- Domingo, 16 de febrero de 2003 -

"SEÑOR, SI QUIERES LÍMPIANOS Y DANOS LA HUMILDAD PARA SABER PEDIRTE AYUDA"

Queridos hermanos en Cristo Jesús:

Hoy el Evangelio según San Marcos nos trae unas palabras enormemente optimistas para la vida, porque nos habla de un hombre afectado por la lepra, una enfermedad que en esa época hacía que los afectados fueran separados de la ciudad y tratados como gente impura.

Y dice el evangelio que se le acercó a Jesús un leproso, poniéndose de rodillas. Y le dijo: "si quieres, Jesús, puedes limpiarme". Qué oración más bonita dijo el leproso, para que tu y yo cuando queramos pedirle ayuda al Señor, le digamos: "si quieres, puedes limpiarme".

No le digas "si puedes", sino "si quieres, Jesús", porque hay una gran diferencia, al decirle "si quieres" se ve que eres humilde, que te pones en manos de Dios para que te cure y te quite ese pecado.

No es como aquel hombre soberbio que le dijo al Señor: "si puedes, ayúdame". Ese hombre está dudando del poder de Dios, por eso esta oración del leproso, "si quieres, Jesús", hace la gran diferencia entre una plegaria que es escuchada, y una oración que no es escuchada.

Ten confianza hermano, porque la oración en la que invocas a Dios no es para ordenarle lo que tu quieres, sino que es para ponerte en sus manos, diciéndole "si tu lo quieres, esto es conveniente para mi, pero si no lo quieres, aunque yo te lo pida, tal vez no es lo que me hace bien". Ese detalle de humildad, el decirle "si quieres Señor", es para aprender, ya que cada uno de nosotros, ante un problema personal no debemos reclamarle a Dios, sino que debemos hacer como este leproso que se puso en sus manos.

Ten absoluta seguridad que el Señor puede, pero puede lo que él quiere, y quiere lo que es bueno, lo que te conviene siempre. Deja que Dios en su sabiduría, en el amor que te tiene, en que te conoce más que nadie, decida; porque lo que él quiere es bueno para tu vida y te conviene.

Jesús, continúa contando la Biblia, sintió lástima al ver la fe, la humildad de ese leproso, y al ver cómo se abandonó en sus manos, sintió lástima. ¿No será ese el secreto, para que el Señor me mire con esa paciencia, con esa confianza, al ver que creemos en él, y nos abandonamos en sus manos?. Así como hizo ese leproso, que luego de pedirle al Señor quedó limpio, y su enfermedad desapareció.

Piensa que la oración es todopoderosa, y recuerda que el Señor nos enseñó como él hablaba con su Padre Dios; dime tú ahora ¿qué le estas diciendo al Señor?, dime si le estás pidiendo a Dios así: si tú quieres, mis hijas, mis padres, mi salud, mi trabajo, esta preocupación, todo lo pongo en tus manos.

Hay una oración muy bonita que te puede ser útil, para que cuando hables con Dios, la recuerdes. Dice San Francisco: "quiero que donde haya odio, ponga yo amor, donde haya ofensa ponga yo perdón, donde haya un error ponga yo la verdad, donde haya una duda ponga yo la fe, donde haya desesperación ponga yo esperanza, donde haya tristeza ponga yo alegría, que lleve el perdón cuando hay ofensa".

Señor, si tú quieres pondrás en mi corazón amor frente al odio, verdad frente al error, se que tú lo harás. Y agrega San Francisco: "Señor, yo no quiero empeñarme tanto en ser consolado, sino en consolar, no quiero tanto ser comprendido, sino quiero comprender, no quiero tanto ser amado sino quiero amar".

Recordemos que dando se recibe, que perdonando se es perdonado, y muriendo se resucita a la vida eterna. Humanamente no es posible lograr ello, sólo se puede actuar así con al ayuda de Dios, con la presencia de Dios en tu alma, convéncete, esto no es sicología ni es una actitud, viene de dentro del corazón porque Dios te ayuda.

Recuerdo a un amigo que me contaba: "cómo me duele que mis padres discutan delante de mi, no se qué hacer, preferiría que fueran pobres pero se amen, preferiría que no tuviéramos nada, pero verlos contentos". Y le sugerí: "pon amor en tu padre y en tu madre, pon paciencia en esa situación, sufre pero ofrécelo a Dios y trata de ayudar".

"Es lógico que no lo entiendas, pero hazlo", le dije. Y ese mismo amigo, a los tres días, me dijo: "ya todo está mejor en casa". Y le pregunté: "¿no será que Dios ha actuado por tu oración y por la mía, para que tus padres cambien?. Es decir, que cuando existía el problema estabas angustiado, deprimido, y cuando empezó Dios a actuar, el problema se solucionó".

Cuántas veces Dios está esperando la sinceridad, él te dice "pídeme con confianza que yo te daré", y eso es lo que le invocamos hoy.

"Señor, si quieres puedes limpiarme, tu sabes cuáles son mis pecados, mis limitaciones". Dios mirará en tu corazón, y dirá "me lo pide con confianza, por eso sí quiero ayudarlo". Y te pido que también le agradezcas así: "Señor, esto que me preocupaba y me ponía tan nervioso, mejoró gracias a ti".

Son estas cosas las que ocurren constantemente, y por eso, cada uno en su vida debe orar para ver a su familia contenta. Cuántas veces en la vida me ocurre lo mismo al tener un problema, y en vez de decir, "Señor, si quieres, ayúdame, porque tú sabes lo que me conviene", te olvidas de él.

Ora con fe y verás cómo la Virgen María siempre estará a tu lado diciéndote: "haz lo que Dios te dice, porque él sabe. Si quiere, es porque te conviene".

Yo le pido al Señor por todos ustedes: "Señor, si quieres, límpianos, danos la humildad, para saber pedirte de esa manera".

Así sea.

 
 

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