- Viernes, 15 de agosto de 2003 -

“EN ESTA FIESTA DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN, DEBEMOS QUERER MÁS A NUESTRA MADRE, PORQUE ELLA TIENE UNA LUZ MUY GRANDE PARA MI VIDA”


Queridos hermanos en Cristo Jesús:
Queridas enfermeras:

Quiero recordar ante todo que el servicio que ustedes cumplen es un apostolado grandioso. Por ello, le pido a Dios que bendiga a los doctores, las enfermeras, y a todos los que viven en este mundo de la salud; más aún cuando tenemos la alegría de celebrar hoy esta fiesta de la Asunción de la Virgen María.

ASISTIR ESPIRITUALMENTE AL ENFERMO NO ES SÓLO LABOR DE LAS RELIGIOSAS

Contemplando a nuestra madre, recordemos que no debemos dejarnos distraer con este mundo que pasa, o con aquello que hoy parece noticia; porque Dios permanece, María permanece, y ellos siempre te dirán -cuando tengas problemas familiares o alguna dificultad- “abre tu alma, míranos, y termina esa situación, arregla ese problema o ponle más ilusión al trabajo. Limpia tu alma y recibe la eucaristía”.

Todo esto que les digo, enfermeras, también hay que decírselo a los pacientes, ya que la asistencia espiritual no es una tarea sólo de las religiosas. Pónganse ustedes en el lugar del enfermo –muchas veces desanimado y con dolores- y piensen: ¿qué buscarían ustedes en la enfermera?, ¿acaso que les ponga sólo la temperatura?. Díganme entonces: ¿no agradecerían una palabrita de ánimo o una reflexión de ella?, porque yo creo que el enfermo mejoraría con ese gesto del corazón.

Por eso, en esta fiesta de la Asunción de la Virgen, debemos querer más a nuestra madre, porque ella tiene una luz muy grande para mi vida. Y como tiene el corazón limpio, se que me llevará al amor hermoso, para que el día de mañana pueda formar un hogar, o entregarle mi corazón a Dios en la vida religiosa.

Recuerda que María siempre está contigo, y que aunque sean muy grandes tus caídas y tus dificultades, nada debe quitarte la alegría. ¿Y cómo responde Dios a estos tiempos difíciles?, pues con muchos santos.

EL EJEMPLO DEL PADRE LUIS TEZZA

El padre Luis Tezza no fue un reformador de la Ley de Salud en el Perú, ni fue alguien que cambió la Ley de Educación, sólo fue un buen sacerdote que con muchas tribulaciones sembró la fe; y eso es algo tan bueno que el Señor lo escuchó siempre y le envió vocaciones. Por eso, él querría en este aniversario que el don de la santidad cayera sobre la vocación de todas las religiosas Camilas y de todas las enfermeras.

“Debemos portarnos como Dios quiere, de eso dependen cosas grandes”, así le escuché decir a San Josemaría una vez. Entonces, de que tu comportamiento y el mío sean como Dios quiere dependen hechos importantes, porque la suma de estos pequeños esfuerzos dan como resultado esta maravilla que es la Iglesia Católica

Porque el Señor nos envía semillas de santidad, y si cada uno cultiva la suya, entonces podrá surgir un maravilloso paisaje, alegre, gozoso, y sin tener que esperar un milagro.

No se olviden de la vocación de servicio, y recordad cuando María se puso en camino rápidamente para atender a su prima Isabel, que esperaba una criatura. La Virgen fue enfermera de su prima y la ayudó durante tres meses, haciendo lo mismo que hacen ustedes, personal médico, cuando una mujer va a dar a luz.

Pero María no pensó en ningún momento en que ella también estaba esperando un hijo, el hijo de Dios; porque primero pensó en su prima, dando ejemplo de servicio, y que siempre pensó en los demás.

QUE LA VIRGEN NOS BENDIGA HOY

De esta manera, acompañaremos a María que nos dice hoy: “proclama mi alma la grandeza del Señor, y se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador. Porque él ha mirado la humillación de su esclava, a la que desde ahora felicitarán todas las generaciones”.

Es en esta generación que estamos proclamando y felicitando a nuestra madre, porque a través de ella el Señor ha hecho grandes obras por mí. Vamos a agradecerle a Dios y a nuestra madre, y de manera especial a ustedes, Madres y Hermanas de San Camilo, que trabajan en esta Escuela de Enfermeras.

Y a las enfermeras, les pido que den muchas gracias a Dios, porque han escogido una profesión de sacrificio y entrega, que siempre deben ejercer en un clima de amor a Cristo y María.

Que Dios los bendiga con muchos frutos de santidad, y que les de paz, para que María -en este fiesta maravillosa- celebre junto a Dios, su hijo, San José y los ángeles. Hermanos, levantemos un poco la mirada hacia el cielo, para que las situaciones diarias no nos quiten la verdadera dimensión de Dios, y no hagamos de esta tierra un valle de lágrimas.

Levantemos la mirada al cielo, para mirar a nuestra madre y decirle: “qué buena eres, María, ayúdame y enséñame a querer a los demás”.


Así sea.

 
 

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