
- Martes, 11 de febrero de 2003 -
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"QUIENES AYUDAN A LOS ENFERMOS DEBEN RECORDAR SIEMPRE LAS PALABRAS DE CRISTO: "NO HE VENIDO A SER SERVIDO, SINO PARA SERVIR"
Hoy el Papa ha querido celebrar a nivel mundial la Jornada Mundial del Enfermo. En todos los rincones del planeta se reza por ellos y también por todos los que están relacionados con el mundo de la salud, que sin lugar a dudas cumplen una misión de servicio a los demás. He visto ese subtítulo creado por el Ministerio de Salud, que dice "somos personas que curan a personas", y creo que es necesario reflexionar sobre ello, ya que nos estamos acostumbrando a tratarnos de manera inapropiada entre padres, entre hermanos, y a veces lo hacemos con los enfermos. Muchas veces nos ocurre que este mundo un tanto cruel disminuye ese amor al prójimo que es como el motor de la vida, porque el que no sabe amar no sabe vivir, y permanece como una persona extraña para sí mismo; ese amor va muy unido al servicio a los demás y no significa un intercambio meramente económico, sino que significa un intercambio de amor. Por eso la Iglesia Católica, que siempre ha estado cercana al servicio de la salud, pone todo su amor en el cuidado de los pacientes, ya sean niños, ancianos o enfermos. Reflexionemos cuántas veces el enfermo se siente aliviado con esa inyección que le hace mucho bien, pero también con la sonrisa, la palabra, el acompañamiento de ese auxiliar que entra a limpiarlo, a atenderlo. Cuántas veces el gran dolor del enfermo puede ser la soledad o el tener la impresión que nadie se ocupa de él, el extrañar a sus hermanos, a sus hijos, a su esposa. Por eso, quienes estamos en este mundo de la salud recordamos esas palabras: "no he venido a ser servido, sino para servir", y sabemos que ese servicio y ese amor que es el mundo de la salud, están siempre unidos. Y les digo a los enfermos hoy, en esta Jornada Mundial del Enfermo, que son privilegiados, porque es a través de la cruz y el dolor que Cristo nos rescató del pecado. Quiero recordarles a ustedes, hermanos enfermos, que desde su aparente incapacidad, soledad y sufrimiento, pueden cambiar el mundo, y son quienes pueden ayudar más a sus familias; por eso les digo que levanten su corazón al Señor con esperanza y con fe. El Papa nos ha dirigido unas palabras en esta Jornada: "hay preguntas sobre el dolor, sobre la muerte, que están en el corazón de todos, a veces uno trata de esquivarlas, de ignorarlas, y en este mundo tan frío y tan poco humano, esperamos respuestas válidas. Y el cristiano, el hombre que tiene fe en Cristo, el hombre que ve a Cristo que asume las heridas, las enfermedades de la humanidad, el cristiano levanta con confianza su mirada a Jesús, en cualquier lugar y en cualquier momento, para decirle: "apiádate de mi, lléname de fuerzas, no dejes que el desánimo, la soledad, la indiferencia, me derrote". Yo recuerdo las palabras de San Josemaría, que señalaba que el Opus Dei había comenzado su labor espiritual entre los enfermos más abandonados de los hospitales, a los que les pedía su oración. San Josemaría pedía siempre así: "que nadie sienta la crueldad de la indiferencia, porque esa es la enfermedad contemporánea". Estando aquí en este hospital les digo, con palabras del Papa: "esto es una Catedral, aquí reina Cristo, y por eso le pido a él: levanta esos corazones, levanta el ánimo de toda este personal de salud". Y fíjate que la Iglesia se encuentra hoy defendiendo algo muy importante, como es la vida y la dignidad humana. Nos encontramos en la oscuridad sobre el tema de la vida, lo que muchas veces es motivado por intereses económicos, no por intereses de salud, por ello la Iglesia pregona en voz alta que defiende el evangelio de la vida, y que siempre estará en contra de la cultura de la muerte. Y el Santo Padre nos dice: "parece que quiere perfilarse un modelo de sociedad en el que predominan los poderosos, marginando e incluso eliminando a los débiles. Pienso ahora en los niños no nacidos, víctimas indefensas del aborto". Porque es realmente increíble la movilización mundial a favor del aborto, con muchos trucos, no tan científicos, sino más bien económicos e ideológicos. La Iglesia recibe el avance de la ciencia con enorme agradecimiento, porque sabe que la verdad, la justicia y la libertad, jamás se va a oponer a la verdadera ciencia; y esa ciencia nunca puede buscar eliminar la vida, porque sino se volvería sólo una técnica, ya no una verdadera ciencia. Dice el Papa en su mensaje por este día: "ese modelo de sociedad se caracteriza por la cultura de la muerte, y por lo tanto está en contra del mensaje del evangelio". Por ello, debemos recordar que no estamos en una pelea política de corto plazo, sino que estamos ante un valor muy grande, la vida humana. Entonces actuemos limpiamente, y si hay discusiones de tipo científico, que se lleven a ese nivel, pero no hagamos de esto una discusión política. Yo le doy gracias a Dios porque mi padre fue médico, y ese recuerdo lo llevó con verdadero gusto; y se que el que estudia para ser médico normalmente no ha elegido esa carrera para llenarse de dinero, sino para llevar una vida digna, austera, sirviendo a su prójimo. Obviamente que se deben buscar todos los medios para mejorar el nivel económico, porque hay en el mundo de la salud una vocación de servicio que no es fácil hallar en un país pobre como este. Por eso, creo que al celebrar esta santa misa por los enfermos, estamos dando un testimonio de caridad, reafirmando nuestra misión de ser administradores y garantes para darles la mejor vida posible a los hermanos enfermos. Debemos recordar al Papa cuando dice: "no podemos ignorar las exigencias fundamentales de la ética, no podemos discriminar como si una vida fuera más importante que otra. La Iglesia está abierta a un auténtico progreso científico y tecnológico, por ello aprecia el esfuerzo y el sacrificio de quien con entrega y profesionalidad busca elevar la calidad del servicio a los enfermos, respetando su dignidad inviolable. Pero en cada intervención terapéutica, en cada experimentación, en cada trasplante hay que tener la convicción de una verdad que no tiene excepción: nunca es lícito matar a un ser humano para salvar a otro". Son palabras muy sencillas en las que todos podemos estar de acuerdo, pero es cuando se trata de aplicarlas en la vida cotidiana que aparecen fuerzas económicas, ideológicas, ajenas a la ciencia; y lamentablemente el mundo de hoy presenta esta pelea entre la cultura de la vida y la cultura de la muerte. Queridísimos hermanos enfermos, que nos ven también por los medios de comunicación, les pido que reconozcan y acojan a Jesús, que los llama a ser testigos que hay otra vida en el evangelio del sufrimiento. Estas palabras del Papa son muy bellas: "con frecuencia las personas en el mundo de hoy, no saben lo que llevan dentro. En lo más profundo de su ánimo, de su corazón, muchas veces se sienten invadidos por la duda, a veces por la desesperación. Por ello, les ruego e imploro con humildad y confianza, permitan que Cristo les hable, sólo él tiene palabra de vida, de esa esperanza de la vida eterna". Por eso le pido a Jesús: abre el corazón de todos estos médicos, enfermeras, personal auxiliar, enfermos, familias, abre sus corazones, háblales, porque no soy yo, es él quien quiere elevar ese nivel de la dignidad humana, especialmente en este campo tan sensible de la salud. Y le pedimos a nuestra madre, la Virgen de Lourdes, a quien hoy celebramos su fiesta: Madre mía, cambia los corazones. También le pido a la Virgen María: enséñanos a dialogar, enséñanos a respetarnos, enséñanos que la violencia nunca conduce a nada, y que el diálogo tiene siempre una condición, la Verdad. Le pedimos a ella evitar esa guerra que parece casi inevitable, y nos preguntamos: ¿no será posible que entre todos le pidamos a nuestra madre que evite esa guerra en Irak?. Al final no es un problema de exámenes científicos, no, el problema es que las naciones no se creen, no confían en lo que le dice una a la otra. Cuántas veces en la vida diaria del enfermo y de la familia, la falta de confianza genera un espíritu de violencia. Por eso, vamos a pedirle a nuestra madre, María: genera este espíritu de solidaridad, revive ese espíritu de servicio en cada uno de los que aquí trabajan, ya que no hay dinero que justifique lo que pasa un médico al pie de la cama de un enfermo toda la noche, o que equivalga a la dedicación de una madre por su hijo enfermo. Quienes hemos optado por el camino del servicio al prójimo, lo hacemos por amor y procuramos que de esa manera, en nuestros hogares haya paz. Porque hemos elegido una profesión de servicio al prójimo. Que Dios los bendiga a todos. Así sea. |
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