
- Domingo, 12 de octubre de 2003 -
| “LA VIDA ETERNA SE INICIA AQUÍ”
Hoy, quiero recordar que la palabra del Señor -como dice en la Carta a los Hebreos- “es viva, es eficaz, es más tajante que una espada de doble filo, que penetra hasta el punto donde se dividen el alma y el espíritu, y juzga los deseos y las intenciones del corazón”. Esta verdad de la palabra de Dios es la que ahora quisiera que penetrara en el corazón de cada uno, para que nadie se resista a abrir su alma ante ella de par en par. Porque Dios puede entrar en cada uno de nosotros para decir su palabra, y justamente hoy encontramos en el evangelio de San Marcos una enseñanza muy importante. ¿QUE HARE PARA ALCANZAR LA VIDA ETERNA? Dice el evangelio que una persona le preguntó a Jesús así: “¿qué haré para heredar la vida eterna?”, una interrogante que ahora yo les hago a todos ustedes, diciéndoles: ¿te has preguntado sobre el sentido de tu vida, o para qué estas en el mundo?; ¿no es acaso para alcanzar la vida eterna, la felicidad eterna, la paz, la alegría, el gozo eterno?. ¿Te has hecho esa pregunta?, porque ese hombre del evangelio ya se la hizo, pero hay otros que aún no se la hacen, ya que Dios nunca obliga en las almas. Pero recordemos lo que San Agustín decía siempre: “tu corazón no aceptará cualquier respuesta, porque siempre estará inquieto y siempre tendrá esa pregunta en el fondo”. ¿Te has preguntado que debes hacer para alcanzar la vida eterna?, porque si lo has hecho, debes saber que la respuesta empieza en la tierra. Y es que la vida eterna no está al final de la vida terrena, no, la vida eterna comienza en este mundo, cuando Cristo te dice: “el que me recibe, habita en mi y yo en él, con la eucaristía”. Entonces, de alguna manera la felicidad, la paz eterna, la verdad eterna, se hará tiempo, se hará notoria en tu corazón, en tu vida, en tu familia, en tu trabajo, en tu salud, en tus problemas. Qué diferente será, por ejemplo, una carrera en la que uno de los atletas piense que son cien los metros a recorrer, mientras que el otro cree que son diez mil los metros a recorrer; y es que, cuando se de la partida, uno saldrá con toda su energía hacia la meta, en cambio el otro dosificará sus fuerzas. De la misma manera, los que pensamos que Dios inicia en nuestras almas -a través de Cristo- la vida eterna, sabemos que estamos en una carrera de diez mil metros, en el que cada segundo ya tiene algo de eternidad. Pero también sabemos que cada acto que nos aleje de Dios ya tiene una huella de eternidad y de castigo. ¿QUE DEBEMOS HACER MAESTRO BUENO? Vuelvo a la pregunta inicial: ¿te has interrogado sobre la vida eterna?, porque esa será la luz que iluminará tu existencia. Y si no te haces esa pregunta, difícilmente tendrás alegría en tu vida, y vivirás una permanente carrera de cien metros que nunca terminará, que te dejará agotado y rodeado de dioses falsos. Hermanos, la vida es maravillosa, es eterna, y se inicia aquí. Recordemos otra vez el evangelio, cuando el Señor es llamado por el muchacho, “maestro bueno”, de la misma manera en que nosotros podemos hacerlo. Yo quiero que hoy todos nos hagamos la pregunta: “¿qué debo hacer maestro bueno, para alcanzar la vida eterna?”, porque sólo Cristo nos dirá que el precio de la vida eterna es que lo ames con todo el corazón, con toda tu alma, con toda tu inteligencia, con todas tus posibilidades. Habrá alguno que seguramente pensará que tiene muchas habilidades y virtudes en la vida, olvidando que todas esas virtudes son prestadas, ya que están colocadas allí para amar a Dios. “Porque si lo usas para tu vanidad y provecho propio, no alcanzarás la vida eterna”, nos advierte el Señor. Habrá seguramente otros que dirán: “estoy lleno de pecados y no valgo nada, porque soy una persona muy sencilla, que no tengo sabiduría y no tengo nada”. Ante esa persona, Jesús dirá: “aún esa escasez de tu ser, si me la entregas, valdrá infinito”. Por eso hermanos, debemos entregar todo, aplicando la confesión ante los pecados, aplicando la lucha contra los defectos, y sabiendo que el Señor estará pendiente de tu corazón, tocándolo siempre para que lo abras. NO ALEJES DE TU VIDA EL SACRIFICIO Hazte la pregunta: ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?, y la única respuesta que encontrarás de Dios, será: “Lo mucho que tienes, dámelo. Ama a Cristo sobre todas las cosas, y ponte en manos de él para que su palabra –que todo lo ve- te muestre el camino”. Por eso, el hombre de fe es una persona optimista, con la alegría del que se sabe hijo de Dios; de allí viene el gozo de la filiación divina. Esa pregunta sobre la vida eterna en el mes del Señor de los Milagros, nos ayudará mucho porque vemos ahora al Cristo Morado en el trono de la paz, donde hay respuestas para todos. No arranques de tu vida el sacrificio, el trabajo, el deseo de ayudar a los demás, el estudio, la confesión, la eucaristía. Porque ese Cristo muerto en la cruz ha resucitado, y nuestra madre, María, con frecuencia nos dirá: “hagan lo que él os dice”. Deberías preguntarte diariamente qué debes hacer para alcanzar la vida eterna, porque la respuesta de Cristo siempre te llenará de paz, de gozo, y te dejará tranquilo en un mundo que muchas veces no quiere hacerse esa pregunta.
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