo y el rencor que sentirás.

Y en lo que respecta al cuerpo, la conciencia lejana a Dios hará que abuse del sexo, la pornografía y la violencia, porque esa misma soberbia -expresada en el cuerpo- se convertirá en un ídolo falso. Entonces, en lugar del respeto a un amor maravilloso, encontraremos todo tipo de abusos impuestos por los sentidos y las pasiones.

Hermanos, el Señor nos pide con enorme humildad que escojamos el camino de la conciencia, en que el valor de ese amor y de esa fe en Cristo nos llevará por la felicidad. El otro camino -el del amor propio- es triste y cuesta más, porque está lleno de rencor, soledad y violencia.

Vamos a confiar entonces, porque ese amor de Dios se manifestó en la venida de Cristo; la venida de Cristo manifestó su amor en la entrega de la Iglesia; la Iglesia manifestó su amor en darnos el cuerpo de Cristo y los sacramentos; ese cuerpo de Cristo manifestó su amor entregándonos al Vicario de Cristo, el Santo Padre; y el Vicario de Cristo nos mostró su amor nombrando al Pastor, al Obispo, en cada diócesis. La línea espiritual es directa, y viene desde Dios hasta el Obispo.

Las enseñanzas de la Iglesia, entonces, vienen de Dios, por eso yo le pido a la Virgen María: Madre mía, que tengamos una conciencia limpia para ver el rostro de Jesús, y para que podamos saber que él es el pan de vida, y que siempre nos recuerde. Recordemos sus palabras: “el que viene a mí, no pasará hambre, el que cree en mí nunca pasará sed”.

Te queda una pregunta por responder: ¿crees o no crees?. Porque si crees, demuéstralo con obras, recuerda que es Jesús quien te lo dice.

Vamos a pedirle a nuestra madre, la Virgen María, que nos de fortaleza de ánimo, para que nunca nos dejemos vencer por nuestros pecados y nuestras limitaciones. Porque nuestra religión es la religión del perdón y de la misericordia, y lo único que te pide Jesús es creer, en el perdón de los pecados, en la oración, en ese Dios que te ama.

Así sea.

 
 

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