- Lunes, 11 de agosto de 2003 -

“SANTA CLARA VIVIO LA POBREZA
COMO UN REGALO”


Queridos hermanos en Cristo Jesús:

Hoy, al celebrar la Solemnidad de Santa Clara de Asís, nos viene a la mente el recuerdo de su vida. Y la vemos aquí -en la imagen que preside del retablo- con la eucaristía, porque ella fue un alma enamorada de ese sacramento.

Allí tenemos un tema de reflexión, para que cada uno de nosotros le pidamos al Señor así: “Dios, auméntanos la fe. Porque si yo creyera que estás realmente presente en el altar, si yo creyera que cada vez que como tu cuerpo, habitas en mi y yo en ti, otra sería mi vida”.

Pero no se trata de cosas nuevas, no se trata de situaciones diferentes, porque santos hay en todas las épocas, porque enamorados de la eucaristía hay en todos los tiempos. No conozco un solo santo que no haya destacado por su amor apasionado a la eucaristía y por su devoción al tratar al Señor, al visitarlo, al acompañarlo en procesión.

LA IGLESIA VIVE DE LA EUCARISTIA

En la encíclica del Papa sobre la eucaristía, leemos: “la Iglesia vive de la eucaristía, la eucaristía es el núcleo del misterio de la Iglesia. Aquí Cristo está con todos nosotros, todos los días, hasta el fin del mundo, gracias a la transformación del pan y el vino en el cuerpo y la sangre del Señor”.

Por eso, la Santa Misa es algo muy especial. Tanto para nosotros, los sacerdotes, como para ustedes que participan, constituye el centro y la raíz de la vida cristiana. Entonces no debemos dejar que la misa sea un acto más dentro de la Iglesia, porque ella es su núcleo, de donde brotará a nuestras almas ese amor apasionado a Jesús.

Ese amor nos lleva hoy a rendirle homenaje a Santa Clara, porque todos los hechos del mundo son temporales, y siempre pasan. Un claro ejemplo son las paredes de este Monasterio, que han contemplado durante siglos a gente como nosotros, que venían en esta fecha a rezar, a rendirle su homenaje, y que ya han terminado su vida. En cambio, Dios sigue siendo el mismo, Cristo sigue siendo el mismo, y Santa Clara nos sigue diciendo desde el cielo: “contempla el rostro de Jesús y no dejes que tantas equivocaciones del mundo te alejen de lo único necesario, Cristo Eucaristía”.

Sacerdotes, recordemos que la razón de ser de nuestro ministerio es la celebración piadosa, seria, profunda, de la Santa Misa donde somos Cristo. Todo lo demás es consecuencia. Y a los que reciben el cuerpo de Cristo, les recuerdo que gracias a ese alimento se convierten en él, porque con la eucaristía harás que Cristo habite en ti.

Es tan claro lo que nos dice el Señor –“el que come mi carne y bebe mi sangre habita en mi y yo habito en él- es tan fuerte la revelación que nos hace Dios, que muchas veces no la creemos. Eso explica por qué cuando pensamos en nuestras vidas y reflexionamos sobre ellas, no lo hacemos delante de Jesús, y eso explica por qué no lo amamos más, o por qué no encontramos en la eucaristía una esperanza.

¿Acaso Dios se ha hecho más pequeño en el siglo XXI?, pues no, entonces dime ¿dónde están las vocaciones?. ¿Acaso se ha olvidado Dios de nosotros?, pues no, entonces dime ¿por qué muchos se preguntan sobre la injusticia y sobre las razones por las que ya no hay santas claras o san franciscos? Pregúntatelo cada día, porque Dios sigue sembrando en los corazones ese amor, pero si no lo acompañamos en la eucaristía con piedad, esa pequeña semilla de fe no crecerá.

LA POBREZA COMO UN REGALO

Sigue a Santa Clara, ella vivió la pobreza como un regalo, no como un problema. Santa Clara no luchó contra la pobreza, más bien se agrandó ante ella, y como nuestra madre Santa María al pie de la cruz, entregó todo.

Ahora yo te pregunto si puedes seguir su ejemplo, no solamente por el tema del dinero, sino por las cosas que debes soportar, como ese abandono en el corazón; porque allí hay muchas cosas que son riquezas del pecado, como la envidia, el sexo, la violencia o la intriga.

Cuando te hablo de la pobreza, te pido que limpies tu corazón, y que lo entregues totalmente a Cristo Eucaristía en la cruz. Por eso, imita a Santa Clara y verás que la pobreza material es fácil de alcanzar, lo difícil es instalarla en el corazón, donde muchas veces hay egoísmo, falta de fraternidad y falta de humildad.

Bienaventurados los pobres de espíritu, por eso pidámosle a Santa Clara que despoje a nuestro corazón de todas esas inclinaciones que no son amor de Dios, y que lo llene con la eucaristía. Luego Dios, el gran maestro, nos dirá como podemos vivir fielmente su palabra.

PAPA NOS LLAMA A AMAR LA EUCARISTIA

El Papa Juan Pablo II nos está convocando con un gozo enorme a amar la eucaristía, por ello no debemos dejar que esas enseñanzas se olviden. Su documento sobre la eucaristía nos dice precisamente: “por eso la eucaristía, que es el sacramento por excelencia del misterio pascual, está en el centro de la vida eclesial”. Y luego nos recuerda los Hechos de los apóstoles: “acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y las oraciones. La fracción del pan –dice el Papa- evoca la eucaristía; y mientras la hacemos ahora en la celebración de la Santa Misa, los ojos del alma se dirigen a esa tarde Jueves Santo en la Ultima Cena, se dirigen a esa agonía en Getsemaní”.

Estoy seguro que Santa Clara me pediría que les recuerde todos estos pensamientos, porque lo que ella hizo fue amar con locura la eucaristía. Ella nos diría así: “no me recuerden de otro modo más que amando a la eucaristía, porque lo que yo hice fue vivir una pobreza a la que me aferré. Y fruto del amor a esa pobreza que empieza en el corazón, fruto de un amor a la eucaristía, brotó esta familia clarisa en todo el mundo”.

Qué responsabilidad tienen hoy las religiosas del Monasterio. Qué responsabilidad para ustedes, hermanas franciscanas, por ser depositarias de la herencia de un San Francisco y de una Santa Clara.

Yo le pido al Señor para que todos veamos en esos santos, una luz que puede iluminar la oscuridad del mundo opaco. Porque al pensar cada uno de ustedes en su propia vida, en su propia familia, verán que solitarios estamos y que frío hay en el mundo; cuánta soledad, cuánto maltrato, cuánta violencia y cuánta mentira existe, porque nos hemos alejado de la eucaristía y de la oración.

LA POBREZA ES UN GOZO PARA LOS RELIGIOSOS

Aquí veo a Santa Clara con esa custodia y junto al cuerpo de Cristo. Deseo que tengan esa imagen a lo largo del día, para que así ella te pueda decir en el corazón: “qué alegría, mi ejemplo hoy en el siglo XXI sigue siendo una ayuda para todos. No me celebren de cualquier manera, sino con esa mística, con ese amor apasionado por la eucaristía”.

Recordemos que la pobreza es una virtud cristiana y un gozo solemne para los religiosos; por ello, no vamos a luchar contra ella, porque hemos hecho un voto solemne para amarla. De esa manera, podremos ayudar a los más necesitados.

Así sea.

 
 

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