HOMILÍA
DEL OBISPO AUXILIAR DE LIMA,
MONSEÑOR JOSE ANTONIO EGUREN,
BASÍLICA CATEDRAL,
MISA POR EL DÍA INTERNACIONAL DEL VOLUNTARIADO
- Viernes, 5 de diciembre de 2003 -
| “EL
VOLUNTARIADO ES UNA FUERZA
Les traigo en primer lugar el saludo de nuestro arzobispo Juan Luis Cipriani, que en estos días está de retiro, por lo que me pidió que les transmitiera su saludo y el testimonio de sus oraciones por todos ustedes. Las vestiduras moradas con las cuales se realiza la liturgia hoy, nos señalan que estamos en un tiempo muy especial, en un tiempo de espera. Estamos viviendo el Adviento, que viene de “advenimiento”, porque alguien muy importante se acerca a nuestra vida. Ese que viene es nada menos de Jesús, aquel que vino una primera vez en la humildad de nuestra carne mortal, y aquel que vendrá en una última y definitiva vez con majestad y gloria, para llevarnos a su Reino. Por ello, la tarea que debemos cumplir frente al Señor que llega es salir a su encuentro. DEBEMOS SALIR AL ENCUENTRO DEL SEÑOR CON BUENAS OBRAS La oración de la Iglesia en estos días nos enseña que debemos salir al encuentro del Señor cargados de buenas obras, como las que realizan los voluntariados a lo largo del año. Por eso, es maravillosa la forma en que viven sus miembros esta espiritualidad del Adviento, este salir al encuentro del Señor que ya llega... Pero el Adviento nos impone una tarea, ya que frente al Señor que llega tenemos que preparar un mundo digno de su venida, para que cuando el Señor llegue, encuentre que gracias a nuestro trabajo su Reino se ha extendido y es ahora un mundo con más amor. Creo que ustedes apoyan de manera decidida esta difícil labor gracias al trabajo realizado en los diversos voluntariados de nuestra patria, y gracias a que colaboran con su fe cristiana y su trabajo generoso en preparar un Perú más digno de la última y definitiva venida del Señor. Piensen que el trabajo que realizan se inscribe de manera perfecta en la espiritualidad de este Adviento, para salir al encuentro de Cristo que viene y preparar un Perú más justo, más fraterno y más reconciliado. LA IGLESIA CATÓLICA LES AGRADECE SU TRABAJO El trabajo que ustedes realizan es muy importante, y por eso se los agradezco en nombre de la Iglesia Católica. Es un trabajo generoso, desinteresado, que se hace por amor al Señor y los hermanos, y que hace que muchas personas se pregunten: ¿qué es lo que impulsa a los voluntarios a trabajar de una manera tan generosa al servicio de los demás? Creo encontrar la respuesta en aquello que los sacerdotes del Concilio Vaticano II nos dijeron hablando de la persona humana; ellos afirmaron que “la persona humana sólo se realiza a través de la entrega sincera de sí misma a los demás”. ¿Y por que dijeron esto?, pues porque si somos imagen y semejanza de Dios, y Dios es amor, entonces no hemos sido creados solamente por el amor, sino hemos sido creados para amar. Y el hecho que hayan tantas personas que entregan su tiempo de manera desinteresada a los demás, en múltiples iniciativas, quiere decir que ustedes, los voluntarios, saben que solamente amando es como se realiza una vida Sólo amando una persona puede llenar su vida, sólo amando es como una persona logra ser feliz, solamente cuando el ser humano ama y se entrega como lo hizo Cristo, encuentra el sentido de la felicidad. Eso es lo que impulsa a muchísimas personas a trabajar en estos voluntariados, porque solamente en la entrega sincera a los demás, la persona humana puede trascender. El voluntariado es una fuerza que mueve montañas de indiferencia, y que testimonia a todos que solamente amando de una manera generosa, el ser humano puede encontrarse a sí mismo. EL VOLUNTARIO DEBE DEFENDER LA DIGNIDAD DE LA PERSONA La fiesta que hoy celebramos debe llevar a los voluntarios a cumplir varios compromisos, uno de los cuales es participar cada vez más y mejor, en la defensa de la dignidad de la persona humana. Esta defensa de la dignidad es algo que también distingue a los voluntariados en un mundo marcado por el pecado y que engendra egoísmo; y es que el voluntario con su trabajo generoso siempre defenderá la dignidad de la persona humana, desde la concepción hasta su fin natural. Allí tienen ustedes una fuente de trabajo apostólico enorme, la defensa de la dignidad de la persona humana desde su concepción, que es el momento en que más requiere nuestra protección y amparo. VIVE LA ALEGRÍA DE DAR Esto me permite hacerles una reflexión más, porque veo que hoy se ha perdido mucho la alegría de dar, y no solamente hablo de compartir los bienes y dárselos a los más necesitados; hablo que también se ha perdido la alegría de darse uno mismo a los demás, que es la forma más valiosa de limosna y la que más escasamente se encuentra diariamente. Ustedes a través de su voluntariado expresan una inmensa alegría, en el darse a los demás. Por eso, recuerden también a la gente lo que Juan Pablo II decía en una de sus cartas, con palabras textuales de Cristo: “hay mucha más alegría en dar que en recibir”. Eso es algo que debemos recuperar en nuestra sociedad, la alegría de darse uno mismo, de dedicar tiempo, atención, cariño, bondad, misericordia, dulzura, esperanza, a ese hermano que pueda estar en una dificultad mucho mayor que nosotros, y que puede estar asociado a la cruz de Cristo de manera más profunda que nosotros. Que aquella persona que sea objeto de nuestra caridad experimente -a través de nosotros- que Dios la ama. Esta sería la reflexión final de la homilía, porque el trabajo que ustedes realizan es muy importante, ya que le están prestando al Señor sus manos, su ser, para que sea Dios quien ame a esa persona que está sufriendo o está en necesidad. Sean instrumentos del amor de Dios, para que a través de la caridad, el servicio y la entrega que ustedes le manifiesten a los demás, ellos sepan que se les quiere, que se les ama. Y para que además, la persona necesitada pueda decirnos: “he experimentado en este gesto de amor que me has brindado, que Dios no me ha olvidado, que Dios me está amando y se acerca a mi”. DIFUNDAMOS EL VOLUNTARIADO DESDE LA FE CRISTIANA Ustedes deben ser a través de su trabajo voluntario, una presencia activa del amor de Dios, presencia elocuente del amor de Cristo en el mundo del sufrimiento. Por ello, miren mucho a Cristo, tengan vida de profunda comunión con Dios, y recuerden que no ofendemos a nadie si potenciamos nuestro voluntariado desde la fe cristiana, desde nuestra unión con Cristo a través de la Iglesia. Si quieren ser buenos voluntarios, si quieren ser una presencia solidaria en la vida de los demás, si quieren llevar consuelo, ayuda, alegría, esperanza, al mundo del sufrimiento, la clave es mantener una profunda vida de amor con Cristo, porque ustedes están llamados a ser buenos samaritanos como Jesús lo enseñó en una parábola. Recuerda que Cristo es el buen samaritano, y es el modelo que debe de tener todo voluntario, porque sólo una vida de comunión cristiana le dará a ustedes las fuerzas para poder llegar a este mundo del dolor y de la necesidad con verdadera eficacia. Si cultivamos una profunda vida de comunión con el Señor, con la oración, con los sacramentos, Cristo les dará a ustedes su gracia, su amor, para que ustedes puedan tener la fortaleza de aportar lo que anhelamos todos en el país: esa ansiada civilización del amor. Que la Virgen María les de un corazón materno, como el de ella, para que puedan hacerse sensibles y puedan ustedes amar con ese corazón -el de Jesús y de María- que son los dos corazones humanos que más nos han amado y serán siempre nuestro refugio y fortaleza. Así sea. |
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