- Domingo, 17 de agosto de 2003 -

“MARÍA ES LA QUE NOS PERMITE SEGUIR EL CAMINO QUE DIOS QUIERE PARA NUESTRAS VIDAS”


Queridos hermanos en Cristo:

Hoy estamos celebrando la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María, en cuerpo y alma, a los cielos. Es un misterio de amor, porque su hijo Jesús -que amaba mucho a su madre- hizo que María, que no tenía pecados, evitara la corrupción física en la que todos caeremos al morir.

Por eso, este dogma nos enseña que María, nuestra madre, está junto a Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo con su cuerpo y con su alma, porque ella, que nació sin pecado y fue una criatura como nosotros, es la que nos permite seguir el camino que Dios quiere para nuestras vidas.

MARÍA NOS ENSEÑA LO BUENO DE LA VIDA

A veces nos podemos preguntar: ¿todo lo que me gusta es bueno?, y sabemos que no es así; nos preguntamos ¿todo lo que puedo hacer es bueno?, y sabemos que tampoco es así. Porque hay cosas que me gustan y que puedo hacer, que ofenden a Dios.

Entonces María -esa mujer que nos entregó Jesús cuando nos dijo en la cruz: “allí tienen a su madre”- es la que nos enseña todo lo bueno de la vida, y es la que nos muestra no todo lo que puedo hacer, sino todo lo que debo hacer, porque ella es maestra de ese amor hermoso.

A veces daría la impresión que mi vida, mi trabajo y mi familia constituyen una realidad, mientras que Dios y su palabra constituyen otra realidad aparte, sin que se unan en ningún momento. Pero eso no es cristiano, porque Dios quiere que nuestras obras, nuestras alegrías, nuestras familias, nuestro dolor y nuestra realidad, sean como las escaleras que nos permitan subir al cielo o bajar al infierno.

Lo que no hay es una vida separada de Dios, y no hay un Dios que te obligue a hacer el bien. Por eso, nuestra madre con humildad y cariño te invita a seguir en el camino de la vida con esfuerzo, con oración, y con ganas para recuperarte de la tribulación o la tristeza.

El mundo de hoy está queriendo rebelarse, con su orgullo y con su soberbia, para decirnos cosas como “cada uno tiene su opinión” o “cada uno puede hacer lo que quiera con su vida”, pero ante eso debemos recordar que siempre hay que decir la verdad y advertir las consecuencias. Porque una persona puede dejar de comer, por ejemplo, pero con ello puede debilitarse o morir, olvidando que existe un Dios que ha dispuesto las cosas como creador y que siempre nos puede curar de la enfermedad del pecado.

MARÍA NOS TRAE LA ESPERANZA

En esta fiesta, María nos propone una realidad de esperanza llena de gozo, porque la alegría es un bien cristiano, según nos recuerda San Josemaría. “La alegría sólo se juzga cuando hay una ofensa a Dios, porque cuando haces lo que te da la gana y está mal, caes en un pecado de egoísmo, ya que has pretendido imponer tu capricho y tu debilidad”, dijo. Entonces, esa efímera alegría se apagará en tu alma.

Por eso hablamos de María como fuente de la alegría, y hablamos del demonio como causa de la tristeza. Recuerda que el amor de Dios entró en tu corazón a través de la cruz, y que él siempre te dará esa alternativa para tu vida: si quieres llenar tu alma de fe o no lo quieres.

La esperanza de nuestra madre es la que nos da la alegría, porque podemos decir que no sabemos cómo será el mañana o el futuro, pero debemos estas seguros que María siempre será la misma, y mi vida estará junto a ella.

No vayamos por el mundo haciendo cada uno lo que le da gana, para luego sorprendernos y preguntarnos: “¿por qué estoy triste?, ¿por qué me peleo?, o ¿por qué estoy desanimado?”, ya que debemos saber que sólo si nos portamos correctamente, iremos junto a Cristo y María.

UNAMOS CIELO Y TIERRA

Oremos así: “Madre mía, que no me de miedo la alegría, aunque para obtenerla a veces las cosas me cuesten mucho. Y es que muchas veces nos cuesta derrotar al carácter, a la pereza y a la sensualidad, por eso ayúdanos madre mía”.

Vamos a unir la tierra y el cielo, porque María fue esa mujer, esa criatura humana, sin pecado, que vivió su vida intensamente y ahora está en los cielos en cuerpo y alma, para que tú y yo nos demos cuenta que el único camino para salvarnos es la vida de fe.

Esas son las verdades de la fe que hoy nuestra madre nos recuerda, como fuente de todo gozo y toda esperanza. Por eso, vamos a pedirle a ella: “Madre mía, lléname de ese gozo, de esa sinceridad, de esa humildad, y ayúdame a ser un hombre que nunca tenga dos vidas, y que nunca se deje derrotar por el pesimismo”

María es la causa de nuestra alegría, así la queremos ver siempre, porque ella es la que nos trae el optimismo y el gozo en nuestra propia realidad.

Así sea.

 
 

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