
- Viernes, 16 de mayo de 2003 -
|
“NO DEJEMOS QUE CORRIENTES FACILISTAS
Quiero expresar mi agradecimiento por esta señal de cercanía a la Iglesia que hace la Universidad San Martín de Porres, al celebrar su aniversario con una Santa Misa en la Catedral de Lima. Pienso que no solamente es un signo de bondad, sino que más aún, representa el pensamiento de una universidad que lleva el nombre de un santo maravilloso, y que tiene el honor de haber tenido en su fundación a la Orden Dominica, sabiendo que a través de los siglos destacará siempre el pensamiento –tal vez el más completo, desde el punto de vista de una síntesis filosófica y teológica- de Santo Tomás de Aquino. Todo esto me permite decirles que la Iglesia ve con mucho gozo que el pensamiento cristiano se desarrolle con confianza, sabiendo que la fe, la verdad y la razón si son sinceras y honestas, van por el mismo camino; porque esa dualidad, esa contradicción entre fe y razón propia del siglo diecinueve y de parte del siglo veinte, está ampliamente superada por la misma investigación científica. Esa dualidad del realismo - idealismo tantas veces propugnada por el pensamiento marxista, está ampliamente superada como fantasía especulativa que tuvo su momento cumbre en la década del 50 o 60; pero hoy, ni en la medicina, ni en la biología, ni en la física, ni en ninguna ciencia social a nivel mundial, se puede sostener una dicotomía entre la razón, la ciencia y la fe. Por eso, me permito recordar algunos pasajes escritos por el Santo Padre en este documento “Fe y Razón”, que es sumamente interesante porque contiene preguntas que deben estar en el centro de cualquier proceso de formación; algunas de estas preguntas son: ¿quién soy?, ¿de donde vengo?, ¿adonde voy?, ¿por qué existe el mal?, ó ¿qué hay después de esta vida?. Estas preguntas, que pueden parecer secundarias frente a la tecnología y la competitividad que dominan el ambiente, son sin embargo, las preguntas que angustian el corazón de los jóvenes y las que nos llevan a ese temor que reina en el mundo, porque no hay ninguna respuesta técnica o científica que pueda absolver esas interrogantes. Por lo tanto, el proceso de formación académica está muy unido a esa obligación maravillosa que tiene la Iglesia Católica de servir a la verdad, con la que no se cansará de decirnos que la respuesta a esa pregunta “¿quien soy como persona?”, solamente se encontrará en la medida que investiguemos quién es Cristo, Redentor del hombre. Lo dijo el Papa desde el primer día de su labor como Santo Padre: “la verdad del hombre sólo se entiende en la medida que se conozca la verdad de Cristo y se conozca quién es Cristo, perfecto Dios y perfecto hombre. Y esa verdad del hombre en su interioridad, en su exterioridad, en su capacidad de buscar y encontrar la verdad, en su capacidad de ser solidario, en su capacidad de buscar la verdad, en su capacidad de ser un hombre capaz de virtudes, en su antropología, ese verdadero contenido que tiene el hombre. no puede quedar reducido a lo puramente espiritual”. Por ello, la respuesta a esa pregunta “¿quién soy?” debe iluminar todas las asignaturas y todos los planteamientos que la universidad difunda. Si no fuera así, caeríamos en esos planteamientos reductivos que están en boga hoy en el pensamiento moderno; que se dan cuando solamente confiamos en el dato experimental, o cuando pensamos que sólo es verdad aquello que se vive, que se ve, que se pesa, aquello que la estadística -llámese encuesta o llámese estudio- me da como real. Entonces la capacidad de ir a algo que no sea tangible y pragmático, positivo o concreto, es pura especulación ilusoria; y ese pragmatismo que se apoya en el puro dato experimental –y que ya ni siquiera es ciencia, sino técnica- es uno de los grandes desafíos en el proceso de formación actual. Si la filosofía del derecho, si el derecho natural, si la razón de ser de la justicia se convierte en una cosa accesoria, estaremos apreciando el empobrecimiento de lo que es la ciencia del derecho, que siempre debe buscar un ordenamiento jurídico justo. Igual podríamos hablar del campo de la medicina, del campo de la arquitectura, o de la ingeniería; en cualquiera de ellos, si el dato técnico es el único que me interesa, y no hay una referencia a lo que trasciende, subsistirán las grandes interrogantes: ¿quién es el hombre?, ¿qué es la verdad?, ¿por qué es la justicia? ¿qué es el bien común?, ¿cuál es el orden natural?. Si no hay deseo de profundizar en este nivel las conclusiones pragmáticas, ellas presentarán un problema grave; serán efímeras, tendrán la duración de uno, de tres o de cinco años. Serán conclusiones transitorias, precarias, que no generan solidez, por lo tanto no tendrán vigencia; y nosotros queremos que los alumnos mantengan la vigencia de su capacidad profesional. El Santo Padre nos dice que parece haberse olvidado, de forma unilateral, que el hombre está orientado hacia la verdad, y que si no hay esta referencia quedamos a merced del arbitrio; porque simplemente la condición de persona comienza a ser valorada por criterios pragmáticos, basada únicamente en el dato experimental, en el convencimiento erróneo que todo debe ser dominado por la técnica. En ese caso, concluiríamos en que la razón, en lugar de expresar mejor la búsqueda de la verdad, se doblega sobre sí misma y ya no mira la verdad del ser. Por eso encontramos que ese relativismo en el campo moral, ese agnosticismo o indiferencia en el campo religioso, empieza a crear una situación inestable, porque crea incredulidad en la base misma de la sociedad; basta ver lo que está pasando para entender lo que dice el Santo Padre. Finalmente, les diría que la exigencia en lo que debe ser esa búsqueda de la verdad, tiene a un enemigo muy poderoso, cuando la mirada del mundo se dirige al éxito inmediato en lugar del esfuerzo de la investigación paciente. Cuando el dios “éxito”, cuando el dios “resultados”, cuando la llamada competitividad mantiene a raya el sosiego, la serenidad, la paz que requiere el proceso del estudio, de la investigación, de la vida universitaria; y cuando el campo de lo político inmediatista invade el campo de la enseñanza, de la educación, nos encontramos con un enemigo que hace muy difícil profundizar en la formación de toda la comunidad universitaria. Jesucristo es el camino, la verdad y la vida, la Iglesia les ofrece en este documento y en esta Santa Misa, esta breve reflexión, por ello tengamos más respeto, más amor a la verdad, a la búsqueda de la verdad. No dejemos que corrientes facilistas descalifiquen la oferte que hace la Iglesia para ser honestos en la búsqueda de la verdad, como si ello fuese un atropello a la libertad de cátedra, lo que es una falsedad total. No hay nadie que goce más que Juan Pablo II en el intercambio interdisciplinal, en la confrontación académica y seria, con fundamentos de principios, para que lleguemos al esplendor de la verdad, para que tengamos la posibilidad de ayudar cuando hay crisis de valores. Por ello, no dejemos que se descalifique de una manera fácil este camino sencillo, claro, humilde de la Iglesia, pretendiendo convertirla en una interferencia en la libertad de cátedra e investigación. Señor Rector, le pido a Dios que ilumine, que fortalezca y llene de esperanza y optimismo a todas la familia sanmartiniana. Y quiero rendir homenaje a la Orden Dominica, que con una preclara intención fundó la Universidad San Martín de Porres, teniendo en esa primera época una vida difícil, ardua, que hoy contemplamos transformada en una comunidad universitaria, madura, serena, seria. Que la Virgen María, nuestra madre, asiento de la sabiduría, bendiga a sus familias, bendiga sus trabajos, establezca relaciones cordiales y amables entre ustedes, y también con otras universidades. Para que fieles a ese principio de buscar la verdad, los acompañe en el crecimiento y el reconocimiento de la comunidad, no sólo universitaria, sino nacional. Así sea. |
| [Reseña histórica de
la arquidiócesis] |