- Domingo, 13 de julio de 2003 -

"SEAMOS PORTADORES DE ESOS VALORES QUE NUESTRA PATRIA NECESITA: VERDAD, JUSTICIA Y PAZ"

Queridos hermanos en Cristo:

Acabamos de leer en el evangelio, ese pasaje en el que los discípulos salen a predicar la importancia de la conversión interior, por ello, debemos reflexionar si existen cosas en nuestra propia vida que no están bien; sobre todo si reconocemos deseos y propósitos de enmienda que nunca se cumplen.

La epístola de San Pablo señala que Cristo nos eligió antes de crear el mundo, para que fuéramos santos. Y es Cristo quien nos ha elegido con nuestras debilidades, con nuestros pecados, para que vayamos por el mundo predicando la buena nueva, predicando la esperanza, la verdad, sin hacer daño y sin atacar a nadie; pero reconociendo nuestras limitaciones y sabiendo que representamos la palabra de Dios.

En ese clima, creo que es importante que hoy hagamos algunas reflexiones, para darnos cuenta que ninguna sociedad puede vivir sin esperanza. Esa esperanza que significa esperar, buscar lo que aún no se posee, o desear una virtud, un cambio de conducta, la mejora de los hijos, o la conversión personal.

NO CERREMOS LA PUERTA DE LA ESPERANZA

Debemos tener siempre como señal de esperanza a Cristo, ya que él se manifiesta en la vida diaria, sin ser nunca un Dios lejano. Si no fuera así, la vida se tornaría insoportable, porque nadie podría contemplar que pasen los años sin poder mejorar, perdonar o tratar de cambiar. Porque si cerramos la puerta de la esperanza, el mundo se hace insoportable.

Esta esperanza que nos recuerda el evangelio y también San Pablo, está centrada en Cristo, pero en un Cristo que actúa; por eso mira en tu corazón y pregúntate a ti mismo: "¿qué puedo hacer para cambiar mi vida?". Muchas veces, cuando la gente adora a unos dioses falsos y se encuentra con que una persona quiere ayudar a otra, le rechazan diciéndole: "¿quien eres tú para ayudarme?".

Cuántas veces vemos que ocurren estas discusiones en la familia, al intentar orientar a alguno de sus miembros. Y es que existe ahora un deseo de quitarle autoridad a todos los que la ejercen, deseo originado por grupos pequeños que pretenden ser dueños absolutos de la Verdad.

LA ESPERANZA NO DEBE ESTAR CENTRADA EN EL DINERO

Nuestra religión anuncia la salvación, la redención, el perdón; Cristo desde la cruz, en ese acto grandioso nos dice: "yo perdono". Desde esa dimensión, la religión católica nos otorga una luz sobre cualquier situación que pueda ocurrir, sin entrar en posiciones políticas.

Y es que cuando la esperanza en Cristo se ve reducida a una esperanza centrada en el dinero, en el poder de los medios de comunicación, la política, la violencia, o cuando la esperanza se convierte en un arma para maltratar a los demás, nos damos cuenta que Dios ya no está allí.

La Iglesia respeta muchísimo todas las instancias deportivas, culturales, políticas y económicas, pero siempre desea que se escuche la voz de Cristo, y se recuerde que toda esperanza pasa por su mensaje divino. La esperanza en Cristo, en la conversión, en la conciencia que nos oriente hacia el bien, hará que podamos enterrar rencores y mentiras.

No será posible sembrar un futuro para los jóvenes o abrir un camino para la gente más pobre, si la esperanza no contiene ese mensaje de conversión, que nos ayudará a superar nuestros defectos. Porque la esperanza significa que todos queremos ser felices en la tierra.

Nos dice el Papa Juan Pablo II: "satisfaced la sed de la felicidad que el corazón del hombre continúa sintiendo dentro de sí. Porque si no hay esa esperanza, se agudizarán los signos preocupantes que se manifiestan bajo las formas de la agresividad y de la violencia".

Por eso, debemos tener muy en claro que ningún ser humano puede vivir sin una expectativa de futuro, o sin saber que hay un futuro. Preguntémonos entonces: ¿no podemos dar un salto cualitativo hacia la verdad?; ¿no podemos -caminando ya hacia el aniversario de nuestra patria- enterrar este sistema en el que se desacredita, se insulta y se manipula?

Esa gran mayoría silenciosa de peruanos -que esperan que su pobreza y su situación familiar cambien- tienen todo el derecho a pedir a los que ejercemos algún tipo de autoridad, que alentemos y despertemos las conciencias a una voz de esperanza en nombre de Cristo, en la humildad de quien se sabe pecador, y con la sencillez de quien se sabe portador de un tesoro que es de Dios.

ORACIÓN POR LOS MILITARES PERUANOS, VICTIMAS DE LA VIOLENCIA TERRORISTA

Nuevamente el Papa nos recuerda: "La Iglesia tiene el deber de renovar con vigor el mensaje de esperanza que el Señor le ha designado. Su Invitación a la esperanza no se basa en una teoría utópica, sino que con la autoridad que le viene del Señor, la Iglesia repite: "no desfallezcan tus manos, no cedas al desaliento, y no te resignes a los modos de pensar y dividir que no tienen futuro, porque ellos no se basan en la sólida certeza de la palabra de Dios".

"No temas, el evangelio está a favor de ti. Cristo está a favor de ti en nuestras almas débiles y pecadoras, y está queriendo sembrar esa semilla de la unidad. Dejemos discordias, maltratos, dejemos violencias, unamos esfuerzos alrededor de esa verdad que es Cristo, alrededor de esa conciencia que nos dice "haz el bien y evita el mal", agrega el Santo Padre.

Al terminar esta homilía, quiero elevar mi oración, llena de dolor, por aquellos hermanos nuestros que siguen cayendo por culpa de la violencia terrorista; aquellos miembros de las fuerzas armadas y policiales, además de campesinos organizados en rondas, que procuran la paz de sus familias y sus tierras.

Nos unirnos a esas familias que hoy lloran la ausencia de un ser querido, e invocamos a vivir en la única igualdad posible hoy: todos somos peruanos y nos une la fe católica.

Vamos a orar con confianza, para pedirle a nuestra madre, la Virgen María: enterremos odios y rencores, busquemos la verdad pero con calidad, busquemos la justicia, pero con paz. Pongamos orden en nuestras vidas y veremos como ese orden se manifiesta luego en la vida pública.

QUE VUELVA A REINAR LA ESPERANZA

Que vuelva a reinar la esperanza, para que se mantenga ese deseo de trabajar unidos, reconociendo mis pecados, reconociendo mis limitaciones, y sin utilizar jamás el arma de la violencia y de la mentira.

Pidámosle a Dios con nuestra oración, pidámosle así a la Virgen María: Reina de la Paz, oremos para llegar hasta el próximo 28 de Julio en una mayor armonía, para lograr un mayor respeto entre todos los peruanos. Enterremos el arma de denigrar a quien quiere orientar a los demás, porque esa arma jamás levantará la dignidad del agresor.

Dejemos de lado esa agresión permanente en el país, y dejemos que las personas con autoridad, con la capacidad moral necesaria, desempeñen sus tareas, para que puedan hacer llamados de paz, de unidad y de concordia, sin ser objeto de ningún maltrato.

Seamos portadores de esos valores que nuestra patria hoy necesita: verdad, justicia y paz.

Así sea.

 
 

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