
- Viernes, 12 de setiembre de 2003 -
| “EL REENCUENTRO CON LA FAMILIA DEBE SIGNIFICAR VOLVER HACIA LOS VALORES FUNDAMENTALES”
Las últimas palabras del evangelio de hoy nos llevan a una meditación que ayuda mucho, porque el Señor nos quiere recordar que debemos amarnos unos a otros, “como yo los he amado”, según dice. En este preguntar “¿te sientes amado por Dios?”, puedes darte cuenta que Dios te ama con tus limitaciones y tus circunstancias, y que te brinda un amor gratuito, un amor misericordioso, un amor infinito. Solamente al considerar en profundidad que Dios te ama, podrá surgir con toda la fuerza el amor al prójimo, ya que Cristo es el único que conoce a fondo tu corazón. AMAR A LOS DEMAS COMO CRISTO ME AMA Este inicio que explica la antropología cristiana, que explica la familia cristiana, es un principio que escapa a un estudio puramente sociológico, político o psicológico; porque esta gran fuerza que lleva a mirar la vida con esperanza, nos reúne en este Congreso convocado por el Consorcio de Colegios Católicos para mirar a Cristo y convencerte que él te ama. Cristo ha dado su vida por mi cuando ni siquiera yo había nacido, y Cristo ha confiado en mi sin siquiera saber cómo soy; y ahora está conmigo en la eucaristía, sin saber si lo voy a tratar bien o mal. Pensemos entonces qué desprendimiento, qué generosidad del Señor, vale la pena meditarlo cuando el mundo se presenta tan desconfiado y cuando los valores cristianos están desapareciendo. El Santo Padre nos recuerda que estamos en una época en que las palabras, los mensajes, están desprendiéndose de contenido, por lo que ahora se le llama familia a cualquier cosa, se le llama educación a cualquier cosa, se le llama amor a cualquier cosa. Por ello, si las palabras con las que expresamos y comunicamos nuestro interior ya no tienen contenido, este reencuentro con la familia debe significar un retorno a los valores fundamentales, cuyo único origen es Cristo. Cristo vive en ti, en cada uno de nosotros, y de manera sacramental y real en la eucaristía. El es el mismo ayer, hoy y siempre, el mismo que caminaba con sus apóstoles predicando, llorando, comiendo, y sigue siendo aquel que quiso recorrer el mundo para que todo camino vaya hacia Dios. El Papa nos recuerda que a ese Cristo debemos mirarlo con ojos nuevos, sabiendo que todo se inició por una iniciativa de Dios; porque tanto amó Dios al mundo que nos envío a su hijo. LOS PADRES NO PUEDEN DESENTENDERSE DEL PROYECTO EDUCATIVO La familia, como núcleo de derecho natural, hombre y mujer con dimensión social, hombre y mujer con dimensión educativa, constituye un valor en el que se desarrollan los valores, y es prácticamente una prolongación del seno materno. Un desafío muy grande que tienen los padres es que no pueden desentenderse del proyecto educativo, más cuando el mundo les va quitando horas dedicadas al hogar, y cuando todo el sistema y la organización de la sociedad aleja a los padres de la formación de sus hijos. Por ello, la Iglesia Católica recuerda que los hijos convocan a sus padres a participar del proceso educativo, en la casa, en la escuela, en la universidad, en todo momento. Parecería que esta labor puede ser como remar contra la corriente o arar en el desierto, pero no es así, porque la palabra de Dios -a través de dos mil años- ha tenido momentos de gran esplendor, momentos aparentes de oscuridad, pero Cristo sigue siendo el mismo ayer, hoy y siempre. En ese sentido, el Santo Padre nos dice: “los caminos que cada uno de nosotros seguimos son muchos, pero no hay distancias entre quienes están unidos por la única comunión, la que cada día se nutre de la mesa, del pan eucarístico y la palabra de Cristo. Porque cada domingo Cristo nos convoca de nuevo en el cenáculo, donde al atardecer del día primero de la semana se presentó a los suyos para instalar sobre ellos el don vivificante del espíritu, e iniciarlos en la gran aventura de la evangelización”. Allí tenemos un reencuentro concreto con la familia, por lo que debemos cumplir ese deseo del mismo Cristo, que ahora el Papa ha hecho suyo: el domingo debe volver a ser el centro de la semana, el día del encuentro de la familia. BUSCAR A CRISTO CON ESPERANZA A partir de Cristo, confiando en su obra, debemos esperar con alegría y con gozo el enorme desafío que el mundo de hoy nos presenta. Y no es necesario un examen exhaustivo de los problemas que presenta, porque lo que necesitamos es presentarnos con nuevos bríos ante Cristo, mirarlo con nuevos ojos y confiar en que el aporte de nuestra fe iluminará un mundo oscuro. Termino con unas palabras del Santo Padre: “debe prestarse una atención especial a la Pastoral de la Familia, especialmente en un momento histórico como el presente, en que se está constatando una crisis generalizada, radical, de esta institución”. Entonces, levantemos la mirada a Jesús y recordemos las palabras de San Pablo: “si has resucitado con Cristo, busca las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. Busca las cosas de arriba, no las de la tierra, porque tu vida está con Cristo”. Esta misión siempre se encuentra con limitaciones como el pecado o las dificultades, pero éstas no son excusas válidas porque Cristo te ama y busca tu conversión. Por eso, deja en manos de Dios tu trabajo en este Congreso, y verás como te lanza a una actividad apostólica impresionante, para que encuentres los caminos que deben iluminar a tus hijos. Vamos a encomendarle a nuestra madre, María, esta semilla que es la Escuela de Padres, para que pronto de frutos; para que la simiente que sembramos desde la Comisión de Educación de la Conferencia Episcopal, se convierta en un árbol maduro, y logremos incorporar de manera institucional a los padres de familia en la tarea fundamental de educar a los hijos cada día.
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