- Domingo, 7 de setiembre de 2003 -

“LA EUCARISTÍA CONTIENE
EL BIEN ESPIRITUAL DE LA IGLESIA”


Queridos hermanos en Cristo:

Con verdadera alegría vengo a este templo, al que encuentro muy cambiado, desde que hace algunos meses lo visité. Por ello me alegra mucho comprobar lo bien que ha quedado.

En el día de hoy, les pido que cada uno vaya revisando su propia alma, para que examinemos nuestra vida diaria. Y quisiera recordarles la historia de la salvación que Dios ha querido hacer con todos los hombres.

EL PECADO ROMPE NUESTRA NUEVA ALIANZA CON DIOS

Dios, desde que vinieron Adán y Eva, fue preparando a su pueblo para el encuentro con él, sin embargo, tuvo que observar cómo el hombre rompía la alianza, y le decía “no te necesitamos”, ofendiéndolo con el pecado original.

Ese pecado original nos ha dejado a todos una herida en el corazón, ya que todos tenemos aún señales de soberbia, de orgullo, que nos hacen decir a veces: “yo puedo todo, y busco a Dios sólo cuando lo necesito”.

Recordemos entonces que cuando el hombre rompió su alianza con Dios, él volvió a preparar a su pueblo a través de los profetas, de Abraham, de Moisés, y le fue mostrando el camino de la salvación. Pero el pueblo también rechazó esas enseñanzas, hasta que llegó el día en que Dios envió a su hijo para sellar la alianza, como la muestra de su amor por nosotros.

Cristo vive hoy, por eso mi pregunta es: ¿tú lo crees?, ¿crees que Cristo vive?. Porque vemos tantas cosas en el mundo, que nos hacen pensar a veces: “¿y Cristo?”, “¿se ha olvidado de nosotros, o nosotros nos hemos olvidado de él?”.

Por ello, en la consagración que realiza el sacerdote en cada misa, se alude al “sacrificio de la nueva alianza”, porque es Cristo quien ha venido a hacer esa nueva alianza, pero con el mismo Dios.

LA FALTA DE FE ES UNO DE LOS GRANDES PROBLEMAS DE HOY

Y en ese nuevo altar que vamos a consagrar, Jesús, verdadero dios y verdadero hombre, vendrá con su cuerpo y con su sangre, con su alma, con su divinidad, para quedarse en ese sagrario precioso. Cristo vive, recuérdalo, por lo que te vuelvo a preguntar si crees en él.

Porque cuando se manifiesta esta falta de fe -que es uno de los grandes problemas de hoy- te pueden decir que Cristo está allí, pero no lo creerás, ya que nos hemos encerrado mucho en nuestro problemas, nuestro orgullo y nuestros pecados. Y cada vez que cometas un pecado grave, romperás la alianza con Dios.

El Papa Juan Pablo II, en ese documento sobre la eucaristía, nos dice: ”la Iglesia vive de la eucaristía, de su cuerpo, de la nueva alianza, de ese Cristo vivo que está dentro de ti, y que cuando cometes un pecado tiene que dejarte, porque no puede compartirte con el pecado”.

Entonces no nos pongamos alegres solamente cuando gane el Perú, porque con nuestra fe debemos estar siempre alegres y en paz, ya que esa fe viene de Dios.

El Santo Padre nos recuerda también: “la eucaristía es el núcleo del misterio de la Iglesia, porque la Iglesia no es un grupo de amigos, sino el cuerpo de Cristo”. Y es que la Iglesia no es un grupo que opina, o una persona que tiene ideas, sino que la Iglesia es el cuerpo de Cristo.

LA EUCARISTÍA CONTIENE EL BIEN ESPIRITUAL DE LA IGLESIA

Creer es lo que nos da paz, creer es lo que nos lleva a ayudar a un joven, a un enfermo, y a tenderle la mano. Por eso, el Papa nos dice: “se continúa cumpliendo la promesa de Cristo, cuando le dijo a sus apóstoles: “he aquí que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo, en la sagrada eucaristía, con la transformación del pan y el vino”.

“Y en el cuerpo, en la sangre de Cristo, se alegra la Iglesia de esta presencia, con un gozo único. Nos llenamos de esperanza, ya que la sagrada eucaristía contiene todo el bien espiritual de la Iglesia”, agrega el Santo Padre.

En esta Capilla de Cristo Sacerdote, debemos recordar que Dios es el único Pastor, porque en esta nueva alianza, en ese pacto que tiene con los hombres, su hijo Cristo viene en su nombre, y también en nombre de los hombres; porque Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre.

Por eso el Papa nos pide que recuperemos el domingo, que recuperemos la santa misa, ese momento en que debemos presentar al Señor toda nuestra alma, con agradecimiento, con dolor, con alegría, con arrepentimiento, para que recibas la salvación.

NO PERDAMOS EL BUEN HUMOR

Sólo así este templo seguirá siendo la casa donde todos somos acogidos, y en cuyo altar siempre se dará el sacrificio del cuerpo de Cristo.

Pensemos entonces si tu casa, tu trabajo, tu familia, pueden convertirse en un altar, en el cual ofrezcas a Dios la alegría, el cariño, la paciencia. Hagamos de nuestras vidas un gran altar.

Recordemos que una de las grandes señales de la valentía es no perder el buen humor, porque cuando uno pierde el buen humor, es débil, y el mundo de hoy está esperando que los cristianos mostremos un rostro alegre. No tenemos ningún motivo para estar tristes, porque en Cristo está la alegría, de la mano de la Virgen.

Vamos a pedirle a María: madre mía, a veces no entiendo muchas cosas, por eso recuerdo tu ejemplo, cuando a veces no entendías, pero siempre te mantenías valiente. Y guardabas en su corazón lo que te decía el Espíritu Santo, por eso te invoco para que nos enseñes a ser fuertes.

De esta manera, la Gran Misión que vamos a emprender pronto en Lima será como un despertar la presencia de Cristo en todos los corazones.

Así sea.

 
 

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