- Miércoles, 16 de julio de 2003 -

"SI OYES LA VOZ DE LA VIRGEN MARIA, NO CIERRES TU CORAZON”

Queridos hermanos en Cristo Jesús:

Hoy estamos festejando todos a nuestra madre, la Virgen María. Por eso, hemos venido exclusivamente a saludarla, unos desde lejos, otros desde más cerca, con el deseo de estar con ella. Y cuando uno viene a venerar a la madre de Dios, nos damos cuenta que lo que ella nos dice: "vayan al Monte Carmelo", significa, al ver la tradición, que debemos llegar hasta el mismo Cristo.

Por eso, cada uno le expresa a la Virgen María, bajo esta advocación de Nuestra Señora del Carmen, lo que tiene en su corazón. Hay momentos en que uno viene a darle gracias, porque este año fue bueno, por el bienestar de tus hijos o por tu alma, y hay momentos en que uno viene a pedirle perdón, por tu conducta, por tus problemas, por tu soledad, y por tantas cosas que pasan en la vida.

VIRGEN DEL CARMEN, MADRE DE DIOS

Todo esto que rememoramos ahora, frente a la Virgen del Carmen, la Iglesia lo ha recordado durante siglos para quienes tenemos fe en María, para quienes creemos que es la madre de Dios que está con nosotros, y sabemos que es la abogada nuestra, la auxiliadora nuestra. Por eso, nuestra presencia en la fiesta de la Virgen del Carmen debe llevarnos a que todos los días, al levantarnos o al acostarnos, busquemos un momento para saludarla.

Este es el momento de decirle: Madre mía, llévame a tu hijo. Por ello, preguntémonos hermanos: ¿qué sería de nosotros, de nuestros hijos, de nuestras vidas, si de verdad creyéramos, esperásemos y amásemos a María?; pues nuestra vida serían diferentes y nuestras familias serían mejores.

Cada año durante esta fiesta, todo el Perú recuerda este rincón, esta imagen, este Monasterio, porque de aquí surge la devoción a la Virgen del Carmen, que es la más conocida en todo el Perú. La Virgen del Carmen es la que más se venera en todo el país, por eso hay miles de fieles que en todos los rincones están contemplando su rostro y le están abriendo su corazón, lleno de gozo, de dolor, de agradecimiento.

En este año, que ha sido declarado por el Santo Padre como el Año del Rosario, yo te pregunto: ¿cómo va tu devoción?, porque tal vez puedas rezar un Ave María diariamente por ella, fijándote que las mejores palabras para halagar a la Virgen vienen del cielo: "Dios te salve María..."

EL AVE MARIA, ORACIÓN DE FE

Esas palabras que vienen del cielo son palabras de Dios:

"Llena eres de gracia" quiere decir que la Virgen tiene todas las perfecciones, tiene una santa unión con su hijo, y está con él permanentemente. Son palabras que brotan del corazón.

"Bendito es el fruto de tu vientre Jesús", es toda una primera parte de saludo, por eso debes rezar un Ave María todos los días, con calma, con paz.

"Santa María, madre de Dios", quiere decir que ella es madre nuestra, de mi familia y de mis hijos;

"Ruega por nosotros, los pecadores", en esta parte nos vemos reflejados, porque María sabe de mis pecados, de mi arrepentimiento. Y luego de esta frase viene la gran promesa de la Virgen del Carmen:

"Ahora y en la hora de nuestra muerte". Esa es la gran promesa de nuestra madre, si es que confiamos en ella siempre.

Puedes escoger cómo expresar tu devoción a la Virgen, pero yo te recomendaría rezar un Ave María todos los días de tu vida, en la seguridad que podría cambiarla de verdad. Por ello, enséñale esa oración a tus hijos, muéstrasela a tu familia, y recuerda que el Papa nos llama a rezar el Santo Rosario.

REZAR EL SANTO ROSARIO

A aquellos que dicen que el Santo Rosario les parece monótono, debemos preguntarles: a tu hijo, a tu esposo, o a tu madre ¿acaso no le dices casi siempre las mismas palabras: "hola", "cómo estás", o "me alegra verte"?; ¿acaso les haces un discurso nuevo cada día? Pues con María sucede igual, le decimos las mismas cosas bellas repitiéndolas, hasta que podamos decir con fe: "estoy hablando con ella, de veras siento lo que digo".

Por eso, en este día de fiesta y de gozo, cuando miles de fieles vienen a visitar a la Virgen para decirle "te quiero", "ayúdame", o "protégeme", sentimos que ella nos dice: "todos los días, soy tu madre, todos los días puedes buscarme y mirarme. Hoy es mi fiesta pero todos los días te espero".

Vamos a pedirle a nuestra madre, la Virgen del Carmen, que bendiga a todos los peruanos y a todos los hogares en este mes de Julio, poniendo especial atención en los niños, los enfermos y los ancianos: Consuélalos madre mía, porque muchas veces el dolor más grande es cuando uno se siente solo, o siente que nadie se preocupa de su vida.

Ella siempre se encargará de decirle cosas buenas a Jesús de parte tuya. Por eso, puedes sentir que al llegar hasta aquí, ya la Virgen María te está diciendo al corazón: "aunque tú no me veas bien, yo te veo perfectamente, y se que me necesitas, se qué es lo que te hace falta, se lo que quieres, y por eso me meto en tu alma y te hablo". Ella hace ese milagro y le habla a cada uno de lo que necesita.

NO CIERRES TU CORAZON A LA VIRGEN MARIA

Por eso, si oyes la voz de María, no cierres tu corazón. Si ella te pide confesarte, acercarte más a Cristo u olvidar ese problema, debes saber que todo lo que ella te pida, viene de Dios.

Hoy es un día para hacer regalos, por eso te sugiero le regales a la Virgen un Ave María diario hasta el último día de tu vida, acordándote de ella. Ese debe ser tu regalo por su fiesta, para que María vea qué es lo que necesitas, antes que te lleve a ese monte Carmelo que -nos dice la tradición- es el mismo Cristo.

Esta es una de las maneras en que las sectas dejarán de engañar a la gente sencilla, porque si enseñamos a la gente sencilla a amar a María, no hay secta que pueda afectarlos. Por eso, en lugar de pelearnos, tratemos de hablarle a nuestros hijos, amigos y familiares, divulguemos esas estampas de María y acordémonos de venerarla como hijos buenos a su madre.

Ella vive, nos ayuda, nos acompaña. El que no quiera tener a María por madre es un hijo confundido, porque nosotros, en la fe católica, siempre tendremos esa claridad y alegría para venerarla: María madre de Dios, madre de la Iglesia, madre de cada uno de nosotros, más que tu, sólo Dios.

Así sea.

 
 

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