- Sábado, 6 de diciembre de 2003 -

“LA GRAN MISIÓN DE LIMA
NOS CONVOCA A ALGO MUY SUPERIOR”


Queridos hermanos en Cristo Jesús:

San Juan María Vianney, como todos ustedes conocen, fue un sacerdote que destacó por su espíritu de oración, por su espíritu de confesión. Fue un hombre muy sencillo, no tenía grandes conocimientos, y se dice -incluso- que el terminar sus estudios le costó mucho esfuerzo. Sin embargo, es sorprendente ver cómo ese hombre sencillo, sin grandes doctrinas, pudo atraer multitudes hasta el pequeño pueblo donde predicaba en Francia.

Y es que ese hombre sencillo centraba todo su misterio en la cercanía con Cristo. Se cuenta cómo pasaba la noche en oración San Juan María Vianney, y cómo se levantaba al alba para estar cerca del Santísimo, lo que ocasionaba las iras del demonio.

DEJEMOS A LOS JÓVENES UN MUNDO MEJOR Y CON MAS FE

San Juan María Vianney es un gran ejemplo para todos los sacerdotes, para toda la Iglesia, por eso, al estar cumpliendo hoy con el deber de visitar los templos, durante la visita pastoral, les recuerdo que la Gran Misión de Lima quiere llegar a todos los fieles con una palabra de ánimo, con una palabra de anuncio para la venida final de Cristo.

Lo haremos para responder a lo que el Papa Juan Pablo II nos ha indicado; “veo gente joven siempre, y quiero recordarle a ellos, que tienen pendiente ese gran tema de la definición de la propia vida”.

Pensemos que durante la juventud es cuando uno decide qué estudiar, con quién andar, por ello la juventud de hoy nos exige que no les dejemos un mundo tan lleno de confusión. Sin ir tan lejos, recuerdo cuando estudiaba en el Colegio Marianistas, y tuve la suerte de compartir aulas con amigos que sabían hacia donde iban, y tenían claro si querían trabajar, si querían seguir la fe o si querían estudiar.

Entonces, hoy creo que los mayores tenemos obligación de enrumbar a estos jóvenes, a los nietos, hacia un camino más claro.

LA CERCANÍA CON EL SEÑOR NOS DA LA FUERZA

En la cercanía que cada uno logre con el Señor está el secreto para hacer las cosas bien. No es sólo la habilidad que tenga un sacerdote, o la simpatía que nos despierten las religiosas, ya que la acción de Dios está en todas las almas, y si no la encontramos allí, pues tenemos que buscarla en nuestras propias vidas.

Les digo a los jóvenes que no se dejen confundir, porque las cosas pasan rápido, lo que permanece es la verdad, el amor de Dios, la lealtad, la palabra dada, la honradez en el trabajo, el amor al Papa y la Iglesia.

Son columnas que aunque se tambaleen, nunca se caerán. Por eso, nos dice el evangelio: “una voz grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanar sus senderos, elévense los valles, desciendan los montes y colinas, que lo torcido se enderece, que lo escabroso se iguale, y todos serán la salvación de Dios. Por eso, preparen el camino del Señor, allanen sus senderos, todos verán la salvación de Dios”.

Estas son palabras reveladas, no son mías, son de Dios, y debo ser sincero en recordar que esta parroquia, en los últimos años, tuvo problemas con el arzobispo de la capital. Hay que ser sinceros, porque conforme vayamos siguiendo el camino, podremos ver que quizás se trató de un malentendido, que pudo haber existido una mala información o un mal entendimiento, pero que el Obispo actuó rectamente, porque la Iglesia así me lo exige.

Las circunstancias de entonces me hicieron pensar: “calla, espera, ya llegará el momento en que con un clima más tranquilo podremos saber la verdad de las cosas”. Pero es una pena que no puedo olvidar, porque el dolor que da una iglesia cuando algunos de sus hijos se alejan es muy grande, ya que muestra una señal de división delante de los demás. Este recuerdo a todos nos duele, por ello hay que olvidarlo, y pensar que quien no fomenta la unidad, no está con Dios.

LA GRAN MISIÓN NOS CONVOCA ALGO MUY SUPERIOR

Estamos en momentos difíciles, porque hacen falta valores, hace falta creer que Cristo vivo está con nosotros, y hace falta creer que él está con mi esposa, en mi hijo, en mi abuelo. Por ello, tengo que aprender a ver a Cristo en mi trabajo, aunque esto no sea fácil.

Lo cristiano es mantener el espíritu de comunión con Cristo, y llevar a muchas almas las palabras de consuelo, ya sea a aquel joven que se aburre de la predicación, o a aquella niña a la que no le nace confesarse. Son cosas que el Señor pone en nuestras almas, y que nos muestra a través del ejemplo de San Juan María Vianney.

Creo que La Gran Misión de Lima nos convoca a algo muy superior, como es sembrar de alegría, de paz, de esperanza, el país, para ahogar el mal en abundancia de bien. Esa es la tarea que hoy como Pastor, quisiera dejarles.

Que la Virgen María nos enseñe a todos -en este mundo que tantas veces nos confunde- a caminar juntos, a comprendernos. Y destruye, Madre mía, lo que mi alma tenga de odio o de envidia, porque no viene de Dios.

Así sea.

 
 

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