- Sábado, 10 de mayo de 2003 -

“EN EL DÍA DE LA MADRE, RECORDEMOS:
DIOS CONFÍA A LA MUJER EL CUIDADO DE LA VIDA”


Queridos hermanos en Cristo Jesús:
Queridas madres:

Mi presencia el día de hoy en el Instituto Materno Perinatal, expresa el amor preferencial, el amor especial que la Iglesia Católica tiene por la mujer madre. Por eso, como Pastor de la arquidiócesis, como Cardenal, y siguiendo las enseñanzas del Papa Juan Pablo II, quiero decirles que la fiesta que celebramos mañana, el Día de la Madre, tiene un contenido muy especial para la Iglesia.

Recordamos que Dios quiso habitar en la mujer a la que más queremos todos, la Virgen María, y quiso habitar en ella por elección divina, antes que el mundo lo viera y teniendo como refugio el vientre purísimo de la siempre Virgen María. Por lo tanto, esa distinción con la que Dios quiso unir la venida de su hijo Cristo al rol de la mujer, está en el centro de la misión que Dios quiere para la mujer en el mundo.

Porque la mujer está unida a su hijo en ese amor privilegiado, porque a través de esos nueve meses del embarazo, ella adquiere un vínculo especial con el recién nacido; el modo de amar de la mujer, tenemos que decirlo, es especial, porque Dios lo ha querido así, porque las madres lo llevan grabado en el corazón, y ella es la primera defensora de la vida al llevar al hijo a sus entrañas. Toda madre sabe lo que es el valor de la vida desde el primer instante.

Son dos las características que la mujer tiene que mostrar a los demás: enseñar a amar y proteger la vida. Y en este hospital, donde tantas veces vemos madres que pasan por dificultades económicas o situaciones familiares difíciles, la Iglesia quiere decirles a esas mujeres: “estamos cerca a ustedes de manera especial, pongan su confianza en Dios, encuentren en Dios siempre la esperanza, no se dejen llevar por campañas antinatalistas, no se dejen llevar por campañas que buscan maltratar su dignidad”.

El Papa Juan Pablo II lo dice de una manera muy clara: “la fuerza moral de la mujer, su fuerza espiritual, se une a su responsabilidad, y es que Dios le confía de modo especial al hombre, es decir, al ser humano. Dios confía a la mujer el cuidado de la vida”. Al mismo tiempo, el Santo Padre nos dice que constantemente existe el peligro que el hombre quiere dominar a la mujer de cualquier modo, y por eso vemos situaciones dolorosas como el de la mujer abandonada, o el de la mujer que tiene un hijo y su pareja ya se alejó de la obligación.

Por eso, la Iglesia Católica está al lado de las madres, ante todas esas dificultades, para decirles: respeten su dignidad, porque de ninguna manera -como dice el Papa- la mujer puede convertirse en un objeto de dominio y de posesión por el hombre Por eso, cuando celebramos el Día de la Madre tenemos que celebrar también esa especial dignidad: ¡maestras del amor, defensoras de la vida¡.

A las futuras madres les decimos que sabemos que existen muchas dificultades económicas, pero debemos recordarles que esas dificultades jamás las deben llevar a pensar en el aborto; sería una verdadera tragedia.

Busquemos ser promotores de la vida, para que cuando veamos que una madre tiene dificultades, acudamos a ayudarla, a acompañarla. Y por eso también le pedimos a la sociedad de hoy que no utilicen a la mujer como un producto comercial; pensemos cuántas veces, en esos avisos comerciales, en esas telenovelas, en esas noticias de periódico, la mujer es mostrada como un objeto.

No dejen que el mundo de hoy haga de la mujer un producto de consumo. Ustedes, mujeres y madres, le dan al mundo de hoy ternura, le dan amor, le dan atracción y le dan la belleza de la mujer como persona humana, no solamente en la forma física; por eso, cuando en el Ministerio de Salud se dice “somos personas que tratamos, cuidamos y curamos a otras personas”, vemos que esa frase tiene mucho contenido.

Porque somos personas, por lo tanto hay una dimensión de amor, de cariño, de perdón, hay una dimensión espiritual de fe; hay una dimensión de acompañamiento y de solidaridad que hace mucho más profunda la relación entre personas.

Esto es lo que tenemos que pedirle hoy, de manera especial a la Virgen María: Madre mía, que no haya ninguna mujer, en ningún rincón del país, que no encuentre tu compañía, tu apoyo, tu ayuda, que ninguna mujer en el Día de la Madre se sienta sola o maltratada.

Y a todos los hombres les pido que bajen la cabeza con verdadero respeto ante la maternidad, y que cambien su actitud ante la mujer; y a las madres solteras les digo que la Iglesia está para ayudarlas, si hay mujeres que pasan por la dificultad del abandono, la Iglesia está para ayudarlas, pero la Iglesia también quiere decirles que el proyecto de Dios es mucho más bonito, y está conformado por ese matrimonio, ese amor que es dolor, ese amor que es compañía, ese amor que es el cuidado de los hijos.

Por ese sentimiento es que le pedimos tantas veces a la sociedad; protege el amor con tus leyes.

Yo muchas veces me pongo a pensar: ¿qué hace un padre o una madre cuando la sociedad corrompe a los hijos?. Porque la calle, las costumbres, la TV, los corrompe, y entonces reflexiono: ¿cómo pueden hacer los padres para evitar ese daño?. Si apenas pueden estar con ellos un rato por el trabajo, y los hijos tienen horas para estar frente a la TV...

Y mi pregunta es más profunda aún: ¿quién paga esos programas, quién auspicia esos programas?. Sólo así llegaremos a la responsabilidad de fondo; pensemos quién paga esos programas donde se prostituye a la mujer, o en los que se maltrata el hogar con caricaturas de lo que es una madre o una hija. Quien sea el responsable, debe saber que está creando un mal moral, está creando una cultura contra la mujer, contra la familia, contra la educación.

Y las madres, que muchas veces son padre y madre a la vez, dicen: “¿qué puedo hacer con mi hijo?. Porque tengo que salir a trabajar, y cuando llego a casa encuentro a mi hijo o mi hija viendo cualquier programa nocivo”. O dicen: ¿”qué hago cuando en la escuela no le han enseñado lo que debe?”. Yo quiero decirle a esa madre que Dios siempre puede más.

Por eso, insisto en fijar la posición de la Iglesia, cercana a la mujer, a la mujer madre, cercana al amor de la mujer, cercana al dolor de la mujer, y cercana a la mujer defensora de la vida. Todo esto lo pondré en manos de Dios durante la Santa Misa, para que el Señor las bendiga, para que el Señor les de fortaleza.

Señor ministro de Salud, sabemos que no es fácil la tarea que falta cumplir, pero debemos recordar que la verdad está con nosotros; esa verdad que hace libres, esa verdad que genera desarrollo, esa verdad que fortalece el espíritu, esa verdad que hará de nuestra patria un verdadero hogar. Por eso, acojamos todas estas dificultades con amor, y al mismo tiempo prediquemos la verdad.

Siempre que visitó un hospital, recuerdo a mi padre, que trabajó toda su vida en uno de ellos. Y al estar aquí también recuerdo a tantos médicos que con su vida apoyan esta causa de la mujer madre, y por supuesto, recuerdo a mi madre, que fue 11 veces madre.

Ella, mi madre, tuvo la osadía, la honradez, la valentía de ser 11 veces madre, y nos dio la educación en el hogar. Por eso bendito sea Dios, y creo que ella y tantas madres que ya no están aquí, bendicen hoy a las madres del Perú.

Así sea.

 
 

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