
- Lunes, 8 de diciembre de 2003 -
| “PARA
UN CATÓLICO ES MUCHO MÁS IMPORTANTE
Con gran dolor quiero darles a conocer el fallecimiento esta mañana de Monseñor Fernando Vargas Ruiz de Somocurcio, antiguo arzobispo de Arequipa, quien ha fallecido en Miraflores, lugar donde residía. Por ello, oremos por Monseñor Fernando Vargas, un hombre con muchos años al servicio de la Iglesia Católica. Hoy la Iglesia celebra la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, un dogma que fue definido el 8 de diciembre de 1854 por el Papa Pío IX. Y hoy, el Santo Padre Juan Pablo II ha querido dirigirse de una manera especial al pueblo católico, para recordar los 150 años que se cumplirán de la definición de este dogma. SÓLO ES POSIBLE ALCANZAR LA SALVACIÓN PARTICIPANDO EN EL PROYECTO DE DIOS ¿Qué es lo que la Iglesia nos enseña en este dogma de la Inmaculada Concepción?. Pues de una manera muy clara, la Iglesia afirma que es revelada por Dios la doctrina que afirma que la beatísima Virgen María fue preservada por una particular gracia y privilegio de Dios omnipotente, y que también fue librada de toda mancha de pecado original desde el primer instante de su concepción. Es decir que la Virgen María en ningún momento de su vida, desde la concepción, fue manchada por el pecado, ni por la más leve falta. Esto es lo que la Iglesia define como dogma, y dice el Papa que el prodigio de la Inmaculada Concepción recuerda a los creyentes una verdad que es fundamental: sólo es posible alcanzar la salvación participando dócilmente en el proyecto de Dios, quien quiso redimir al mundo a través de la muerte y de la resurrección de su unigénito hijo. Con la Inmaculada Concepción de María -sigue diciendo el Papa- comenzó la gran obra de la redención que tuvo lugar con la sangre preciosa de Cristo. Porque en Cristo, toda persona está llamada a realizarse hasta la perfección de la santidad, y de esa paradoja de la cruz surgirá la respuesta a nuestras interrogantes más inquietantes, ya que Cristo sufre por nosotros. Cristo sufre por nosotros dándonos la posibilidad de compartir con él nuestros sufrimientos, porque unidos a los de Cristo, el sufrimiento humano se convierte en medio de salvación. Y si Jesús es el manantial de la vida que vence a la muerte, María es la madre cariñosa que sale al paso de las expectativas de sus hijos, obteniendo para ellos la salud del alma y del cuerpo. LA NUEVA ALIANZA DE DIOS CON LOS HOMBRES Pensemos hermanos en ese misterio de la Inmaculada Concepción, una de las fiestas que la Iglesia celebra con más gozo porque es la fiesta de nuestra madre siempre pura. Debemos recordar que Dios creó el mundo y que luego del pecado tuvo que volver a crearlo a través de su hijo Jesucristo. Se había roto la alianza entre el mundo y el creador, los hombres habían desobedecido, se habían entregado a los ídolos como leemos en el antiguo testamento, por lo que en un momento determinado, Dios les dijo: “quiero volver a crear un mundo en que haya una nueva alianza, una nueva guía, una nueva amistad, y eso lo voy a lograr enviándoles a mi hijo”. Y esa venida de Cristo que volvió a crear el mundo, se inició en las entrañas purísimas de la siempre Virgen María. Por eso, María es para nosotros el lugar en donde estuvo el Redentor del mundo, la mujer que generó esta nueva creación, la que nos llevará a la salvación eterna. Y como Dios quería mucho a su madre, la escogió llena de gracia, como se lo dijo el ángel Gabriel cuando fue a visitarla: “alégrate llena de gracia, el Señor está contigo”. Es el ángel Gabriel quien de parte de Dios le dice María que está llena de gracia y no tiene pecado. Y más adelante viene ese diálogo tan hermoso, donde se dicen esas palabras que Juan Pablo II repite mucho: “el ángel le dijo a María: “no temas, María, has encontrado gracia ante Dios, concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo y le pondrás como nombre Jesús. No temas María”. Hoy nuestra madre nos dice a todos: “no temas” ante tantos ruidos, dificultades, falta de trabajo, mentiras que vienen de aquí y de allá, mil circunstancias en las que la Iglesia nos recuerda: “levanta tu mirada, observa a María, pídele a ella que te de esa paz, que no le tengas miedo nunca a la verdad e ilumines las mentes de todos”. DELANTE DE DIOS NO VALEN NI PODERES NI DINEROS ¿Quién es más importante hoy?: ¿un niño de siete años que pide limosna en un semáforo o un ministro de Estado, un señor periodista, un Cardenal?; ¿quién es más importante?. Es más importante el que ama más a Dios, es más importante el que vive su vida de la mejor manera, delante de Dios. Porque delante de Dios no hay dineros, no hay poderes, no hay importancias. En la fecha que celebramos la fiesta de la Inmaculada Concepción, el mundo católico celebra matrimonios, ordenaciones sacerdotales, renovación de votos de personas consagradas. También se festejan a muchas instituciones, y es que en esta fecha de la Virgen María reconocemos los católicos la alegría de nuestra madre siempre pura, siempre humilde, siempre sincera, siempre al lado de la gente que no tiene voz. Iluminemos el país con esa luz de la proximidad del nacimiento de Jesús, iluminemos el país con la luz de la Inmaculada siempre virgen María, encendamos un sol sobre esta nube oscura que hace difícil la convivencia, que hace a los pobres más pobres, que hace a nuestro país menos pacifico. Que todo esto no lo busquemos solamente en las noticias, ilumina tu corazón y se una pequeña luz en esa nube oscura, abre el campo a la Navidad; porque es mucho más importante para un católico el nacimiento del hijo de Dios que cualquier otra noticia. RESPETEMOS EL SENTIMIENTO NAVIDEÑO A veces pienso: ¿qué pasa con nuestra fe?, ¿por qué no se respetan en este clima navideño los valores cristianos, los valores de esperanza, de fe, de solidaridad, que todas las familias católicas deseamos? Esto no significa vivir de espaldas a la realidad, pero la realidad me dice que el nacimiento del hijo de Dios merece un respeto a la honra y a la dignidad, un poco de sentido común, para que en nuestros corazones vuelva a surgir la alegría de sentirnos hermanos, de sentirnos miembros de un mismo país, de sentir que nos tratamos con respeto. No quiero hablar de ningún otro detalle en una fiesta tan grande como es el gozo de la Virgen María, quien desde el cielo nos estará mirando, alegre y perpleja, y nos dirá: “yo quiero bendecirlos, ayudarlos, levantarlos, y ustedes no me dejan, porque me ponen una nube oscura para que no atreviesen los rayos de luz del amor de Dios hacia las grandes mayorías”. Por eso, respetemos a las grandes mayorías, para que podamos vivir los días de Navidad con paz, amor, transparencia, sinceridad, honestidad, respeto, cariño, ternura. Nuestra Madre María nos habla de eso. Yo comprendo que quien no comparte la fe pueda ver esto como una ironía, pero quienes compartimos la fe, con mucha devoción, miramos a nuestra madre muy agradecidos y la invocamos: “Madre nuestra, ten compasión de nosotros, acuérdate de nosotros, enséñanos a amarnos, a vivir unidos, enséñanos a vivir con una mente limpia, arranca de los corazones sospechas, suspicacias, odios, envidias”. Y para quien quiera discrepar, que viva la libertad, pero sepan que la Iglesia hoy nos llama a un tiempo de paz, un tiempo de admiración, de asombro, ante el hijo de Dios que va a nacer en tu alma. Para ello es importante la ayuda de unos medios de información que pueden dar enorme cobertura a la bondad de Dios. ¿No será éste el enorme aporte que el país les pide?, ¿no será este el momento de invadir los hogares con el gozo, el recuerdo de lo que es esta fiesta de la Inmaculada Concepción?. DEJEMOS DE LADO EL CANIBALISMO POLÍTICO El día 12 de diciembre recordaremos la festividad de Nuestra Señora de Guadalupe, y el día 14 tendremos la ordenación de diáconos aquí en la Catedral de Lima. Y el próximo 20 de diciembre inauguraremos un templo maravilloso en Manchay, antes de celebrar las fiestas de Navidad en el calor del hogar. Todas estas son fiestas importantes, por lo que la Iglesia les pide a los medios de comunicación, con enorme respeto: ayúdennos a sembrar el amor, la fe, la comprensión, y de esa manera la verdad se abrirá paso, la nube oscura dejará pasar los rayos de la luz y encontraremos realmente lo que el Perú entero nos está pidiendo: más paz, más trabajo, más estima por cada uno de nosotros, dejando de lado el canibalismo político, dejando de lado ese comernos unos a otros. ¿Por qué no ayudarnos, por que no darnos la mano entre todos los peruanos?. Esto redundará en que haya menos pobres, más educación, más salud, menos delincuencia. No es mérito de un poder específico, es parte de toda la sociedad que quiere respirar en estos días de Navidad, un clima de paz. Que la Virgen nos proteja, nos bendiga, nos llene de esa fe, de esa esperanza, y de ese amor. Así sea. |
| [Reseña histórica de
la arquidiócesis] |