
- Domingo, 9 de febrero de 2003 -
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"EN LA JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO, ENCENDAMOS LA LUZ DE JESÚS
EN EL CORAZÓN, PARA QUE NINGUN MAL FÍSICO O MORAL Muy queridos hermanos en Cristo Jesús: Hoy nos dirigimos especialmente a aquellos hermanos que por algún motivo están en situación de enfermedad, y que hoy van a recibir el sacramento de la unción, después de la homilía. Y al leer la Sagrada Escritura, el Libro de Job nos dice unas palabras muy apropiadas para esta Jornada Mundial del Enfermo: "el hombre está en la tierra cumpliendo con un servicio, es decir, la razón de ser para los que estamos en la tierra es servir a los demás. Nuestra misión, nuestro ideal es servir a los demás". Por ello, pensemos que las palabras del evangelio que dicen "debes amar al prójimo como a ti mismo", constituyen el ideal que debemos tener en la vida. Si te preguntan "¿cuál es tu ideal?", o "¿para qué estás en el mundo?", tu respuesta debe ser: para amar a los demás como me amo a mí mismo. Porque de esa manera seré amado, y además tendré como misión en la vida, amar a los demás. Diciéndolo de una manera más clara, podríamos decir: "no hagas a otro lo que no quieres que te hagan a ti". Por eso, el Santo Padre, refiriéndose a esta Jornada Mundial del Enfermo, te dice: "hay preguntas urgentes sobre el dolor, sobre la muerte, que están en el corazón de todos nosotros; y a veces te preguntas ¿por qué el sufrimiento?, ¿por qué el dolor?, sólo porque tenemos una mentalidad que trata de dejar de lado al enfermo, dejar de lado al anciano y al que sufre". Y es que a veces preferimos ignorar el dolor ajeno, porque tenemos una mentalidad secularizada. Agrega el Papa: "esperamos respuestas para ese motivo del dolor, porque el cristiano está llamado a dar testimonio que su misión en la tierra es servir y amar a los demás". Por ello, la Iglesia tiene muchas iniciativas, centros de salud y comunidades religiosas que se dedican íntegramente a esa Pastoral de atender a los enfermos. En todas las parroquias de Lima hay esa tarea de visitar a los enfermos, y de llevar el sacramento de la unción para que el Señor los llene de paz y les devuelva la salud; pero el llamado del Papa es para todos, el llamado del Papa para amar al prójimo nos pide: "ocúpate de ese hermano, ese amigo, ese pariente, ese vecino, ese trabajador, esa persona que por algún motivo está sufriendo en su cuerpo la falta de salud". Eso es algo que está dentro del mensaje de la Iglesia, y hoy, al celebrar esta Jornada Mundial, rezamos especialmente por todos los que padecen la enfermedad, los aquí presentes y los que también nos pueden seguir a través de los medios de comunicación. Recordemos que el hombre está en la tierra con un ideal, un objetivo, que es amar al prójimo, amar a Dios y darse a los demás. Ese es el ideal, que puede hacer que tu vida adquiera un sentido maravilloso: buscar permanentemente el servicio a los demás. San Pablo en la segunda lectura nos dice: "el hecho de predicar no es para mi motivo de orgullo, porque yo digo: ay de mi si no anuncio el evangelio". Aquí, San Pablo nos quiere recordar a los pastores la importancia de predicar la palabra de Dios, y por ello, debemos reflexionar sobre las palabras del Papa en su Mensaje dirigido por esta Jornada Mundial. El Papa nos dice: "he de desear que el evangelio de la vida y del amor resuene con vigor, especialmente en América. Parece -dice el Santo Padre- que se perfila un modelo de sociedad en la que dominan los poderosos, marginando e incluso eliminando a los débiles. Pienso ahora en los niños no nacidos, víctimas indefensas del aborto, en los ancianos y en los enfermos incurables, objeto a veces de la manipulación de su vida, y en tanto otros seres humanos marginados por el consumismo y el materialismo. Semejante modelo de sociedad se caracteriza por la cultura de la muerte y por tanto, está en contraste con el mensaje evangélico". Por eso, la Iglesia debe anunciar el progreso de la ciencia, el avance de la técnica médica que busca la curación y una mejor calidad de vida para la existencia humana, pero también debe recordar siempre un principio fundamental: la vida debe ser protegida, debe ser defendida, desde el primer instante hasta su ocaso. El Papa nos dice que el servicio a los demás -esa misión que tiene el hombre- nos obliga a proclamar, oportuna e incluso importunamente, que todos los que se valen de las nuevas potencialidades de la ciencia, especialmente en el camino de la biotecnología, nunca pueden ignorar los fundamentos de la ética. Y por ello la Iglesia -que está abierta al auténtico progreso científico y tecnológico- aprecia el esfuerzo y el sacrificio de quienes quieren elevar la calidad del servicio a los enfermos, respetando su libertad inviolable. Por eso anuncia el Papa: "nunca es lícito matar un ser humano para curar a otro, y sabemos que desde el primer instante de la fecundación se origina ese proceso de concepción en la que ya hay vida autónoma. Entonces, un auténtico progreso de la ciencia nos llevará por caminos para mejorar la calidad de vida o proteger la vida, pero jamás se buscará la manipulación de las ciencias para eliminar vidas". San Marcos nos dice que Jesús curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios. Yo quisiera que ese ejemplo de Cristo -que hoy la Iglesia contempla y recuerda al ver tantos hermanos y hermanas que dan su vida en voluntariados y comunidades religiosas- continúe y se fortalezca. Y también quiero expresar el agradecimiento de la Iglesia a estos hermanos solidarios, y hacer un llamado para que aumenten las vocaciones de servicio. Y a ustedes, queridísimos enfermos, unas palabras: el conocimiento de Jesús es el que rompe la soledad, supera las tristezas, las dudas, frena las pasiones, sublima los ideales, y expande las energías en la caridad. Te pido que sencillamente, sin palabras, le presentes a Jesús tu sufrimiento, tu confusión, tu duda, y lo pongas en el silencio de la misa, en el silencio de tu corazón, con confianza. Y te digo como Pastor de la Iglesia: la vida es amor, la vida es un ideal, la vida es una misión y todo esto supone encender la luz de Jesús en el corazón, para que ese mal físico y moral, nunca nos lleve a la soledad. Por eso la Iglesia emprende esa acción tan importante, por los enfermos, por los niños y por los ancianos. Y antes de terminar, quiero que pidamos por la paz en el mundo, ya que estamos viendo -con una aparente tranquilidad- cómo se aproxima una guerra que debe ser evitada. Por ello, le pedimos a la Virgen que la sabiduría triunfe sobre a la violencia, que la verdad triunfe sobre la mentira; porque con esa verdad y con esa sabiduría, se podrá evitar una guerra que ya se está dando, en este momento, en el fondo de las conciencias. Hay una gran desconfianza entre unos y otros, y más bien empieza a surgir la confianza en la violencia. Que pena que los seres humanos no podamos confiar en la Verdad, porque ese es el tema que genera esta posible guerra: la desconfianza en la Verdad. Pidámosle a la Virgen hoy por la paz, y ustedes hermanos enfermos, ofrezcan sus dolores, sus sacrificios, para que conduzcamos al mundo por ese camino de la concordia. Nuestra Señora de Lourdes, a ti te pedimos: ilumina el corazón de quienes tienen que decidir, para que sepan caminar por la senda de la verdad, de la justicia, de la sabiduría. No hablamos de pacifismo, hablamos de una paz honesta que lograremos entre todos con la oración. Así sea. |
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