- Viernes, 13 de junio de 2003 -

“RECORDEMOS QUE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN DEBEN ESTAR SIEMPRE AL SERVICIO DEL AMOR”


Queridos hermanos en Cristo:

Hoy la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación ha querido celebrar esta Santa Misa, para pedirle a Dios por todos los que trabajan en medios de comunicación, y también para pedirle por las almas de quienes ya no están con nosotros.

Por ello, quisiera hacer unas reflexiones en torno al mensaje del Papa Juan Pablo II, que nos recuerda que la comunicación en el mundo requiere de una serena objetividad, ya que la tecnología ha progresado de una manera tan rápida que ha originado una serie de reacciones, conflictos, avances, que requieren calma para su análisis.

Las cosas no han cambiado tanto por el hecho que uno las conozca un poco más rápido o un poco mejor, pero definitivamente esas cosas influyen ahora más en nosotros. Por eso, el Santo Padre nos recuerda que el mundo de la comunicación debe tener una objetividad serena, “ya que por un lado, las comunicaciones nos ayudan a conocernos más, pero también pueden generar grandes conflictos entre la gente. No es la tecnología la responsable, sino el cómo se usa, porque definitivamente los medios tienen un poder impresionante para influir en el comportamiento de las personas”, nos dice el Papa.

Y es que como herramienta apostólica, la Iglesia no puede dejar de mirar con verdadero empeño el que los medios de comunicación orienten a la gente hacia el bien. Por ello, el Santo Padre agrega: “ha crecido enormemente el poder de los medios para moldear las relaciones humanas y para influenciar en la vida política y social, tanto para el bien como para el mal”.

Y no estamos pensando solamente en la TV, porque diariamente tenemos una comunicación cada vez más rápida a través de los celulares y del internet. Por ello, debemos meditar en que este cambio en la velocidad de asimilar las cosas no está en el ritmo de lo humano, porque lo humano requiere de más tiempo, de más reflexión, en cambio la tecnología va más rápido y no hace distingos.

El Papa relaciona esta herramienta apostólica que constituyen los medios de comunicación, con la evangelización, y nos habla de la exigencia moral que deben observar siempre al servicio de la verdad; ya que ante un mundo con tantas mentiras, la verdad está pasando a ser un producto exclusivo, y el peligro es que pueda devaluarse.

La verdad es condición básica para una convivencia humana, serena y objetiva, la verdad alimenta el bien, la libertad, el progreso, porque la mentira lo destruye todo; por eso el Santo Padre destaca en primer lugar, la importancia de la veracidad, y luego habla de la relación que tienen los medios con la justicia, señalando: “es verdad que muchas veces los medios pueden pertenecer a grupos con intereses propios, pero en cualquier caso es importante que no generen división, venganza, y que no maltraten la honra, la dignidad a la que toda persona e institución tienen derecho”, afirma el Papa.

Ello debe cumplirse siempre, porque es muy difícil rectificar cuando se ha difamado a una persona, una familia, o una institución. Por ello, el Papa nos advierte: “la injusticia, por influencia de los medios, es muy difícil de rectificar”. Y es que cuando se le hace daño a una sola persona, quizás es fácil repararlo, pero cuando de modo anónimo se daña a alguien ante una audiencia de 300 mil personas, será difícil rectificar el error.

El Papa nos habla también de los medios en relación con la libertad, y nos recuerda que esa libertad es una condición previa de la verdadera paz. “Los medios sirven a la libertad, sirviendo a la verdad, y por el contrario, obstruyen la libertad en la medida que se alejan de la verdad y difunden falsedades o crean un clima de emociones emotivas ante los hechos. Entonces, si los medios están para servir a la libertad, deben ser libres”.

Finalmente, el Santo Padre relaciona todo este servicio que realizan los medios, al amor. “Los medios de comunicación –dice el Santo Padre- son actores claves en el mundo actual, y tienen un papel inmenso que realizar para construir aquella confianza, derribando las barreras de la desconfianza”. Este es el mensaje del Papa para esta Jornada Mundial de las Comunicaciones.

Por ello, la Iglesia ve con mucha ilusión al futuro, orando para que en todos los medios, el anuncio de Cristo sea la sal, la luz, el fermento que le de sabor a esta herramienta apostólica que no podemos ignorar.

Ponemos todas estas intenciones en las manos de nuestra madre, la Virgen María, para que ella nos ayude a hacer una serena reflexión -en la propia familia, en el trabajo- de cómo podemos vivir mejor, en medio de este clima tan denso de la comunicación.

Así sea.

 
 

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