
- Viernes, 7 de marzo de 2003 -
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DIGAMOSLE
AL SEÑOR HOY, COMO SAN JUAN DE Queridos hermanos en Cristo Jesús: Mañana estaremos celebrando la fiesta de San Juan, y las palabras que hemos escuchado en la primera Carta del apóstol San Juan nos dicen: "el que no ama, permanece en la muerte". Porque el que no ama permanece en la oscuridad, y por ello habría que pensar si detrás de mis obras hay ese amor de Dios, amor al prójimo, o a veces detrás de ese servicio a los demás se mete el amor propio, cuando tienes la necesidad que te vean ayudando a los demás. Por eso, vale la pena decirle al Señor hoy, como San Juan de Dios: "ayúdame para que esta vocación de servicio a los enfermos, al prójimo, a las criaturas, sea de verdad amor a Dios, y por Dios, amor al prójimo. Que no me ame a mí mismo, que no me busque a mí mismo, y que no viva pendiente de si consigo lo que anhelaba". En una ocasión, un obispo llamado Van Thuan, de Vietnam, estuvo preso 13 años en solitario. Murió hace un año aproximadamente, y él decía que cuando estaba encerrado solo -lejos de su diócesis, lejos de sus fieles a los que no podía predicarles, ni visitarlos en los hospitales, ni atenderlos en los comedores- sentía un gran dolor. Pero un día de su largo encierro, Dios que es tan bueno le hizo meditar: "¿a ti te duele no poder hacer tu obra o lo que te duele es no poder llevar las almas a Dios?". Entonces el obispo se dio cuenta que el dolor que sentía era porque no podía hacer "sus obras", así lo dijo él; y entendió que desde ese cárcel también podía acercar las almas a Dios, podía ofrecer sus horas de soledad, podía rezar la Santa Misa, podía pedirle al Señor con el pensamiento, la misericordia; es decir, tenía más posibilidades de ayudar a los demás a acercarse a Dios. Piensa en tu vida hermano. Ustedes que están enfermos, ustedes hermanos del personal auxiliar, piensen que detrás de esas obras está Dios, y que nuestra gran tarea como Iglesia -a través de esa atención a los enfermos- es llevarlos a Dios. Y cada uno de nosotros en su casa, su familia, su trabajo, podemos hacer esa obra de Dios, acercar las almas hoy que el mundo no piensa mucho, sólo actúa; porque se habla mucho de amar al prójimo, se habla mucho de solidaridad, pero al final se actúa mucho y se medita poco. Dios nos pide para este hospital quizás una palabra que acerque las almas de los enfermos a la misericordia, a la alegría, a la esperanza, quizás un compromiso de dar la vida por los hermanos. Por lo tanto, cuando hacemos esta distinción -porque el Espíritu Santo nos da esos ojos de la fe- nos damos cuenta que estamos para servir a Dios como dice el evangelio: "amarás a Dios con todo tu corazón, toda tu alma, todo tu entendimiento. Hasta que no haya ese todo no entenderé, estaré haciendo muchas cosas inútiles, no estaré acercando las almas a Dios; me cansaré, me desanimaré, me pelearé, porque está faltando la verdadera vista de la fe". Por eso pidámosle al Señor, porque sólo entenderemos en el momento en que vivamos una experiencia, cuando hayamos sentido lo que es hacer cosas por amor a Dios; ya no será el estar contento porque he hecho "mis cosas", sino porque he visto en ese hermano enfermo a Dios, he visto en ese compañero de trabajo a Dios, he visto en ese familiar a Dios, y entonces podremos decir: puedo leer el evangelio porque he experimentado el amor a Dios. Sin querer yo podría hacer de esta obra, una simple obra de asistencia social, como pueden hacer tantos hospitales. Pero aquí está Dios, aquí está el amor, esto es lo que la Iglesia Católica le pone de especial a sus obras, llevar las almas a Cristo a través del servicio de curar a los niños, de ayudar al que no tiene. Entonces hermano, busca a Cristo, porque si no has experimentado en tu vida el amor a Dios, tu fe no crece, tu fe va muriendo. Por eso, debemos saber que cuando este hombre santo, San Juan de Dios, empieza esta obra de ayuda a los hospitales, fue porque sintió la experiencia de ese amor de Dios, tuvo esa vida propia, y por eso decía él: "qué grande es la misericordia de Dios, nunca dejaríamos de hacer el bien, mientras pudiéramos, porque él nos espera con los brazos abiertos, para que cambiemos nuestro corazón, para que lloremos nuestros pecados, para que hagamos caridad, primero a nuestra propia alma, después al prójimo. Porque así como el agua mata el fuego, la caridad, el amor de Dios mata el pecado". "Son tantos los jóvenes que aquí llegan, que yo mismo a veces estoy preocupado; ¿cómo voy a poder mantenerlos?", decía a veces San Juan de Dios. Y agrega el santo: "pero Jesucristo lo provee todo, les da de comer, a pesar que la ciudad es grande y fría, especialmente en invierno, Entre todos, enfermos y sanos, gente de servicio y peregrinos, hay más de 110 personas" contaba San Juan. "Como esta casa es general, recibo en ella hermanos con todas las enfermedades: tullidos, mancos, mudos, paralíticos, unos muy viejos, otros muy niños. Y sin embargo, otros muchos peregrinos que llegan aquí les dan fuego, agua, sal, vasijas para guisar y comer, entonces es Jesucristo que lo provee todo". Fíjate en estas palabras de San Juan de Dios, fíjate en cómo se esperanza en esta obra. Este es el espíritu que lo animó a él, y con el que yo vengo a la misa para agradecerles su trabajo, para recordarles a todos y decirles que abandonen todo en manos de Dios, y que tengan confianza en él ante ese problema. De esa manera descubrirás el evangelio en tu vida, en el enfermo, en tu compañero, descubrirás a Cristo que pasa, y tendrás para todos paciencia, buen humor, protección. No te cansarás de hacer el bien. El gran modelo es Nuestra Madre, la Virgen María, porque ella crecía día a día en la fe, guardando en su corazón lo que escuchaba Jesús. Guardemos también nosotros en el corazón, la palabra de Dios, tengamos esos ratos de meditación tan importantes; quizás unos minutos antes de dormir cada noche. Y cuando estés una noche atendiendo a un enfermo, o a los que están postrados, ayúdalos, enséñales a meditar el Padre Nuestro, el Ave María, algunas palabras de fe, para que así podamos comprobar lo que descubrió aquel cardenal vietnamita: que la obra de Dios nunca se detiene. Ahora que estamos aquí, Dios está actuando en nuestras almas y en la de todos los enfermos que no han podido venir aquí a la misa. Y el Señor actúa en sus almas, en sus pensamientos, los anima, los llena de esperanza, los cura, acompaña a sus familiares, les da nueva ilusión y esperanza. Esa tarea espiritual no debe detenerse, en cambio si buscas sólo hacer tus obras -aunque sean para Dios- te quedarás con la preocupación; ¿de dónde saco el dinero? ¿cómo consigo medicinas?., etc. Pues abandónalo todo en manos de Dios, él te dará las respuestas y te llamará siempre a través de María, modelo de fe, que te permitirá vivir de otra manera. Madre mía, Señor Jesús -por intercesión de San Juan de Dios- auméntanos la fe, auméntanos las esperanzas, y auméntanos el amor, especialmente a los pobres y los enfermos. Así sea. |
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