
- Domingo, 5 de enero de 2003 -
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LA FIESTA DE LA EPIFANIA DEL SEÑOR,
Celebramos hoy la fiesta de la Epifanía del Señor, es decir, el momento en que los reyes de oriente vienen a adorar al Niño. Hay aquí un primer mensaje que es muy importante en la vida de la Iglesia; es la primera ocasión en que Jesús recibe la adoración de personas que no era del pueblo judío, y eran paganos. Con este hecho, Jesús le dijo al mundo entero: "yo he venido para todos". Esto, llevado a la vida personal, nos da mucha paz ya que confirma que el Señor ha venido a salvarnos a todos. Precisamente cuando uno siente en su propia alma el peso que significa haberse alejado de Dios, la fiesta de hoy nos recuerda: "para ti ha venido Jesús. Para ti que te sientes lejano, para ti que ves el peso de tus faltas, o ves la vergüenza de tus pecados, o para ti que te sientes lejano y un poquito indiferente". Por ello, la fiesta de hoy me recuerda: "también a ti te busca Jesús". Estos magos del oriente eran gente poderosa que venían con sus regalos, con enormes comitivas que los seguían, y eran personas famosas en sus tierras; por eso el rey de los judíos, Herodes, los recibió. Y aquí viene el segundo mensaje. Fíjate que los reyes le preguntaron a Herodes: "¿dónde está el rey de los judíos que ha nacido?. Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo". Entonces hermanos, este pasaje nos recuerda la luz que todos recibimos de Cristo -en la Biblia se habla de una estrella que se ve en el firmamento- y nos revela que esa estrella está en tu corazón, en tu conciencia como lo acaba de decir San Pablo en el evangelio. San Pablo dijo así: "han oído hablar de la distribución de la gracia de Dios, que se ha dado para ustedes". Por ello, esta revelación de Jesús al pueblo pagano tiene para cada uno un significado muy claro, y es que a cada uno le da Dios la ayuda suficiente; es un amigo, es una palabra, es una familia, es una enfermedad, es la muerte de un ser querido, es la llamada de teléfono o es una oración aquí en la Catedral. Son muchos modos los que el Señor Jesús utiliza para tocar tu corazón y decirte "te doy una orientación". Por eso, hay que estar abiertos a esta acción de Dios en el alma. No puedo decir "yo no necesito consejos", no puedo decir "se lo que hago", no puedo decir "mi vida es como yo quiero", no puedo. Piensa que estos reyes poderosos necesitaron, como cada uno de nosotros lo necesita ahora a lo largo de su vida, esa luz, esa estrella de Dios que te orienta. Cuántas veces escuchas en el fondo de tu corazón: "no hagas esto", pero no obedecemos. Cuántas veces escuchas en el fondo de tu corazón "estoy contigo, quédate tranquilo, no tienes motivos para estar triste". Y sin embargo, a veces me cuesta sentir por la fe, me cuesta decir "Cristo está aquí", o a veces una enfermedad o una situación familiar difícil hacen que diga "¿dónde estás Jesús que no te veo?". Y Jesús te responderá "aquí estoy. Estoy en esa preocupación, en esa persona enferma, pero no me busques en tus caprichos, en tu soberbia, en tu orgullo, búscame donde yo estoy. Recuerda cómo esos hombres llenos de poder, los Reyes Magos, se guían sólo de una estrella". Por eso hermanos, la fiesta de hoy es para llenar de esperanza a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, que nos sentimos pecadores, y que tenemos la suerte de decir: "hay una luz que nos lleva hacia el bien". Pero hay una reacción diferente: la Biblia nos dice que Herodes, el hombre que se sentía el más poderoso del mundo, cuando escucha que ha nacido el niño, se asusta. Pero si es tan poderoso, ¿por qué se asusta? te preguntarás; pues se asusta por su maldad, porque maltrata a los demás, porque se acaba su poder, y porque viene el príncipe de la paz, de la verdad, del amor. Porque viene el Dios del perdón. ¿Será porque va a acabar su poder que maltrata, que miente, que odia, que golpea, que tiene miedo?. Porque nos dice la escritura que Herodes se sobresaltó, convocó a los sacerdotes y les preguntó "¿dónde dice la escritura que va a nacer el niño?". Le dijeron "en Belén". Y entonces aquí viene algo que tenemos que entender. Herodes llamó en secreto a estos reyes y les dijo: "vayan, averigüen donde está el Niño, y después me avisan para que yo lo adore". Pero Herodes mentía. Esto es importante hermanos, porque la mentira siempre es aliada del demonio, y porque sabemos que Herodes no quería adorar a Jesús. Y la prueba está en que luego que los Reyes Magos regresaran por otro camino -sin avisarle a Herodes- éste mandó matar a todos los niños menores de dos años, proclamando: "no quiero un solo niño vivo para estar seguro que Jesús está muerto". Hermanos, con esto quiero decirles que así como se manifiesta en la fiesta de Dios ese deseo de ir a buscarte, ayudarte, acompañarte, perdonarte, darte alegría, también se manifiesta ese Herodes que puede estar a tu lado diciéndote mentiras. Y es que el demonio constantemente está tocando la puerta para engañarte. Por eso, la fiesta de hoy también te pone una disyuntiva: ¿crees en Dios, crees en ese Dios hecho hombre, Cristo, crees en Dios vivo, que te ve, que te conoce, que te ama, que te perdona, al que no se le engaña, y que quiere tu felicidad?. Pero al mismo tiempo tienes la otra alternativa, si prefieres el egoísmo, la soberbia, la mentira, que el demonio se meta en tu alma, te engañe, y actúes como Herodes. Por eso, esta fiesta es el anuncio al mundo entero de un Dios que perdona, y al mismo tiempo significa descubrir a este Herodes, este demonio, que sigue actuando, y que a veces está engañándote a través de una persona o de una enfermedad. Hermanos, en tu vida y en la mía tenemos para elegir entre el camino de la verdad y de la mentira, el camino de la humildad y la soberbia, de la generosidad y del egoísmo, del amor y del odio; el camino del cariño y de la ayuda de unos a otros, o el camino del egoísmo individualista. Por eso, hermanos, le pido a la Virgen que nos ayude, recordando lo que dice el evangelio sobre los Reyes Magos: "entraron en su casa, y vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas, lo adoraron y después le ofrecieron sus regalos: oro, incienso y mirra". Le dieron oro, lo mejor que tenían. Por eso, debes recordar que Dios quiere de ti, una vida cercana a Dios, y que siembres el amor ya seas joven, enfermo, sacerdote o niño. Eso es el oro. El incienso, representa el deseo de orar, de adorar a Cristo; y la mirra representa el sacrificio. Jesús nos dice: "No debes dejar que el demonio se meta con esos pensamientos y deseos que te hacen daño, y más bien debes buscar esa puerta por donde los magos encontraron a Jesús: la verdad, la felicidad, la comprensión". Arroja fuera al demonio que anda siempre rondando, acércate a la oración, acércate a Jesús como los reyes, ponte de rodillas y verás como tu vida adquiere esa paz, esa fortaleza, esa esperanza. Todo eso lo tiene la fiesta de hoy. Y recuerda lo que los Reyes Magos dijeron: "Jesús es para todos, y todos tenemos esa estrella, esa luz, esa cercanía, Dios a nadie lo abandona". No te dejes engañar, mira a tu alrededor a tus padres, tus hijos, tu esposa, tus compañeros de trabajo, y pregúntate: ¿no debo acercarme a darle un consejo a alguien, no debo cambiar nada de mi conducta?; ¿no es el momento de levantar una oración a Dios, o a la Virgen?. Hermanos, esto es lo que hoy la Iglesia nos presenta para seguir caminando con gozo en este vida diaria, y esto es lo que Dios quiere en tu vida y tu trabajo. Allí nos encuentra Dios, allí nos ayuda a través de su hijo, Jesucristo. Así sea. |
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